jueves, 15 de octubre de 2015

Sociedad estresada

Hace unos días oí un comentario que decía algo así como que vivimos en una sociedad estresada. Lo cierto es que razones no faltan para pensarlo y ahora voy a tratar de apuntar una de las mil y una que lo justifican.

La generación inmediatamente anterior a la nuestra gozaba de un privilegio que a día de hoy, sin lugar a dudas, hemos perdido. En casa, como norma general, el padre trabajaba fuera y la madre se ocupaba de las labores del hogar. Esto hoy parece pertenecer al pasado e incluso para muchos perfectamente superado. Supuso la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral. Hasta aquí todo perfecto.

Pero me da la impresión que nadie puede negar que se rompió cierto equilibrio familiar. Había un orden del que se carece hoy y nos precipita a una carrera continua por conseguir llegar al final del día con todas las tareas hechas. No pretendo ser tachado de machista, mis intenciones van por un camino muy distinto. De hecho yo mismo preferiría sin lugar a dudas poder ocuparme de la familia y de todas las tareas relacionadas. Pero hoy la situación obliga en la mayoría de los casos al trabajo externo de ambos progenitores.
Lo que intento decir es que nos guste o no, la dedicación y el tiempo que se podía otorgar a los hijos y al hogar propiciaban una armonía familiar mucho más relajada y organizada. En este sentido no podemos considerar una conquista social la situación actual, más bien al contrario.

Para complicar aún más las cosas, y aunque hay de todo, todavía en la mayoría de los hogares el mayor peso de las ocupaciones de casa recae en las mujeres. Es muy bonito pensar en la pareja que se reparte los trabajos del hogar, o incluso en las que el hombre ejerce un mayor porcentaje, pero lo cierto es que la cruda realidad dibuja una situación bien diferente. Y lo curioso es que son las propias mujeres, en muchas ocasiones, las que desdibujan la realidad encumbrando a sus parejas absurdamente. Supongo que no querrán pasar por tontas…o demasiado tontas. Mujeres al borde de un ataque de nervios es lo que otorga a nuestra sociedad ese toque de estrés que todos llevamos dentro. La mamá que siempre estaba en casa, que se ocupaba de que todo estuviese a punto y que el hogar oliese a más hogar, se esfumó. Los tiempos cambian y es lógico que la mujer reclamase su lugar en el mundo laboral, con todas las connotaciones positivas, sin lugar a duda, que supuso para ellas: libertad, elección, autosuficiencia…

Lo cierto es que seguiremos evolucionando e intentaremos conciliar mejor la incorporación de la mujer al mundo laboral externo, -por suerte para ellas, sobre todo-, con medidas que ya se vislumbran. Entre ellas, la que parece más cercana es la exención del trabajo pero no del sueldo para uno de los progenitores. Y ojalá llegue a durar hasta los 12 años del hijo, por el bien de nuestra sociedad estresada.
Hastahora


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