Son muchas las cualidades y actitudes que se le presuponen a un
buen Gerente de empresa y más páginas si cabe que las apuntan, remarcan y
subrayan una y mil veces. Todas buenas y valiosas cada una en su justa medida,
faltaría más.
Pero no me interesa aquí recordar por
enésima vez ni una sola de estas formas de hacer, por decirlo de alguna manera,
que dibujan ese perfil maravilloso de hombre actual y competente. Me voy a
centrar hoy en el espacio que considero más importante para que éste, nuestro
Gerente, desarrolle todo su arsenal de conocimientos y buenas maneras
empresariales que, supongo que por descuido mío o del resto, no se menciona
mucho a la hora de hablar de estos superhombres.
Normalmente nos gusta sentirnos cómodos,
es decir, nos gusta entender y compartir el espacio en el que nos desarrollamos
a todos los niveles. El entendido en ajedrez, se sentirá mucho más cómodo que
el que no lo sea en un certamen ajedrecístico, al igual que el amante del
motociclismo en una buena carrera que el forofo de un equipo de fútbol. Sin
darnos cuenta de ello, nos agrupamos según preferencias que nos identifican y rehuimos
los espacios en los que nos sentimos fuera de lugar, es decir, incomodos. De
alguna manera son los paradigmas, entendidos estos como zonas de confort, los
que nos sitúan y determinan, a modo de pieles de una cebolla, a cada uno de
nosotros desde lo más cercano a lo más lejano. Vamos, que nos gusta controlar
la situación y por ello buscamos esos espacios en los que nos sentimos más
seguros.
Imaginemos la primera vez que llegamos a
nuestro puesto de trabajo y no conocemos a nadie, y menos aún nuestra labor
concreta. Alguien se presta (o no) a enseñarnos a situarnos en el nuevo
paradigma y al cabo de poco tiempo, si todo va bien, nos sentiremos como en
casa. De hecho, en algunas ocasiones he sentido como algún trabajador, incluso
no estando muy contento con su sueldo u otros menesteres de su empresa, llegado
el caso la ha defendido como si de su segunda casa se tratase. De hecho así lo
es: es su paradigma laboral, que quiere conocer lo mejor posible para sentirse
cómodo, tranquilo, en una palabra, confortable.
Pues bien, dentro de lo que podríamos
llamar paradigma de una empresa, es decir, su modo habitual de proceder en el
buen desarrollo de las acciones que lleve a cabo, por supuesto aparece la
figura del Gerente, vamos, del que manda. Luego habrá mucho otros que también
manden; Jefes, Adjuntos y que se yo, pero por encima de todos, el Gerente. Y
desde mi más humilde opinión es a éste, al Gerente, al que le toca bailar con
la más fea en los momentos decisivos de la Empresa. Veamos. Cuando todo va
bien, el paradigma que una determinada empresa tiene como modo de
funcionamiento habitual funciona, todos contentos. La Empresa produce, gana
dinero, paga salarios y todos están alegres y felices y comen perdices, en su
segunda casa. Hasta aquí todo perfecto.
¿Y que son, entonces, los momentos
decisivos de la Empresa? Pues como dice la palabra los momentos en los que hay
que tomar decisiones. Y tomar decisiones aquí no me refiero a cerrar la
empresa, o a bajar los sueldos, o a echar gente a la calle...esto ya es tomar
salidas cuando no se han hecho los deberes.
Cuando digo tomar decisiones y bailar con
la más fea como atribuciones del buen Gerente, me refiero a saber desenvolverse
cuando no hay paradigma, zona de confort o espacio perfectamente conocido.
Cuando un paradigma empieza a fallar, mucho antes, pero mucho antes que la
crisis se establezca y todo sea muy difícil; despidos, bajada de salario,
cierre de la Empresa...el Señor Gerente debe anticiparse y saber bailar con la
más fea, debe saber desenvolverse en los periodos de crisis antes de que estos
se establezcan para, cuando llegado el momento, que llegará siempre, tenga bajo
la manga un nuevo paradigma que haga fácil y sencillo el nuevo acomodo de toda
su población, de toda la gente de su Empresa.
Como decía al principio, es este espacio,
tierra de nadie, donde el Gerente debe saber desplegar todo su arsenal antes de
que le toque a toda la población hacer un esfuerzo que no les corresponde. Los
periodos de crisis, o mejor dicho, anticipándose a estos es donde el Señor
Gerente debe plasmar todo su buen quehacer por el bien de todos.
Este es para mí el atributo, por decirlo
de alguna manera, que todo Gerente debería tener para ser un Señor Gerente: saber bailar con la más fea, la crisis,
antes de que esta se establezca, plasmando así un renovado paradigma antes de
que el viejo hunda la empresa: atributo sustancial de todo Señor Gerente en el
cual deberá desplegar todo su arsenal y saber.
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