Y por Dios, la virgen o la Santa Inquisición, más cerca hoy que nunca de todos nostros, que alguien modere a un señor Albiol y tantos otros que se convierten en el estandarte de la decadencia política más profunda que nos rodea.
Si la autoridad se reconoce y se respeta, desde Madrid se gana el gobierno el desprecio con medidas de poder que sólo sirven para fortificar el doliente independentismo catalán.
No existe mayor mal y desprecio hacía un Estado que parte del mismo no desee formar parte de él. Es como el padre que ve como parte de su familia desea estar cuanto más lejos, mejor. No me siento independentista, o lo siento en la medida que otros de otras parte de España se sientan avergonzados de sus vergonzantes mandatarios. Con medidas como estas, -y repito no por ellas en sí mismas sino por las formas que rezuman-, es por lo que incluso un extremeño podría terminar deseando la independencia. Que triste señorías...indignas.

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