El interés en las redes por temas
relacionados con las infidelidades o, mejor dicho, en cómo detectarlas, está al
orden del día.
No voy a cansar aquí a nadie con porcentajes ni datos
parecidos, aunque aviso que son bastantes significativos. Me voy a centrar en
una idea que me parece bastante interesante al respecto.
La infidelidad de manera mayoritaria es poco tolerada.
Digamos que es una de las causas más comunes que terminan de romper parejas que
ya de por si, en la mayoría de los casos, estaban seriamente deterioradas. Pero
no siempre es así. También hay casos en los que parejas muy estables pagan muy
caro el desliz de uno de sus miembros.
Pero centrémonos en el tema que quería tratar hoy
aquí: los prolegómenos de la posible infidelidad. Son los mejor tolerados coqueteos
o flirteos que, si somos sinceros, todos estamos cansados de ver,
provocar o recibir.
Parece que está claro que si te tiran los tejos, más o
menos disimuladamente, hay una intención clara detrás. En muchísimas ocasiones
se enmascara bajo un tono jocoso o de simple broma. Pero no nos engañemos: esta
es simplemente la mejor manera de ir tanteando el terreno de cara a ver la
reacción de la otra persona…a ver qué pasa…
Y además, no podemos obviar que a todos nos gusta
sentirnos objeto de deseo, sentirnos el foco de atención de esa persona que
sabemos que siempre va a estar pendiente de nosotros. Casi nadie quiere ser uno
más…
Entonces, la pregunta directa es obvia: ¿es posible el
coqueteo si ambas personas no son receptivas y participativas? Y la respuesta
es NO. Te podrán tirar los tejos con mayor o menor insistencia, o
coquetear contigo más o menos, pero si tú dejas claro que no estás por la
labor, la cosa se acaba. Si no es así, ya entramos en el terreno del acoso, y
esa es ya otra historia muy distinta y muy grave, pero que deja muy clara la respuesta
a la pregunta de más arriba. El “yo no quería pero (él o ella) no paraba”,
lo siento, pero no vale.
Y no estoy diciendo que no se pueda coquetear. Incluso
muchos de los que saben de esto dicen abiertamente que el coqueteo
extramatrimonial incluso estimula y ayuda a parejas que puedan haber caído en
cierta desidia conyugal.
Pero más allá de argumentaciones de expertos
consagrados, me parece que la cosa es bastante simple.
¿A ti te gustaría que tu pareja coqueteara con otra
persona de manera continuada? La respuesta solo la tienes tú.
También hay otra manera de medir hasta qué punto piensas
que la cuestión tiene más o menos importancia. Desde el momento que escondes a
tu pareja cualquier cosa relacionada con esa persona con la que simplemente mantienes
un inofensivo coqueteo, deberías empezar a pensar que el camino que estás
recorriendo quizás no es el más adecuado…o sí, si realmente lo que deseas es
cambiar de pareja…
Si por el contrario, eres la persona que empieza a sospechar que las
cosas no van todo lo bien que te gustaría y empiezas a ver fantasmas, lo mejor que
puedes hacer es hablar directa y sosegadamente con tu pareja. No esperes a
tener que señalarla y culparla; esta es la mejor manera de llegar tarde y
favorecer que las relaciones se rompan.
Y los fantasmas al respecto son fácilmente
detectables, sobre todo si la relación goza de una buena salud en lo que a
comunicación se refiere. De pronto esconde el móvil, ves como sonríe
continuamente mientras usa las redes y deja de hacerlo cuando te percatas, se
arregla más de lo usual cuando antes no lo hacía, evita hablar de esa
persona en concreto, cambia hábitos de manera poco comprensible…en fin, son mil
y una señales que si con tu pareja gozabas de buena comunicación, difícilmente podrán
pasar desapercibidas.
Como veis y como siempre, todo pasa por la comunicación.
La falta de comunicación en la pareja o una presencia deficiente de la misma, siempre
es el mejor termómetro para medir la salud de una relación.
En resumen, el coqueteo
circunstancial o casual es perfectamente comprensible y nos llena de un extra
de energía que a todos nos viene bien, sin duda. Pero si éste se alarga en el tiempo
y lo mantienen ambas partes, da igual quien lo comenzase, la cuestión adquiere
ya un matiz que nada tiene que ver con algo accidental y fortuito. Sin duda es
la antesala perfecta de las abundantes infidelidades…