Todavía este desbarajuste de
consecuencias kafkianas al que se enfrenta España tiene la oportunidad de
superarse. Y está en manos de dos fuerzas políticas con un escaño cada una de
ellas, CC y BNG. Si éstas votan el contra del PSOE, el sueño del señor Sánchez
se irá al traste.
Seguramente a los canarios y a
los gallegos les faltará el coraje para mandar a paseo una locura de gobierno
que solo pone a España a la altura del betún ante el mundo entero.
Han fallado casi todos y es
difícil pensar que ahora dos fuerzas con solo dos escaños serán capaces de
enmendar este colosal desastre. Es momentos como estos necesitaríamos más que
nunca verdaderos políticos. Pero no, simplemente leerán canarios y gallegos la situación desde la mirada a sí mismos y por sí mismos; mirada torpe y deleznable de un país inculto y grotesco. Seguramente votarán a favor de Pedro Sánchez arguyendo que su situación dentro del panorama general mejorará. Nada más bochornoso y desleal para un político que forma parte de un Estado que se apuntalará, gracias a su voto, bajo la sombra de la desintegración social y moral del mismo. Dudo mucho que aparezcan a estas alturas estadistas que se dediquen a la labor pública.
Estamos en un momento histórico
de consecuencias todavía incalculables. Despierten de una vez y afronten su
responsabilidad. España se merece mucho más. España es mucho más que un juguete
que se pueda hacer añicos en manos de mentirosos y supremacistas insolidarios.
La política hoy se ha convertido
en la perversión de sí misma, en su lado más oscuro y tenebroso. Se mueve de manera inconsciente por arenas movedizas y ha conseguido romper los propios cimientos del sistema en beneficio, únicamente, de aquellos que así lo desean por interés propio y
despiadado.
La historia se repite una y otra
vez. Volvemos a revivir momentos tristes de nuestra historia sin ser capaces de
aprender nada de tiempos pasados. Las aberraciones, una detrás de otra, se han hecho dueñas del sentir general. La palabra democracia ha sido denostada hasta límites insospechados y, sin duda, esto tendrá consecuencias desastrosas. Cuando las fuerzas de izquierda de un país se vuelven más autoritarias que la más derecha de las derechas, la debacle social está servida. Como ve, Sr. Unamuno, seguimos igual.
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