En los últimos dos meses me he visto
colapsado de trabajo, amén de cierta vagancia o despiste. Pero he de confesar
que me faltaba algo; porque si normalmente escribo de forma moderada y público
muy poco, durante este tiempo mi sequía ha sido total: ni una palabra.
No
quiere decir esto que no hayan pasado por mi cabeza mil intenciones o pretextos
para sentarme delante del teclado. Pero, no sé bien porqué...
Como
catalán que soy hay un tema que me preocupa especialmente y es de todos de
sobra conocido.
Hoy
no quiero repetir lo que casi todo el mundo dice, bien sea por un lado o por
otro. Únicamente haré un apunte para la reflexión de todos: es necesario todo
esto.
Pueden
parecer cuatro palabras ilusas, pero encierran dentro de sí un mundo de
reflexiones personales, que a buen seguro, dejarían a más de uno despierto más
de una noche.
Por
lo que a mí respecta, creo que es un tema pasado de moda. Creo que no toca ya
ni plantearse el hecho en la vieja Europa de los segregacionismos. Debería ser
una cuestión superada en tiempos de unión. Tiene demasiados siglos la achacosa
Europa como para no saber, respetando diferencias, convivir todos lo más unidos
posible. La dirección me temo debería ser la contraria: esa es la verdadera
manera de progresar y lo demás son guiños indeseables al pasado.
Pero
basta, ni una palabra más al respecto.
Prefiero
hoy hacer perder el valioso tiempo de las docenas de personas que lleguéis a
leer estas letras contándoos algo mucho más simpático, que buena falta nos
hace.
Pues
bien. Este año nos toca a los papás preparar la fiesta de fin de curso de
nuestros hijos, y a mí, concretamente, preparar junto a otros padres el Túnel
del Terror, con el fin de recaudar fondos para el viaje de fin del curso.
Me
apetece explicar la historia que he preparado para darle sentido a este humilde
montaje que nos llevamos entre manos. Me parecía que con argumento nos
resultaría a todos mucho más sencillo. Ahí va. Si es de noche, y estás solo o
sola, te aconsejo dejar la lectura para mañana...jajajaja
Pues
bien, aquí tenéis "La Historia jamás contada del Hospital Transfer".
Es
un Hospital como otro cualquiera pero que, desgraciadamente, ostenta una
estadística que lo hace dramáticamente único: todos los pacientes menores de 12
años fallecen inexcusable e inexplicablemente en la mesa de operaciones de la
eminente Doctora Death.
Pero
este desgraciado infortunio se sobrelleva mejor gracias al magnífico servicio
de sepelios del Hospital. Justo al lado, hay un cementerio en el que un párroco
se ocupa personalmente de oficiar las exequias sin demora y con una diligencia
asombrosa.
Pero
la realidad es bien distinta. Ni es un infortunio casual el de la Doctora ni el
sacerdote es tan diligente como aparenta ser. Resultan ser dos hermanos de
tres, que tuvieron una dura y difícil infancia en la que no conocieron familia
alguna que los abrigara.
Ahora,
desde la mesa de operaciones, la Doctora se encarga de transformar a sus
pacientes en zombies para que su hermano, el eclesiástico, les ofrezca cobijo
en el cementerio. De esta manera, paulatinamente pero sin descanso, van
conformando de una manera tétrica y terrible, la familia que nunca tuvieron.
Ahhh...y
dije que eran tres hermanos. Pues bien, como en todo buen Hospital Infantil, el
tercer hermano es el...payaso.
Buenas
y terroríficas noches...estáis invitados a nuestro pasaje del terror.
No hay comentarios:
Publicar un comentario