La mediocridad se ha
instalado en España desde hace muchos años. Hoy se habla de la mediocridad de
los políticos, tema de moda, pero hay que recordar que estos nos son
alienígenas, sino que son solo el resultado natural de la sociedad que les
rodea.
Las sociedades no son el
reflejo de sus políticos, al contrario, estos representan la imagen más fiel de
la sociedad a la que representan.
Si hoy podemos visitar
otros países y envidiar muchos de sus logros, que nadie se engañe: estamos
viendo el fruto de algo mucho más profundo, trabajado durante años y que no
depende de ningún personaje de turno. Estamos hablando de la cultura que han
sido capaces de tejer y que ahora es su mejor aliada y su representación ante
el mundo, además, y más importante, realidad que viven día a día y disfrutan.
Ante esta situación solo
cabe apostar por la cultura, y cuando digo cultura me refiero a una manera de
entender esto que llamamos ciudadanía como un todo que solo puede funcionar
entendido como tal. Un pueblo solo puede prosperar cuando en su conjunto es
exigente consigo mismo, al margen o más allá de particularismos e intereses
individualistas y deshonestos. El bien común es el bien de todos.
Y dicho esto, y sabiendo
que esta es una tarea que requiere tiempo y predisposición que no hay, ¿qué
solución nos queda ahora? Solo se me ocurren dos recetas.
La primera, para nuestra
suerte, no depende de nosotros, sino de eso que se llama Europa y aunque solo
sea por su interés económico o por no desestabilizar más de lo soportable su situación,
necesita que España se acomode a la razón. En el momento que escribo estas
líneas, los países del norte de Europa están poniendo condiciones a la entrega
de dinero para paliar las consecuencias de la Covid en el sur. Aquí recibimos
esas condiciones como exigencias improcedentes, cuando todo lo contrario, y que
nadie se engañe, es la respuesta natural a la situación que vive España hoy.
¿Acaso alguno de ustedes entrega dinero a cambio de nada y a sabiendas de que
será mal empleado y no solucionará el problema que intenta mitigar? Cómo veis,
curiosamente son nuestro principal aliado para empezar a hacer las cosas bien.
Y el pueblo, el nuestro, mediocre, en su mayoría ni esto entiende.
La segunda receta si que
se dirige ahora directamente contra la clase dirigente, contra nuestros
políticos. Para empezar, deberíamos exigir una purga inmediata de todos
aquellos que además de ser muy caros, no hacen absolutamente nada. Son mil y
una las administraciones, organismos e instituciones en las que sus cargos de
poder representan una larguísima lista de parásitos tóxicos que no solo roban,
sino que además gestionan pésimamente, lo cual todavía hace más cara y penosa
su existencia para la sociedad. Luego están los políticos que nos rodean hoy,
por supuesto de una mediocridad total y contrastada, vamos, que nos es motivo
de discusión, y que deberían ser retirados de sus cargos por imperativo
categórico.
Pero claro, para acometer
semejante acción precisamente necesitaríamos un pueblo, una sociedad que no se
dejara embaucar y fuese capaz de reventar, desde un talante crítico y
reflexivo, una situación caótica además de bochornosa. ¿Dónde está ese pueblo?
Como tal no existe. Vivimos anclados en la indignación, pero bajo el influjo
total de la más absoluta pasividad. Todo el mundo se queja o, mejor dicho,
tiene la receta para arreglar todos los problemas, pero solo de palabra. La
acción es un ejercicio inexistente hoy día. O para ser más exactos, la acción
se circunscribe en solucionar mis problemas, mirar por mi culo, y vuelta a
empezar allá donde arrancaron estas cuatro letras: en la mediocridad que se ha
instalado en España. Es esto exactamente.