Ni son todos víctimas ni luego tampoco verdugos, pero sí demasiados.
Muchisomos niños y niñas padecen hoy el mal de los padres ausentes, es decir, de los padres que ejercen como tales pero más bien son malos hermanos mayores de sus propios hijos.
Esto tiene consecuencias en los menores, y graves. Primero son víctimas de esta situación patética para luego, sin poder ya evitarlo, convertirse en verdugos de sus propios padres y de la sociedad en general que los vio crecer, desde la barrera.
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