miércoles, 26 de abril de 2017

Algo sobre bullying







  1. Acoso físico o psicológico al que someten, de forma continuada, a un alumno sus compañeros. 

    Esta es una definición básica del término del que tanto se habla y el que, por desgracia, tanto hace sufrir según las estadísticas.

    A la marea ingente de comentarios, charlas, debates y conferencias que suscita voy a añadir hoy aquí algunos aspectos a tener en cuenta según mi parecer.

    El bullying siempre ha existido. En todas las clases de todos los colegios y de todas las épocas algún alumno ha sido en algún momento acosado por el resto. 

    Dicho esto, lo que me parece peculiar de nuestros días es el entorno en que el bullying se desarrolla. Lo que quiero decir simple y llanamente es la completa falta de autoridad de padres y profesores. La figura del niño o del adolescente ha pasado a ocupar un rango, amparada en la libertad, dignidad o qué sé yo, que termina pasándonos factura a todos, y a ellos los primeros. 

    No seré yo el que reclame la figura del profesor dictatorial de otros tiempos. Pero sí que seré yo el que denuncie que la figura del maestro carente de la más mínima autoridad es poco menos que un asunto desgraciado y lamentable. Si a esto se le suma, y no de menor importancia, unos padres hiperprotectores que no quieren ver lo evidente, nos encontramos con un acoso escolar más que preocupante con nombre de moda: bullying. 

    Pero el problema no es tanto el bullying en sí hoy día, sino más bien la falta de recursos para combatirlo instantáneamente. Todo necesita un proceso, un acuerdo, un debate, una puesta en común, un seguimiento, un protocolo, un control interno, externo y casi divino..., mientras el otro o la otra sufren, y sufren, y sufren...

    El bullying en muchas ocasiones produce efectos devastadores en muchos alumnos mientras los encargados de poner remedio debaten sobre el asunto o mueven papeles encima de una mesa.

    Quizás los recursos de las escuelas, a pesar de las críticas, sean hoy más poderosos que en tiempos pasados. Quizás también los docentes de nuestra democrática escuela estén mejor y más formados; pero, y esto no es un quizás, los movimientos sobre esta cuestión son extremadamente torpes y lentos.

    Y este es un mal de nuestra sociedad que no sólo se restringe a este tema, sino que abarca y colapsa muchos otros también. 

    Somos tan democráticos que debatimos hasta la mejor manera de atarnos los zapatos y nos perdernos en la forma de hacer el mejor lazo,... pero sin dar un solo paso. 








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