Faltan dos meses para el referéndum
anunciado por el gobierno catalán. Más allá de la defensa o rechazo al mismo -la
primera vista como derecho básico de expresión en democracia y el segundo como
derecho básico pero fuera del marco de referencia esencial, que es la ley en
todo Estado de Derecho- no dejo de preguntarme si era necesario, tal como
predican (y aquí utilizar el verbo predicar no es casual).
Necesario
es comer o respirar, es decir, aquello que debe ocurrir sin excusa y de manera
irrenunciable. Incluso la persona más independentista entenderá que puede
seguir viviendo sin que se lleve a cabo su independencia tan ansiada
(seguramente insatisfecho, pero vivo sin duda). Y por supuesto entender algo tan
básico no le restará ni un ápice de fuerza, ahínco y dedicación a su propósito; pero quizás, -y digo quizás con toda la intención-, sí que le sirva (como a
todos) para situarse en un nivel que le permita visualizar todo con una mayor perspectiva.
Si de algo adolecemos es de falta de perspectiva, sin duda.
Si
no somos tan exigentes, pasamos de la necesidad a la conveniencia. El
referéndum no es necesario, aunque si conveniente para muchos catalanes. Puede
parecer pueril o ingenuo este matiz, pero nos sitúa en un punto de partida
radicalmente diferente. Tenemos necesidad de respirar, no es conveniente, no se
negocia. Lo conveniente, sí.
Se
ha confundido lo conveniente con lo necesario y el escenario resultante resulta
poco menos que grotesco. Yo mismo puede ser que sea más independentista que el
señor Mas (o no), pero lo cierto es que escuchar a Turuls, Junqueras o
Puigdemonts me deja perplejo.
Quizás
incluso alguien pudiese llegar a argumentar que es necesario para... lograr
toda una serie de beneficios para el pueblo catalán. Pero incluso entonces
sería más interesante decir que es conveniente para... Este
"conveniente" nos sitúa a todos en un escenario más democrático y natural, ya
que está tan de moda alardear de democracia, de la que todos hablan -aunque
parece que no se refieran a la misma cosa, curioso-. Pero volviendo
a lo conveniente, nos vacuna ya de entrada contra dogmatismos que conducen a
callejones sin salida (como el actual) y nos predispone a levantar la mirada y
ver más allá de las inmediateces (más bien quería decir estupideces) que nos
terminan por cegar al confundir lo conveniente con lo necesario.
Lo diré más claro: lo conveniente
admite un espacio para lo otro, lo necesario ni lo contempla.
Algún
sabio mucho más sabio que el más sabio de los que hablan y hablan y hablan del
procés catalán, ya nos advirtió que era perder el tiempo intentar convencer a
alguien de algo de lo que nunca querría ser convencido con argumentos. Es
decir, si la razón no cuenta, me sitúo en la sinrazón y salvado.
Este
debate, absolutamente legítimo, se ha situado en la sinrazón más absoluta y a mí,
personalmente, en este escenario deja de interesarme. Pero no puedo darle al
botón y cambiar de canal. Por desgracia es un tema de una envergadura tal que
no me permite mantenerme al margen. Pero aunque sea de esta forma tan humilde,
un blog de cuatro y el despistado, señores encargados de gobernarnos...peor,
imposible. Al resto, bueno esa es otra historia.
