domingo, 30 de julio de 2017

El procés catalán: necesario o conveniente?

Faltan dos meses para el referéndum anunciado por el gobierno catalán. Más allá de la defensa o rechazo al mismo -la primera vista como derecho básico de expresión en democracia y el segundo como derecho básico pero fuera del marco de referencia esencial, que es la ley en todo Estado de Derecho- no dejo de preguntarme si era necesario, tal como predican (y aquí utilizar el verbo predicar no es casual).

Necesario es comer o respirar, es decir, aquello que debe ocurrir sin excusa y de manera irrenunciable. Incluso la persona más independentista entenderá que puede seguir viviendo sin que se lleve a cabo su independencia tan ansiada (seguramente insatisfecho, pero vivo sin duda). Y por supuesto entender algo tan básico no le restará ni un ápice de fuerza, ahínco y dedicación a su propósito; pero quizás, -y digo quizás con toda la intención-, sí que le sirva (como a todos) para situarse en un nivel que le permita visualizar todo con una mayor perspectiva. Si de algo adolecemos es de falta de perspectiva, sin duda.

Si no somos tan exigentes, pasamos de la necesidad a la conveniencia. El referéndum no es necesario, aunque si conveniente para muchos catalanes. Puede parecer pueril o ingenuo este matiz, pero nos sitúa en un punto de partida radicalmente diferente. Tenemos necesidad de respirar, no es conveniente, no se negocia. Lo conveniente, sí.

Se ha confundido lo conveniente con lo necesario y el escenario resultante resulta poco menos que grotesco. Yo mismo puede ser que sea más independentista que el señor Mas (o no), pero lo cierto es que escuchar a Turuls, Junqueras o Puigdemonts me deja perplejo. 

Quizás incluso alguien pudiese llegar a argumentar que es necesario para... lograr toda una serie de beneficios para el pueblo catalán. Pero incluso entonces sería más interesante decir que es conveniente para... Este "conveniente" nos sitúa a todos en un escenario más democrático y natural, ya que está tan de moda alardear de democracia, de la que todos hablan -aunque parece que no se refieran a la misma cosa, curioso-. Pero volviendo a lo conveniente, nos vacuna ya de entrada contra dogmatismos que conducen a callejones sin salida (como el actual) y nos predispone a levantar la mirada y ver más allá de las inmediateces (más bien quería decir estupideces) que nos terminan por cegar al confundir lo conveniente con lo necesario.

Lo diré más claro: lo conveniente admite un espacio para lo otro, lo necesario ni lo contempla.

Algún sabio mucho más sabio que el más sabio de los que hablan y hablan y hablan del procés catalán, ya nos advirtió que era perder el tiempo intentar convencer a alguien de algo de lo que nunca querría ser convencido con argumentos. Es decir, si la razón no cuenta, me sitúo en la sinrazón y salvado. 

Este debate, absolutamente legítimo, se ha situado en la sinrazón más absoluta y a mí, personalmente, en este escenario deja de interesarme. Pero no puedo darle al botón y cambiar de canal. Por desgracia es un tema de una envergadura tal que no me permite mantenerme al margen. Pero aunque sea de esta forma tan humilde, un blog de cuatro y el despistado, señores encargados de gobernarnos...peor, imposible. Al resto, bueno esa es otra historia.





sábado, 8 de julio de 2017

L'escola pública i la seva política de contractació


Como cada año por estas fechas las maestras y los maestros de la escuela pública catalana (y supongo que igualmente de otras latitudes), que no son funcionarios de oposición, esperan impacientes que se les notifique su nuevo destino y la duración del mismo, llegado el caso.

Hasta aquí puede parecer normal, pero el problema aparece cuando este reparto de plazas no resulta del agrado de todos los implicados e implicadas. 

Cada una de las personas que forman parte de la bolsa de trabajo, tiene un número de referencia y preferencia que mide básicamente el tiempo trabajado para el Departament. Es decir, cuantos más días de prestación más posibilidades tienes de seguir trabajando. Esta famosa numeración va bajando paulatinamente. Empiezas con un número alto al inscribirte y este va menguando a la par que trabajas.

Mirado fríamente, este sistema favorece poco los posibles méritos de cada aspirante. Y esto está directamente relacionado con cierto menosprecio a una labor tan importante y decisiva como es la educación en nuestras escuelas. Quizás los valores y merecimientos a la hora de contratar a un futuro docente deberían ser tenidos más en consideración.

Pero claro, esto choca frontalmente con los "supuestos" derechos adquiridos de unos trabajadores que llevan años y años trabajando para el Departament, demostrando en muchísimas ocasiones, incluso, su valía muy por encima de muchos de sus compañeros funcionarios.

Ante este berenjenal, el Departament parece poner sobre la mesa ciertos criterios subjetivos para favorecer la contratación de determinadas personas más allá de la numeración referida al tiempo trabajado. Se intenta así buscar la valía de cada trabajador, de cada docente, por encima de haber prestado sus servicios sin más.

Pero claro, el problema está servido antes de empezar. La responsabilidad de "decidir" quien se queda y quien no recae en el equipo directivo, y más acusadamente en la figura del Director/a.

Y yo ahora me atrevo a decir que muchísimos Directores y Directoras de nuestros centros educativos (y digo nuestros con toda la intención, no olvidemos que son públicos), no tienen la capacidad necesaria para medir sus propias preferencias. Son rehenes, en muchas ocasiones, del choque "valía-tiempo trabajado" mencionado más arriba. Otras, no tienen la preparación ni las herramientas para decidir de manera efectiva. Otras, ni tan solo la capacidad.  

Y todo esto, esta política de contratación poco efectiva y provocadora de mil y una quejas (justificadas o no), lo único que favorece, en última instancia, es una escuela mediocre como la que tenemos hoy.

Ante esta situación, quizás se debería potenciar al equipo directivo de nuestros centros, en todos los aspectos, con el fin primordial e inexcusable de mejorar la enseñanza en nuestras escuelas.

No todo docente está preparado ni reúne las condiciones oportunas para ser director de un centro educativo. Mientras no se aborde este tema en profundidad, seguiremos teniendo muchísimas escuelas a la deriva. Un equipo directivo, además de ocuparse de administrar el centro, debe ser capaz de abanderar una propuesta educativa de calidad, y por supuesto, de disponer de las herramientas para ello y asumiendo, sin lugar a dudas, la responsabilidad que ello conlleva.

Y volviendo al tema concreto que encabeza estas letras, la dirección debe poder disponer de los trabajadores que considere oportunos. Es decir: en lo referente a los funcionarios, disponer de mecanismos que no permitan el blindaje de estos; y en lo que se refiere al personal contratado, poder igualmente decidir, pero siempre bajo la responsabilidad que ello conlleve. Y estas dos simples acciones requieren un equipo directivo preparado y capaz. Hoy día, lamentablemente, la mayoría de los equipos directivos son meros administradores y demasiados, incapaces.

Para acabar, me gustaría añadir que el sistema actual de oposiciónes para llegar a ser funcionario me parece, cuanto menos, perverso para las personas que llevan años demostrando su validez, capacidad y entrega. Hay muchísimo personal docente que demostró hace muchísimo tiempo que está muy por encima de una oposición, que, dicho sea de paso, mide poco y mal. Pero claro, para solucionar esto necesitamos politicos capaces y valientes...