sábado, 18 de julio de 2020

Todos mediocres

La mediocridad se ha instalado en España desde hace muchos años. Hoy se habla de la mediocridad de los políticos, tema de moda, pero hay que recordar que estos nos son alienígenas, sino que son solo el resultado natural de la sociedad que les rodea.

Las sociedades no son el reflejo de sus políticos, al contrario, estos representan la imagen más fiel de la sociedad a la que representan.

Si hoy podemos visitar otros países y envidiar muchos de sus logros, que nadie se engañe: estamos viendo el fruto de algo mucho más profundo, trabajado durante años y que no depende de ningún personaje de turno. Estamos hablando de la cultura que han sido capaces de tejer y que ahora es su mejor aliada y su representación ante el mundo, además, y más importante, realidad que viven día a día y disfrutan.

 

Ante esta situación solo cabe apostar por la cultura, y cuando digo cultura me refiero a una manera de entender esto que llamamos ciudadanía como un todo que solo puede funcionar entendido como tal. Un pueblo solo puede prosperar cuando en su conjunto es exigente consigo mismo, al margen o más allá de particularismos e intereses individualistas y deshonestos. El bien común es el bien de todos.

Y dicho esto, y sabiendo que esta es una tarea que requiere tiempo y predisposición que no hay, ¿qué solución nos queda ahora? Solo se me ocurren dos recetas.

La primera, para nuestra suerte, no depende de nosotros, sino de eso que se llama Europa y aunque solo sea por su interés económico o por no desestabilizar más de lo soportable su situación, necesita que España se acomode a la razón. En el momento que escribo estas líneas, los países del norte de Europa están poniendo condiciones a la entrega de dinero para paliar las consecuencias de la Covid en el sur. Aquí recibimos esas condiciones como exigencias improcedentes, cuando todo lo contrario, y que nadie se engañe, es la respuesta natural a la situación que vive España hoy. ¿Acaso alguno de ustedes entrega dinero a cambio de nada y a sabiendas de que será mal empleado y no solucionará el problema que intenta mitigar? Cómo veis, curiosamente son nuestro principal aliado para empezar a hacer las cosas bien. Y el pueblo, el nuestro, mediocre, en su mayoría ni esto entiende.

La segunda receta si que se dirige ahora directamente contra la clase dirigente, contra nuestros políticos. Para empezar, deberíamos exigir una purga inmediata de todos aquellos que además de ser muy caros, no hacen absolutamente nada. Son mil y una las administraciones, organismos e instituciones en las que sus cargos de poder representan una larguísima lista de parásitos tóxicos que no solo roban, sino que además gestionan pésimamente, lo cual todavía hace más cara y penosa su existencia para la sociedad. Luego están los políticos que nos rodean hoy, por supuesto de una mediocridad total y contrastada, vamos, que nos es motivo de discusión, y que deberían ser retirados de sus cargos por imperativo categórico.

Pero claro, para acometer semejante acción precisamente necesitaríamos un pueblo, una sociedad que no se dejara embaucar y fuese capaz de reventar, desde un talante crítico y reflexivo, una situación caótica además de bochornosa. ¿Dónde está ese pueblo? Como tal no existe. Vivimos anclados en la indignación, pero bajo el influjo total de la más absoluta pasividad. Todo el mundo se queja o, mejor dicho, tiene la receta para arreglar todos los problemas, pero solo de palabra. La acción es un ejercicio inexistente hoy día. O para ser más exactos, la acción se circunscribe en solucionar mis problemas, mirar por mi culo, y vuelta a empezar allá donde arrancaron estas cuatro letras: en la mediocridad que se ha instalado en España. Es esto exactamente.

 

 

 

 


viernes, 13 de marzo de 2020

Lecciónes del coronaVirus



Da igual todo lo que se especule a partir de ahora sobre esta pandemia, importa muy poco. Está aquí con todos nosotros y en este momento solo cuenta lavarse las manos y ser conscientes que está precisamente en nuestras manos acabar con ella. En las manos de todos y cada uno de nosotros, con igual e idéntica responsabilidad.

Pero quizás, en momentos de reflexión forzosa como los actuales, deberíamos echar el freno y preguntarnos que podemos sacar de todo esto.
En nuestra ajetreada realidad cotidiana, nos perdemos entre la muchedumbre y nos dejamos arrastrar por esa marea que día a día, a golpe de pito, configura nuestra vida ajena a problemas y cuestiones fundamentales. Simplemente, parecen cosa de otros.

Ahora sentimos que todos formamos parte de un mismo problema. Nadie puede mirar hacia otro lado. Nadie está indemne. Esto es cosa de todos.

Pero esto, queridos amigos, es así siempre, no solo ahora. Los grandes problemas de la humanidad nos conciernen de igual manera a todos. O mejor dicho, su solución. Pensar que me incumbe solo aquello que me afecta o puede afectarme es, sin lugar a duda, la peor cara de una humanidad que podrá ser cualquier cosa, menos humana. Si las soluciones dependen de todos, como ahora, a todos nos corresponde responsabilizarnos.

Si salimos de esta trance epidémico, como así será, lo habremos logrado por la sencilla razón de haber remado todos en la misma dirección, forzados o no, pero siguiendo todos un mismo rumbo.

Esto debería servirnos para entender y asimilar, sin ningún temor a equivocarnos, que muchos de los grandes problemas de nuestros tiempos tienen una solución real si todos nos concienciamos de los mismos y nos ponemos manos a la obra en la búsqueda de su solución. 

El hambre en el mundo olvidado o el problema ecológico, por citar algunos, desaparecerán de nuestras vidas solo si nos concienciamos de que no es cosa de otros, sino responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. ¿Hará falta que todos pasemos hambre para intentar buscar soluciones? Ese, queridos amigos, sería un escenario muy dramático y terriblemente más complejo de erradicar que la terrible situación real que se da hoy al respecto en ese mundo condenado a padecerla. Y a padecerla ante la mirada ciega del resto.

Aprovechemos para reflexionar ahora que la situación nos invita a ello. Aprovechemos luego para hacer eso que parece cosa sólo...de otros.

viernes, 3 de enero de 2020

CC y BNG, estamos en sus manos


Todavía este desbarajuste de consecuencias kafkianas al que se enfrenta España tiene la oportunidad de superarse. Y está en manos de dos fuerzas políticas con un escaño cada una de ellas, CC y BNG. Si éstas votan el contra del PSOE, el sueño del señor Sánchez se irá al traste.

Seguramente a los canarios y a los gallegos les faltará el coraje para mandar a paseo una locura de gobierno que solo pone a España a la altura del betún ante el mundo entero.

Han fallado casi todos y es difícil pensar que ahora dos fuerzas con solo dos escaños serán capaces de enmendar este colosal desastre. Es momentos como estos necesitaríamos más que nunca verdaderos políticos. Pero no, simplemente leerán canarios y gallegos la situación desde la mirada a sí mismos y por sí mismos; mirada torpe y deleznable de un país inculto y grotesco. Seguramente votarán a favor de Pedro Sánchez arguyendo que su situación dentro del panorama general  mejorará. Nada más bochornoso y desleal para un político que forma parte de un Estado que se apuntalará, gracias a su voto, bajo la sombra de la desintegración social y moral del mismo. Dudo mucho que aparezcan a estas alturas estadistas que se dediquen a la labor pública.

Estamos en un momento histórico de consecuencias todavía incalculables. Despierten de una vez y afronten su responsabilidad. España se merece mucho más. España es mucho más que un juguete que se pueda hacer añicos en manos de mentirosos y supremacistas insolidarios.

La política hoy se ha convertido en la perversión de sí misma, en su lado más oscuro y tenebroso. Se mueve de manera inconsciente por arenas movedizas y ha conseguido romper los propios cimientos del sistema en beneficio, únicamente, de aquellos que así lo desean por interés propio y despiadado.

La historia se repite una y otra vez. Volvemos a revivir momentos tristes de nuestra historia sin ser capaces de aprender nada de tiempos pasados. Las aberraciones, una detrás de otra, se han hecho dueñas del sentir general. La palabra democracia ha sido denostada hasta límites insospechados y, sin duda, esto tendrá consecuencias desastrosas. Cuando las fuerzas de izquierda de un país se vuelven más autoritarias que la más derecha de las derechas, la debacle social está servida. Como ve, Sr. Unamuno, seguimos igual.