martes, 20 de octubre de 2015

Independentistas no entiendo nada


Pasadas las elecciones catalanas el desconcierto provocado por los resultados cada día me llama más la atención. Si bien fueron unas elecciones en toda regla, en carácter plebiscitario que le otorgaron los catalanistas está quedando a día de hoy en un "cuento chino". Estos comentarios, lamentablemente, van a disgustar tanto a los separatistas como a los que votaron a partidos ajenos a esta idea. Pues bueno, me quedaré solo.

Por una parte, si las elecciones para Junts pel Si y la CUP tenían un marcado talante plebiscitario ya que se ponía en juego el inicio imparable del "full de ruta" hacía la independencia, no entiendo ahora en absoluto el desencuentro para tirar adelante su proyecto. Si eran unas elecciones con un talante muy determinado, éste debería estar muy por encima de todo lo demás en estos momentos. Lo demás, señores de la CUP, ERC i Convergència son cuentos chinos. Inicien su proyecto si lo tienen tan claro y después hagan sus propias elecciones para votar proyectos. Ahora no hay proyecto unitario…bueno sí, el de su independencia.
Por qué me pregunto, si no fuera así, ¿habría siso necesario celebrar estas elecciones? Cuantas cosas mal hechas y que malas soluciones, señores. ¿O es todo un cuento chino? Repito.
Está meridianamente claro que los intereses de ERC y Convergència son diametralmente diferentes en casi todo menos en el tema de la independencia. ¿Es tan difícil de entender esto?, señores de la CUP. Yo no entiendo nada. Cuanta tontería en tan poco espacio.
Para colmo proponen, a ver qué pasa, como presidenta del Parlament a una persona totalmente ajena a los intereses de media Cataluña. Cuantos despropósitos seguidos. No se preocupen señores políticos, no pasará nada. Este país está a años luz de tener criterio. Aquí vale todo. ¿Hasta cuándo? Ya veremos.

Estoy convencido que muchos independentistas entenderan perfectamente lo que aquí expongo, razón por la cual aquellos que no votaron a partidos que estaban por la labor verán estas letras como apologéticas del independentismo. Me gustaría aclarar esto. Son solamente ideas que buscan razones, no razonamientos amparados en ideas absurdas por fuera de tiempo y lugar. Señor President en funciones, ahora "no tocaba".
Hastahora





jueves, 15 de octubre de 2015

Sociedad estresada

Hace unos días oí un comentario que decía algo así como que vivimos en una sociedad estresada. Lo cierto es que razones no faltan para pensarlo y ahora voy a tratar de apuntar una de las mil y una que lo justifican.

La generación inmediatamente anterior a la nuestra gozaba de un privilegio que a día de hoy, sin lugar a dudas, hemos perdido. En casa, como norma general, el padre trabajaba fuera y la madre se ocupaba de las labores del hogar. Esto hoy parece pertenecer al pasado e incluso para muchos perfectamente superado. Supuso la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral. Hasta aquí todo perfecto.

Pero me da la impresión que nadie puede negar que se rompió cierto equilibrio familiar. Había un orden del que se carece hoy y nos precipita a una carrera continua por conseguir llegar al final del día con todas las tareas hechas. No pretendo ser tachado de machista, mis intenciones van por un camino muy distinto. De hecho yo mismo preferiría sin lugar a dudas poder ocuparme de la familia y de todas las tareas relacionadas. Pero hoy la situación obliga en la mayoría de los casos al trabajo externo de ambos progenitores.
Lo que intento decir es que nos guste o no, la dedicación y el tiempo que se podía otorgar a los hijos y al hogar propiciaban una armonía familiar mucho más relajada y organizada. En este sentido no podemos considerar una conquista social la situación actual, más bien al contrario.

Para complicar aún más las cosas, y aunque hay de todo, todavía en la mayoría de los hogares el mayor peso de las ocupaciones de casa recae en las mujeres. Es muy bonito pensar en la pareja que se reparte los trabajos del hogar, o incluso en las que el hombre ejerce un mayor porcentaje, pero lo cierto es que la cruda realidad dibuja una situación bien diferente. Y lo curioso es que son las propias mujeres, en muchas ocasiones, las que desdibujan la realidad encumbrando a sus parejas absurdamente. Supongo que no querrán pasar por tontas…o demasiado tontas. Mujeres al borde de un ataque de nervios es lo que otorga a nuestra sociedad ese toque de estrés que todos llevamos dentro. La mamá que siempre estaba en casa, que se ocupaba de que todo estuviese a punto y que el hogar oliese a más hogar, se esfumó. Los tiempos cambian y es lógico que la mujer reclamase su lugar en el mundo laboral, con todas las connotaciones positivas, sin lugar a duda, que supuso para ellas: libertad, elección, autosuficiencia…

Lo cierto es que seguiremos evolucionando e intentaremos conciliar mejor la incorporación de la mujer al mundo laboral externo, -por suerte para ellas, sobre todo-, con medidas que ya se vislumbran. Entre ellas, la que parece más cercana es la exención del trabajo pero no del sueldo para uno de los progenitores. Y ojalá llegue a durar hasta los 12 años del hijo, por el bien de nuestra sociedad estresada.
Hastahora


Estupideces organizadas

No deja de llamarme la atención la cantidad de cosas que hacemos cada día por la simple razón de que las hacen otros. La cosa no iría más allá si además tuviesen sentido y fuesen razonables. Pero no, siento comunicar que no es así en demasiadas ocasiones. Es decir, el simple hecho de hacer algo porque muchos otros lo hacen ya lo justifica. ¡Tremendo criterio de autoridad! Somos unos borregos, no cabe duda señor Nietzsche.

Las modas podrían ejemplificar claramente lo que aquí digo. Esos zapatos que ahora tienes en los pies mientras lees esto, seguramente los dejarás de lucir cuando casi nadie los lleve. Pero bueno, esto de las modas es hasta rentable para una sociedad como la nuestra, pero ahí no queda la cosa, por desgracia. Hubo un tiempo -no hace mucho- en el que hipotecarse hasta las cejas estaba de moda, todo hijo de vecino lo hacía. A nadie se le ocurría imaginar que hipotecas que superasen los 12 años y un tercio de sus ingresos eran una auténtica ruina para su bolsillo... éste no tenía fondo. ¿Y cómo no?, si mi vecino lo puede hacer y además se compra un coche nuevo, que cojones¡… al lío. Y así nos va. 

Luego vinieron las quejas y las seguidas culpas, que como siempre eran del otro, en este caso de los bancos. Pues no señores, no eran de los bancos. Por lo menos yo no recuerdo que nadie me obligase a firmar una hipoteca que era más una sentencia de ruina que otra cosa. Por ello necesitamos ciudadanos y ciudadanas maduros, formados y sobre todo, con criterio propio. Pero eso es un tema muy extenso para otro rato, y se llama educación.
Circunstancias como esta aquí descrita en nuestra sociedad son incontables, así que no aburriré a nadie más de la cuenta...si no dirán que hago esto porque muchos otros lo hacen.

Los que hayáis sido papás o visitéis parques infantiles, fijaos la cantidad de veces que a un niño se le dice: Pepito, no hagas eso, ¿no ves que Juanita no lo hace?...Y entonces los niños se hicieron hombres...

Simplemente os invito a observar a aquellas personas que habitualmente sus círculos las describen como auténticas. No es que el resto sean de mentira, quizás simplemente es que tamizan toda la información que reciben y actúan con criterio propio. Vamos, que no necesitan mirarse en el espejo de los que les rodean para tomar sus decisiones. Normalmente, este simple y sano ejercicio les conduce a razonar y reflexionar, que no es poco. Y normalmente, aciertan. 
Hastahora..

lunes, 5 de octubre de 2015

Depencia de la Independencia

Si somos capaces de mirar con frialdad todo lo que nos rodea e intentamos analizar objetivamente lo que vemos, sin pasiones, sin sentimientos, sin sumas o restas que nos arrastren a planteamientos parciales, el resultado que obtenemos creo que nos pondrá a la inmensa mayoría en la misma dimensión. Me explico. Para el caso lo mismo dará que seamos catalanes -como soy- que extremeños, murcianos o gallegos. Partamos de la base que somos simplemente habitantes de un espacio geográfico determinado, institucionalmente llamado España como forma de Estado. Nada más, no pido nada más hasta aquí. No es lo que uno siente, sino lo reconocido legalmente: España, autonomías y DNIs, aunque no lo reconozcamos como propio.

Pues bien, ante este panorama aséptico la realidad que contemplamos todos es la misma y unánime: una España que deja muchísimo que desear. Sea cual sea tu lugar de nacimiento, si miras con ojos sinceros verás una realidad social y política bastante despreciable. Hemos llegado a un punto de incomprensión de lo que significa democracia y ciudadano difícil de superar.
Cuando dije un poco más arriba España, me refería a la realidad que se da, día a día, en Cartagena, Besalú, Antequera o El Ferrol. Es decir, en cualquier punto de nuestra geografía se respira este ambiente caótico y aprovechado, desleal e hipócrita. Desde luego no será yo quien diga que no tenemos una clase política deshonrosa; lo es y mucho. Pero lo es y mucho aquí y allí, al norte y al sur, al este y al oeste, y por supuesto en el centro. Y también es justo decir que no lo son todos, pero sí demasiados.

Pero no por ello debemos obviar que tenemos la clase política que nos merecemos. Extraño sería pensar que siendo como somos, -una ciudadanía mediocre, que deja mucho que desear en demasiados aspectos-, gozáramos de unos políticos de altos vuelos. Eso no puede ser ni aquí ni en ningún sitio.
Si en otras latitudes, y está claro que la perfección no existe, los dirigentes practican un hacer más honrado y responsable, éste es el resultado de todo un proceso que engloba a toda la sociedad en su conjunto. Ni nuestros políticos cabrían allí, ni ellos como ciudadanos entenderían ni tolerarían a nuestros políticos.
Y lo dicho es absolutamente cierto para todos, sin excepciones. Una mirada honesta es imposible que pueda negar esta premisa.

De aquí se extraen dos conclusiones bastante interesantes. Por una parte, la solución a esta situación que nos engloba a todos no está en partir la manzana ya podrida en toda su circunferencia. Pensar a estas alturas que el gusano sólo asoma por un agujerito y que nuestra zona de la manzana esta indemne es ser muy iluso. O pensar que si nos quedamos con un trozo de manzana ya llena de gusanos tendremos más fácil el camino, es como mínimo sospechoso. Y por otra, la premisa nos debería obligar, sin excepciones, a replantearnos de manera global la solución a tremendo desaguisado. 

El borrón y cuenta nueva es poco efectivo por imposible, pero siempre nos quedará la opción de refundarnos desde donde más efecto tendrá aunque el camino sea lento y en principio aparentemente poco rentable, y hablo de educación. En nuestra situación sólo un planteamiento que supere ideologías, partidismos, intereses de poder o de cualquier tipo en una reformulada Educación Reglada nos catapultará hacía un nuevo escenario tan necesario. Posiblemente será una solución que requiera muchos años, casi un cambio generacional, pero sólo si se comienza ahora y no se sigue parcheando la situación saldremos de este bucle inacabable y pernicioso.
Todos los políticos, y no me refiero ahora a los gobernantes, deben ser capaces de formular con la ayuda de los que conocen mejor que ellos la materia, un Sistema Educativo con miras globales, por encima de partidismos e intereses mezquinos, dónde un proyecto de ciudadano cooperativista y democrático sea capaz de desarrollarse sin sucumbir a postulados pedagógicos deshonestos y desleales. Esto no es una utopía, es una realidad que necesita ser implantada con carácter de urgencia si queremos salir de la parálisis en que nos encontramos.

Si se intenta solucionar el problema desde perspectivas restringidas, unilaterales o parciales, como la dependencia de la Independencia que se propone en Cataluña para solucionar la situación, la guerra está perdida antes de empezarla. Hay un aspecto importante que debemos tener en cuenta todos: de ESTA España es lícito que un catalán quiera independizarse, como también lo es que quieran hacerlo un manchego o un asturiano. Pero aquí el problema no es España, sino el ESTA que la precede del que todos formamos parte, como señalaba más arriba.
El problema de Cataluña no es España, o si lo es lo tiene tan arraigado es su ser como la misma España.
No es este un panfleto en contra de la independencia, sino más bien un recordatorio de las miserias que nos han llevado a dónde estamos y de su única e ineludible solución.
En otro contexto podríamos hablar de independencia, de manera honesta y consensuada, en la que un pueblo realmente democrático ejerciese con criterio unas demandas no basadas en oportunismos y la total ciudadanía ejerciese su derecho, con criterio y sensatez.

Nuestros problemas actuales van mucho más allá de la situación-relación en que se encuentra el pueblo catalán (realidad, por otra parte, que hay que abordar). Atañen a toda España y su solución requiere otros planteamientos mucho más lúcidos, juiciosos y reflexivos a la luz de la realidad actual.