Hace unos días leí en un diario que el deporte nacional era el
fútbol. Posiblemente sea el deporte más seguido por el conjunto de los
ciudadanos españoles, eso no lo pongo en duda, pero lo que si cuestiono es que
sea el deporte más practicado.
Si recogemos la acción que más se repite entre el conjunto de
pobladores de nuestra querida España, sin lugar a dudas tendremos que rendirnos
ante la supremacía del engaño compartido.
Cuando hablo de engaño
compartido se puede leer como
picaresca, estafa, "tonto el último", aprovechamiento del sistema,
defraudador... vamos, cualquier acción ajena a la propia de unos verdaderos
ciudadanos.
Con estas palabras no intento restar importancia a la falta
absoluta de toda ética de nuestros dirigentes políticos o demás poderes del
sistema. Pero lo que de ninguna manera podemos hacer es usar como coartada la
existencia indeseable de estos para salvaguardar o justificar nuestras
vergüenzas, que no son pocas.
Yo os invito desde aquí a mirar a vuestro alrededor más cercano y
evaluar lo que veis. La trampa tanto al prójimo como al sistema es el deporte
nacional que practicamos de forma magistral sin inmutarnos, casi sin darnos
cuenta por tenerla tan interiorizada, pero ello no nos coarta lo más mínimo
para demandar que los otros lo hagan todo bien... que digo bien, perfecto.
Defraudar a Hacienda, aprovecharnos de las ayudas del sistema,
aportar lo mínimo y exigir lo máximo, buscar culpables ajenos de males
propios...lástima que siempre exista un otro cuya mera existencia esconda todas
las miserias del primero, y viceversa. Tremenda y dañina estupidez.
La obra picaresca por excelencia, El Quijote, lo único que ponía
de manifiesto era lo loco que estaba el mundo a los ojos de un loco
absolutamente cuerdo de honestidad y honorabilidad. Nos hemos quedado en la picaresca
que nos transmitió Cervantes haciéndola baluarte nacional, sin evaluar o
considerar lo que nos quería transmitir: un mundo de vergüenzas compartidas que
un loco de honestidad absoluta quería transformar.
De alguna manera, y volviendo ahora a nuestros dirigentes, tenemos
los políticos que nos merecemos, ni más ni menos. ¿O acaso alguien piensa que
son seres alienígenas que vienen de no se sabe donde? Pues no: son personas que
nacen de un caldo de cultivo poco trabajado y todavía menos honesto.
La salida a tremenda situación viene desde las bases, desde una
educación que mire más allá de la inmediatez y del éxito individual. El éxito de
un grupo de ciudadanos solo se consigue si se trabajan cuestiones tan básicas
como la cooperación, la tolerancia, el respeto a lo ajeno como si fuese propio
y tantas otras consideraciones que hoy brillan por su ausencia.
Señores y señoras que mandan, señoras y señores que no mandan...NO
LO VEN¡¡¡
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Si, el cambio de todo comienza con uno, de ahí a la familia con valores hasta el mejoramiento de nuestra sociedad!!!
ResponderEliminarAsí lo veo Luis, lo que pasa es que si el cambio debe comenzar en uno mismo no es nada fácil. Estamos cargados de hábitos que no nos dejan ver más allá. Se tiene que provocar un cambio desde abajo, pero para ello debe tejerse una consciencia que lo provoque, una educación encaminada a ello.¡¡¡¡
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