jueves, 24 de mayo de 2018

España es una caricatura

Una caricatura es una deformación de la realidad con tintes humorísticos o de crítica social. Son sanas y nos ayudan a digerir mejor la cruda existencia; le aportan un toque de distensión agradecido.

El problema se presenta cuando la caricatura deja de ser tal y se transforma en el pan nuestro de cada día. Hoy es difícil deformar la realidad española en la búsqueda de ese jocoso dibujo: España es ya en sí la viñeta misma.

Transición sin acabar, pelotazos, corrupciones insufribles, independentismos y centralismos latosos...nos terminan situando en un terreno pantanoso que cada día nos hunde más en las propias mierdas que abonamos sin descanso.

La última, que no más importante, pero sí indicadora de nuestras tremendas flaquezas sociales, es la que estamos viviendo esta semana con el polémico "chalet" del señor Iglesias y la señora Montero.

Había una vez un partido político que entró pisando fuerte por no deber pleitesía a las "castas", pero que se fue desmoronando al confundir llegar con mantenerse. Seguían con el puño en alto en las calles cuando ya tocaba hacer política en los hemiciclos, que dicho sea de paso, buena falta hacía. Pero ese puño se dió la vuelta y arremetió en todas las narices de aquellos que secundaban esta cuestionable manera de entender lo que tocaba, y que erre que erre y sin descanso se fue quitando del medio a los seguidores del noble arte jonista, por considerarlo de tiempos pasados.

Con una mano levantaban sus máximos mandatarios el puño alentando a sus seguidores, mientras que con la otra ejecutaban acciones que el puño intentaba desmoronar. Como no podía ser de otra manera, una mano descubrió a la otra, y el puño arremetió con fuerza a esa mano sibilina que intentaba copiar, a pie juntilla, las maneras de la casta que denostaba.

Pues aquí acaba la historia. Los altos mandatarios lejos de reconocer su terrible error, que no es otro que faltar a las propias palabras, intentaron sacar rédito del asunto. La supuesta nobleza apareció en su más triste representación y nos recordó, o puso de manifiesto para los despistados, que andábamos rodeados de más de lo mismo.

El resultado de esta historieta en una España caricaturesca es lo que menos importa: lo trágico es el lienzo donde se dibuja este nuevo disparate...si lo sé, me voy.



martes, 22 de mayo de 2018

Avengers, Infinity War...another theory

El otro día fuimos toda la familia a ver la última película de Marvel, Infinity War. Soy fiel seguidor -ahora llaman "friki"-, de todas las películas de superhéroes a los que les debo mucho, muchísimo. Descubrí con ellos el universo de las letras. 

Aún recuerdo las llamadas Cartillas, la 1, la 2, la 3... con las que aprendimos a leer allá por los setenta con frases como Mi mamá me mima o Mi papá fuma en pipa, que hoy no dejarían indiferente a nadie por hacer apología del denostado tabaco o por tener fuertes sesgos machistas. Eran otros tiempos.  Sea como sea, yo no aprendí con ellas, o eso creo...

En esos otros tiempos yo ya era un friki (sin saberlo) de los cómics de Marvel. Teníamos mis hermanos y yo una buena colección que ibamos atesorando los domingos cuando mi padre nos llevaba al Mercado de San Antonio, en Barcelona, con la sana y loable intención de que nos fuéramos familiarizando con los libros, ¡qué gran hombre! Y así fue como viendo primero viñetas de dibujos apasionantes pero con letras indescifrables para mí, fui sumergiéndome en eso que hoy se conoce como Universo Marvel. Luego vinieron más "universos", pero este fue sin duda especial. Todavía hoy me pregunto si aprendí a leer con el mi papa fuma en pipa o con las divertidas ocurrencias de un trepamuros que cada noche, sin falta, terminaba tapándome la cara cuando me dormía rodeado de cómics y superhéroes. 

Sea como sea, los superhéroes y sus increíbles aventuras nunca han dejado de estar ahí y ahora, con la fuerte irrupción en el cine, otra de mis pasiones, me atrevo a hacer un pequeño comentario de la última película de la saga hasta la fecha.

Si no habéis visto Avengers: Infinity War y os asusta eso de los spoilers, os aconsejo no seguir leyendo.

Pues bien, acaba la película con un mal sabor de boca al ver como parte de nuestros salvadores se esfuman como el polvo. Queda una puerta abierta tras el mensaje que envía Nick Fury, a través de ese extraño busca, entre reto y cósmico, a la Capitana Marvel.

La pregunta inmediata es: ¿Cómo tiene la seguridad Nick Fury que ese mensaje será recibido por la Capitana Marvel? y ¿qué podrá hacer esta si lo recibe?

Vimos como al azar la mitad de la población del Universo se desvanecía sin posibilidad alguna de evitarlo. Lo fácil sería pensar que la Capitana Marvel está en otro tiempo, concretamente en el pasado, y exenta así de la maldición de Thanos. Pero esto, como digo, sería quizás lo fácil. Entraríamos en el juego de pasados y futuros que tantas películas han triturado a fin de conseguir embaucarnos en sus propósitos.

Me parece mucho más interesante abordar la situación desde una perspectiva, que aunque tambíen ha sido utilizada en la ficción, daría más juego a la historia y, además, está muy de moda en el ambiente científico del que Tony Stark en tan fanático al tiempo que brillante y al que Strange, no lo olvidemos, decidió salvar en el último momento. Sería por algo. Y me refiero a las teorías de los Universos múltiples o paralelos que tanto están dando que hablar a nuestra comunidad científica. 

¿A alguien le suena lo del gato vivo y muerto al mismo tiempo? Es interesante eso de las distintas ramificaciones del universo en un mismo instante, según quien y cómo los observe. Aquí lo dejo, aunque será (o habrá sido) interesantísimo para los guionistas articular la cuarta entrega de los vengadores. Se me ocurren diferentes fórmulas, y todas atractivas. ¡Lo que daría por trabajar para el universo Marvel!

Y además, según parece,  la Capitana Marvel tiene el gran poder de controlar campos de energía...seguro que sabe moverse por un mismo espacio-tiempo donde puedan coexistir distintas realidades...ya veremos.



sábado, 19 de mayo de 2018

El sentimiento trágico de normalizar en España


Normalizar es simplemente transformar en normal algo. Las normalizaciones tienen así el fin y propósito de hacernos más fácil la vida al sentar bases para todos conocidas y aceptadas que nos permitan desarrollarnos mejor en nuestras sociedades.

Vemos como normalizar es así un proceso que necesita tiempo para su desarrollo, aceptación y definitiva implantación.

Hasta aquí nada que objetar. Pero, ¿qué está pasando en España?

En los últimos tiempos estamos normalizando toda una serie de conductas absolutamente despreciables. Y lo más desconcertante es que lo son para el conjunto de la sociedad: nadie gana y todos perdemos.

Hasta ahora, normalmente, éramos capaces de descifrar intereses partidistas que de alguna manera “justificaban” ciertas acciones por el bien propio.


Hoy, en España, hemos sido capaces de normalizar, de transformar en la norma, conductas absolutamente viles, abyectas, infames, indignas, depravadas, detestables, repulsivas, aborrecibles, mezquinas, ruines, repugnantes, innobles y rastreras que nos perjudican a todos. Y aviso: el resto del mundo se ha dado cuenta, sobre todo los países de Europa que sabrán sacar beneficio de ello.


Y todo esto ha sido un proceso que hemos ido tejiendo entre todos, -y cuando digo entre todos quiero decir exactamente entre todos-, aunque ahora nos empeñemos cada cual en salvar nuestro culo situándonos en la otra orilla, en la orilla del que no tira nunca piedras. Si no las tiras, tienes la obligación ineludible de evitar que otros lo hagan. ¿Lo hiciste?; perdón, ¿lo hicimos? No lo suficiente. Solo tienes que abrir los ojos y mirar, con eso basta.


Se pueden poner muchos ejemplos que recorren cada centímetro cuadrado del territorio, sin excepción, pero por su importancia y trascendencia quiero hablar hoy del conflicto que vivimos en Catalunya, a costa de saber que los independentistas interpretarán esto como un ataque a sus anhelos. Si es así os invito a comenzar a leer porque no habéis entendido nada. Y os lo aclaro: Catalunya no se escapa de esta miseria que nos recorre a todos, simplemente se sitúa hoy como un claro ejemplo, y de una enorme trascendencia, de toda esta inmundicia.

Si un solo catalán independentista piensa que “escapa” de algo que le es ajeno por no representar su esencia, simplemente pone de manifiesto su sesgada y partidista percepción de la realidad. Si un solo catalán no independentista, o español, piensa que no tiene nada que ver en lo que voy a decir, se está posicionando en la orilla de aquellos que son solo espectadores y piensan, torpe y ruinmente, que no participan en la función. El telón, señores, se levanta para todos.


Seré muy breve. Los actores principales de la tragicomedia catalana han sido capaces de conseguir algo asombroso: que toda una serie de acontecimientos impensables hace muy poco tiempo, se conviertan en el pan nuestro de cada día. Hasta aquí podría resultar cómico, pero lo trágico es que se van normalizando y es ahí donde caemos por el precipicio insondable del despropósito.

Por poner un ejemplo -los hay por decenas-, si hace tan solo cinco años un candidato como el actual Presidente de Catalunya se hubiese presentado con su historial como presidenciable, todos nos hubiésemos rasgados las vestiduras o puesto el grito en el cielo (dicho sea de paso, como hacen en Europa al contemplarlo atónitos), pero aquí, lejos de ni tan solo preocuparnos en exceso, se vitorea por las fuerzas independentistas y, por las que no lo son, como mucho se mantiene una posición expectante: a ver qué pasa.

Pues eso es: hemos logrado normalizar lo que nunca debería haber sido normal. Nos hemos puesto el mundo por montera, inconscientes y aventureros, y ya estamos recogiendo las mieles de nuestro (efímero) éxito, que no es otro que ser el hazmerreír de medio mundo mientras rompemos en pedazos el trocito que ocupamos.


Y lo repito por última vez, para los despistados. Los actores principales de la tragicomedia catalana tienen una responsabilidad mayúscula en la función, su despropósito bebe de la mentira y la inmundicia que les rodea, de la que forman parte y vilmente se aprovechan. Pero este caldo de cultivo se fue madurando año tras año con el ciego y lamentable esfuerzo de todos, cada cual con su parcela de responsabilidad.


La tragedia que se vive en Catalunya es la misma que vive toda España; la diferencia (el fet diferencial català) es que aquí unos cuantos han sido capaces de aprovecharse mezquinamente (y esta es una palabra que se queda corta, muy corta) de la situación al proponer una solución desleal, antidemocrática y decimonónica.


España no es el problema, o mejor dicho, si lo es, lo es consustancialmente con Catalunya, por ser lo mismo: son dos caras de una misma moneda o dos tristes realidades sociales del siglo XXI que son solo una.

Y hay algo bueno: todo tiene solución.