Muchísimas personas cada día se esfuerzan por hacer aquello que les toca de la mejor manera posible. Unos como mínimo cumplen mientras otros dan siempre un poquito más por el bien de todos, por el bien común.
Mientras tanto, la mayoría de los dirigentes políticos de nuestro país se pierden en insensateces aborrecibles e infames. Hay una cosa que los identifica por igual a todos ellos: sus discursos únicamente buscan satisfacer a sus votantes. Pero no por preocuparse de ellos, no seamos tan ilusos. Lo hacen más bien por mantenerse a costa de lo que sea y como sea. El político nunca habla con la tranquilidad que otorga cualquier discurso sincero y diáfano. Son verdaderos malabaristas de la palabra, miden cada una de sus intervenciones por el miedo a decir más de la cuenta, es decir, aquello que saben pero que no quieren que los demás sepamos que saben o piensan.
Esto, como no puede ser de otra manera, los convierte en consumados mentirosos que terminan por engañarse incluso a sí mismos. Bien podemos decir sin temor a equivocarnos que nuestros políticos representan lo peor en el espectro social de nuestros días.
Y no digo que la tarea de un polìtico sea fácil, todo lo contrario. Pero lo que si afirmo es que precisamente por lo difícil de la labor política esta debería ser circunstancial. El animal político entendido como aquella persona que vive sumido en y solo para la política es un proyecto fallido antes de empezar.
Un verdadero político, o mejor dicho, un ciudadano que desee dedicarse a la política temporalmente, debe saber llegar, con sus alforjas bien cargadas de profesionalidad, sea la que sea, y debe también saber marcharse en un tiempo prudencial y continuar su labor concreta como un ciudadano más.
Este político no tendrá miedo de perder su "asiento" porque ya entiende que lo usa "de prestado", de manera circunstancial hasta que decida volver a su labor habitual. Todo los demás es pura basura, inmundicia humana que se aprovecha de una situación miserablemente. Estamos tan cansados de verlo que incluso nos hemos acostumbrado y lo hemos normalizado. Este es uno de los cánceres de nuestra sociedad moderna.
No debe existir la profesión de político. Su existencia, tal y como la entendemos hoy, es perniciosa por definición.
Es bochornoso para cualquiera escuchar a cualquier político. Basta presta un poco de atención a sus palabras, a sus gestos, para descubrir un postureo vomitivo e insultante. Y no hay excepciones. Bueno, las hay. Las de aquellos, pocos, que entienden que están de paso y son el fiel reflejo del verdadero político que estas líneas intentan definir. Curiosamente estos son condenado al ostracismo por el resto de los"políticos de raza" y se marchan sin haber tenido tiempo de casi nada y asqueados por lo descubierto en su efímero viaje a ninguna parte o al negro mundo del político de hoy.
Y lo peor de todo es que esto no le importa ni una mierda a casi nadie. Pues a seguir comiendo políticos y sus lamentables políticas.
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