jueves, 5 de febrero de 2015

¿Qué le pasó a Robin Willians?


¿Qué le pasó a Robin Willians?

La pregunta, más allá de la morbosidad que para algunos pueda tener, es totalmente relevante para preguntarnos por la razón principal que motiva nuestras vidas: la felicidad.

En la vida podemos hacer muchas cosas, pero sólo habrá una que la llevemos a cabo por sí misma, y es la búsqueda de la felicidad. Tú podrás decir que lees porque te gusta, que comes para sobrevivir, que duermes por que no tienes más remedio...o que sé yo. Pero si te pregunto porque quieres ser feliz, no podrás nunca buscar una razón externa que lo justifique. Querrás ser feliz sin más, simplemente querrás ser feliz por el gusto de serlo. Se convierte así esta búsqueda en el destino. Y es aquí donde aparece la trampa: si nos hipotecamos en un destino, fácilmente nos olvidaremos de lo único verdaderamente real, el camino, el tránsito, tú día a día. La felicidad nunca es un destino; es una manera de ser, es una manera de estar, es una manera de vivir. Por esta razón se diferencia del resto de las acciones, que siempre buscan un predicado. La felicidad es sujeto y predicado al mismo tiempo, es un estar ahora, antes y luego.

La felicidad tampoco es un estado continuo, un éxtasis inacabable que nos haga olvidarnos de todo lo demás. Es más bien una puesta en escena que cada uno de nosotros llevamos a cabo en cada una de las acciones que irremediablemente hacemos cada día. Según lo que elijamos hacer en cada momento, nos iremos impregnando de algo que irá configurando nuestro talante, nuestra manera de afrontar esto que llamamos vida.


Y es aquí, amigos, dónde se encuentra la salsa del asunto de la vida. La vida, al fin y al cabo, es transitar, es un recorrido que un día alguien nos regaló, y un día, más tarde o más temprano, nos quitarán. Por eso es prioritario centrarnos en este transitar, porque de hecho no tenemos nada más.

Pensar en cuantas personas han alcanzado el llamado éxito y han sido toda su vida unos perfectos desgraciados, es decir, personas con una vida desdichada e infeliz. Por supuesto habrán paladeado los instantes del triunfo momentáneo; sea económico, social o personal, pero quizás se habrán olvidado de cosechar, día a día, minuto a minuto, momentos de bienestar y felicidad real.


El otro día pregunté a alguien: ¿pero tú, quién eres? y me respondió: realmente no lo sé. Este realmente no lo sé simplemente ponía de manifiesto lo perdida que se encontraba en el mundo. Supuestamente había hecho todo lo que la sociedad reclamaba de ella: se había educado adecuadamente, había conseguido una familia estructurada, una buena posición laboral y social, pero estaba vacía y triste. Y no lo estaba en ese momento concreto, confesó; es que su vida era triste y vacía. Sus metas, por supuesto conseguidas, la habían conducido hasta objetivos que poco tenían que ver con paladear los instantes que la rodeaban en cada momento de su transitar. Sus proyectos, por otra parte perfectamente legítimos, la habían convertido sin quererlo en un robot, bueno, en un perfecto robot programado que siempre hacía lo correcto, pero que se olvidaba de sentir los instantes. Su mente siempre iba más allá de su estar-aquí-ahora, sus metas y objetivos la tenían hipotecada. Curiosamente, también hay personas que carentes de metas y objetivos, transitan por la vida ajenas a todo, se dejan llevar sin participar de casi nada de lo que les acontece. Por supuesto tampoco son seres demasiado dichosos. No existe receta mágica, pero sí maneras de afrontar la vida.

Nos habituamos a hacer las cosas de una manera determinada que nos funciona y pasamos página a lo realmente importante, que no es otra cosa que descubrir nuevos hábitos, maneras de hacer y sentir, que nos recuerden que estamos vivos.
Cuantas veces repetís eso de que rápido se pasa el tiempo. Normal, si cada día no es más que la repetición del anterior, nuestro cerebro codifica y agrupa las acciones repetitivas de tal manera que perdemos la sensación real de la temporalidad.

Quizás una manera de sentir que estamos vivos y afrontar este camino de la mejor manera posible para cada cual, radique en la comprensión de su carácter efímero. La sensación de fin, la sensación de muerte, que tan alejada está de nuestra cultura, nos hace olvidar con demasiada facilidad el regalo que es estar vivo. Ánimo.







4 comentarios:

  1. Excelente artículo,
    Permita me añadir algo, desgraciadamente en este mundo, hay mucha gente que ni es agradecidas, ni es sinceras consigo misma.
    Agradecer por estar vivo un día más, por tener un plato caliente de comida, por tener un techo donde vivir, por estar sano, agradecer estas cosas pequeñas, grandes que nos regala la vida el universo o el creador de este universo.
    Ser sincero contigo mismo, es decir, ser tú mismo, no aparentar lo que no eres para gustarle al otro, porque luego cuando querrás ser tú mismo, pero no le gustara nada al otro, y eso crea mal estar. aparentar ser lo que no eres, puedes crear un problema muy grave para tu salud física y emocionalmente hablando. es como dos puntos opuestos, uno quiere ser como la gente quiere que seas, y el otro quiere ser como tu quieres ser o mejor dicho como tu eres.
    ¿TE ATREVES A SOÑAR?

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  2. Gracias amigo,
    Que razón tienes cuando hablas de la sinceridad más allá del puro escaparate, de la sinceridad con uno mismo que se convierte en base y fundamento de toda relación saludable y real.
    Un abrazo

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  3. Que razón! Vamos a buscar nuestra felicidad

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    1. Claro que sí. Al menos si nos empeñamos en buscarla, propiciaremos un talante mas amable y feliz.

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