Está claro que en este país no importa lo que se diga sino quién lo diga.
Son más importantes los personajes que los mensajes. Las verdades sólo tienen
valor depende de quien las diga. Vamos listos.
Esto tiene un nombre muy antiguo que es argumento ad hominem, y
es una falacia que consiste en presentar como falsa una argumentación o
afirmación por el simple hecho de ser de tal o cual persona. Vamos, que ni se
molestan en rebatirlo o considerarlo por pertenecer a una boca de poca
autoridad en la materia por los entendidos de tres al cuarto que así lo
manifiestan.
¿Y quiénes son estos entendidos de tres al cuarto? Está muy claro también:
son nuestros políticos mequetrefes y el periodismo basura que les acompaña;
entre ambos se reparten insensateces propias de miopes neuronales profundos. Y
además son capaces de darle la vuelta a la argumentación ad hominem para
hacernos creer que por ser quienes son tienen razón. Benditos cuentistas y
panda de botarates. Y lo penoso es que lo consiguen en gran medida.
Un caso concreto de lo que escribo son los acoso y derribo que han
manifestado a mandíbula batiente contra Willy Toledo, actor y más intelectual
que muchos de ellos, que por no pertenecer ni congregar con su rebaño, no ha
sido merecedor de ser escuchado, no hacía falta...
Señores políticuchos y periodistillas, no veis que otros han dicho lo mismo
pero todavía con más fuerza y calláis solemnemente. Sinceramente dais pena y
asco.
Pasen, vean y juzguen ustedes mismos.
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