domingo, 3 de mayo de 2015

Deporte Nacional

Hace unos días leí en un diario que el deporte nacional era el fútbol. Posiblemente sea el deporte más seguido por el conjunto de los ciudadanos españoles, eso no lo pongo en duda, pero lo que si cuestiono es que sea el deporte más practicado.

Si recogemos la acción que más se repite entre el conjunto de pobladores de nuestra querida España, sin lugar a dudas tendremos que rendirnos ante la supremacía del engaño compartido.

Cuando hablo de engaño compartido se puede leer como picaresca, estafa, "tonto el último", aprovechamiento del sistema, defraudador... vamos, cualquier acción ajena a la propia de unos verdaderos ciudadanos.

Con estas palabras no intento restar importancia a la falta absoluta de toda ética de nuestros dirigentes políticos o demás poderes del sistema. Pero lo que de ninguna manera podemos hacer es usar como coartada la existencia indeseable de estos para salvaguardar o justificar nuestras vergüenzas, que no son pocas.

Yo os invito desde aquí a mirar a vuestro alrededor más cercano y evaluar lo que veis. La trampa tanto al prójimo como al sistema es el deporte nacional que practicamos de forma magistral sin inmutarnos, casi sin darnos cuenta por tenerla tan interiorizada, pero ello no nos coarta lo más mínimo para demandar que los otros lo hagan todo bien... que digo bien, perfecto.
Defraudar a Hacienda, aprovecharnos de las ayudas del sistema, aportar lo mínimo y exigir lo máximo, buscar culpables ajenos de males propios...lástima que siempre exista un otro cuya mera existencia esconda todas las miserias del primero, y viceversa. Tremenda y dañina estupidez.


La obra picaresca por excelencia, El Quijote, lo único que ponía de manifiesto era lo loco que estaba el mundo a los ojos de un loco absolutamente cuerdo de honestidad y honorabilidad. Nos hemos quedado en la picaresca que nos transmitió Cervantes haciéndola baluarte nacional, sin evaluar o considerar lo que nos quería transmitir: un mundo de vergüenzas compartidas que un loco de honestidad absoluta quería transformar.

De alguna manera, y volviendo ahora a nuestros dirigentes, tenemos los políticos que nos merecemos, ni más ni menos. ¿O acaso alguien piensa que son seres alienígenas que vienen de no se sabe donde? Pues no: son personas que nacen de un caldo de cultivo poco trabajado y todavía menos honesto.

La salida a tremenda situación viene desde las bases, desde una educación que mire más allá de la inmediatez y del éxito individual. El éxito de un grupo de ciudadanos solo se consigue si se trabajan cuestiones tan básicas como la cooperación, la tolerancia, el respeto a lo ajeno como si fuese propio y tantas otras consideraciones que hoy brillan por su ausencia.
Señores y señoras que mandan, señoras y señores que no mandan...NO LO VEN¡¡¡


3 comentarios:

  1. Si, el cambio de todo comienza con uno, de ahí a la familia con valores hasta el mejoramiento de nuestra sociedad!!!

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  2. Así lo veo Luis, lo que pasa es que si el cambio debe comenzar en uno mismo no es nada fácil. Estamos cargados de hábitos que no nos dejan ver más allá. Se tiene que provocar un cambio desde abajo, pero para ello debe tejerse una consciencia que lo provoque, una educación encaminada a ello.¡¡¡¡

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