Una vez más aprovecho para decir que no invertir lo necesario y un extra en
educación es la mejor manera de condenar a un país a su más absoluta decadencia.
Dicho esto y confirmando la decadencia en que vivimos, hoy voy a dedicar
unas líneas al famoso decreto de plantillas que impera en la escuela catalana.
Hasta hace muy poco los equipos directivos de los centros escolares
completaban sus plantillas con personal docente que le llovía del cielo, según
un criterio administrativo que respondía al tiempo trabajado: más tiempo
trabajado, más posibilidad de seguir trabajando. A veces la cosa iba bien,
otras no tanto.
Se decidió otorgar cierta capacidad de decisión a la dirección en la
confección de sus plantillas, al menos en lo que a personal docente contratado
se refiere, bajo el pretexto de poder así conformar proyectos de centro con
personal más acorde a las líneas de actuación de los mismos.
Hasta aquí, y más allá de críticas oportunistas o populistas, la cosa
parecía que no pintaba mal.
¿Pero, cuál ha sido la realidad? Sería estúpido e injusto pensar que no ha
resuelto problemáticas a las que antes estaban abocados los directores por
gracia divina. Pero claro, no todo acaba aquí.
Como era de temer, lo que podía pasar, pasó. Demasiados centros son víctimas de un proceso
paulatino y continuo -hoy sigue gestándose sin hacer mucho ruido- en el
que NO se hace una selección del personal con criterios todo
lo lúcidos que la situación requiere.
Desde luego antes el proceso no era especialmente lúcido, pero al menos no
había una voluntariedad manifiesta y desleal para esta falta de discernimiento
cabal y necesario. O dicho en lenguaje directo y claro: hoy demasiados centros
completan sus plantillas por afinidades que poco tienen que ver con la
excelencia en la práctica docente o la idoneidad para ocupar la plaza.
La complacencia de unos regada por la adulación
interesada de otros, pasa por encima y sin complejos de criterios argumentados
o sólidos que justifiquen la elección del personal docente idóneo en demasiadas
ocasiones.
La solución para que los equipos directivos no caigan
en tentaciones desafortunadas es muy sencilla: el criterio que debe guiar la
elección debe responder SIEMPRE a los intereses de los realmente interesados,
es decir, A LOS INTERESES DEL ALUMNADO, única y exclusivamente. Desaparece así, de un plumazo, todo
compadreo indeseable, estéril y tóxico en la confección de las plantillas de
nuestros centros escolares.
Soy consciente que cualquier equipo directivo justificará su elección
esquivando rotundamente lo que aquí digo. Seguramente estoy totalmente
equivocado...era un ironía o deseo imposible; no estoy equivocado para la
desgracia de nuestra sociedad.
En mi centro los criterios para que te confirmen son capacidad de peloteo, sonrisa sumisa, ser preferiblemente català o por lo menos hablar català siempre que esté la dire delante (sobre todo no hablar castellano!), no ser extranjero, llevar el lacito amarillo y ser de derechas o por lo menos tradicional. También se valoran piropos hacia la dire.
ResponderEliminarUn saludo!