sábado, 19 de mayo de 2018

El sentimiento trágico de normalizar en España


Normalizar es simplemente transformar en normal algo. Las normalizaciones tienen así el fin y propósito de hacernos más fácil la vida al sentar bases para todos conocidas y aceptadas que nos permitan desarrollarnos mejor en nuestras sociedades.

Vemos como normalizar es así un proceso que necesita tiempo para su desarrollo, aceptación y definitiva implantación.

Hasta aquí nada que objetar. Pero, ¿qué está pasando en España?

En los últimos tiempos estamos normalizando toda una serie de conductas absolutamente despreciables. Y lo más desconcertante es que lo son para el conjunto de la sociedad: nadie gana y todos perdemos.

Hasta ahora, normalmente, éramos capaces de descifrar intereses partidistas que de alguna manera “justificaban” ciertas acciones por el bien propio.


Hoy, en España, hemos sido capaces de normalizar, de transformar en la norma, conductas absolutamente viles, abyectas, infames, indignas, depravadas, detestables, repulsivas, aborrecibles, mezquinas, ruines, repugnantes, innobles y rastreras que nos perjudican a todos. Y aviso: el resto del mundo se ha dado cuenta, sobre todo los países de Europa que sabrán sacar beneficio de ello.


Y todo esto ha sido un proceso que hemos ido tejiendo entre todos, -y cuando digo entre todos quiero decir exactamente entre todos-, aunque ahora nos empeñemos cada cual en salvar nuestro culo situándonos en la otra orilla, en la orilla del que no tira nunca piedras. Si no las tiras, tienes la obligación ineludible de evitar que otros lo hagan. ¿Lo hiciste?; perdón, ¿lo hicimos? No lo suficiente. Solo tienes que abrir los ojos y mirar, con eso basta.


Se pueden poner muchos ejemplos que recorren cada centímetro cuadrado del territorio, sin excepción, pero por su importancia y trascendencia quiero hablar hoy del conflicto que vivimos en Catalunya, a costa de saber que los independentistas interpretarán esto como un ataque a sus anhelos. Si es así os invito a comenzar a leer porque no habéis entendido nada. Y os lo aclaro: Catalunya no se escapa de esta miseria que nos recorre a todos, simplemente se sitúa hoy como un claro ejemplo, y de una enorme trascendencia, de toda esta inmundicia.

Si un solo catalán independentista piensa que “escapa” de algo que le es ajeno por no representar su esencia, simplemente pone de manifiesto su sesgada y partidista percepción de la realidad. Si un solo catalán no independentista, o español, piensa que no tiene nada que ver en lo que voy a decir, se está posicionando en la orilla de aquellos que son solo espectadores y piensan, torpe y ruinmente, que no participan en la función. El telón, señores, se levanta para todos.


Seré muy breve. Los actores principales de la tragicomedia catalana han sido capaces de conseguir algo asombroso: que toda una serie de acontecimientos impensables hace muy poco tiempo, se conviertan en el pan nuestro de cada día. Hasta aquí podría resultar cómico, pero lo trágico es que se van normalizando y es ahí donde caemos por el precipicio insondable del despropósito.

Por poner un ejemplo -los hay por decenas-, si hace tan solo cinco años un candidato como el actual Presidente de Catalunya se hubiese presentado con su historial como presidenciable, todos nos hubiésemos rasgados las vestiduras o puesto el grito en el cielo (dicho sea de paso, como hacen en Europa al contemplarlo atónitos), pero aquí, lejos de ni tan solo preocuparnos en exceso, se vitorea por las fuerzas independentistas y, por las que no lo son, como mucho se mantiene una posición expectante: a ver qué pasa.

Pues eso es: hemos logrado normalizar lo que nunca debería haber sido normal. Nos hemos puesto el mundo por montera, inconscientes y aventureros, y ya estamos recogiendo las mieles de nuestro (efímero) éxito, que no es otro que ser el hazmerreír de medio mundo mientras rompemos en pedazos el trocito que ocupamos.


Y lo repito por última vez, para los despistados. Los actores principales de la tragicomedia catalana tienen una responsabilidad mayúscula en la función, su despropósito bebe de la mentira y la inmundicia que les rodea, de la que forman parte y vilmente se aprovechan. Pero este caldo de cultivo se fue madurando año tras año con el ciego y lamentable esfuerzo de todos, cada cual con su parcela de responsabilidad.


La tragedia que se vive en Catalunya es la misma que vive toda España; la diferencia (el fet diferencial català) es que aquí unos cuantos han sido capaces de aprovecharse mezquinamente (y esta es una palabra que se queda corta, muy corta) de la situación al proponer una solución desleal, antidemocrática y decimonónica.


España no es el problema, o mejor dicho, si lo es, lo es consustancialmente con Catalunya, por ser lo mismo: son dos caras de una misma moneda o dos tristes realidades sociales del siglo XXI que son solo una.

Y hay algo bueno: todo tiene solución.






No hay comentarios:

Publicar un comentario