Hace unos días oí un comentario que decía algo así como que vivimos en una sociedad estresada. Lo cierto es que razones no faltan para pensarlo y ahora
voy a tratar de apuntar una de las mil y una que lo justifican.
La generación inmediatamente anterior a la nuestra gozaba de un privilegio
que a día de hoy, sin lugar a dudas, hemos perdido. En casa, como norma
general, el padre trabajaba fuera y la madre se ocupaba de las labores del
hogar. Esto hoy parece pertenecer al pasado e incluso para muchos perfectamente
superado. Supuso la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral. Hasta
aquí todo perfecto.
Pero me da la impresión que nadie puede negar que se rompió cierto
equilibrio familiar. Había un orden del que se carece hoy y nos precipita a una
carrera continua por conseguir llegar al final del día con todas las tareas
hechas. No pretendo ser tachado de machista, mis intenciones van por un camino
muy distinto. De hecho yo mismo preferiría sin lugar a dudas poder ocuparme de
la familia y de todas las tareas relacionadas. Pero hoy la situación obliga en
la mayoría de los casos al trabajo externo de ambos progenitores.
Lo que intento decir es que nos guste o no, la dedicación y el tiempo que
se podía otorgar a los hijos y al hogar propiciaban una armonía familiar mucho
más relajada y organizada. En este sentido no podemos considerar una conquista
social la situación actual, más bien al contrario.
Para complicar aún más las cosas, y aunque hay de todo, todavía en la
mayoría de los hogares el mayor peso de las ocupaciones de casa recae en las
mujeres. Es muy bonito pensar en la pareja que se reparte los trabajos del hogar, o incluso en las que el hombre ejerce un mayor porcentaje, pero lo
cierto es que la cruda realidad dibuja una situación bien diferente. Y lo
curioso es que son las propias mujeres, en muchas ocasiones, las que desdibujan
la realidad encumbrando a sus parejas absurdamente. Supongo que no querrán
pasar por tontas…o demasiado tontas. Mujeres
al borde de un ataque de nervios es lo que otorga a nuestra sociedad ese
toque de estrés que todos llevamos dentro. La mamá que siempre estaba en casa,
que se ocupaba de que todo estuviese a punto y que el hogar oliese a más hogar, se esfumó. Los
tiempos cambian y es lógico que la mujer reclamase su lugar en el mundo
laboral, con todas las connotaciones positivas, sin lugar a duda, que supuso para
ellas: libertad, elección, autosuficiencia…
Lo cierto es que seguiremos evolucionando e intentaremos conciliar mejor la
incorporación de la mujer al mundo laboral externo, -por suerte para ellas,
sobre todo-, con medidas que ya se vislumbran. Entre ellas, la que parece más
cercana es la exención del trabajo pero no del sueldo para uno de los
progenitores. Y ojalá llegue a durar hasta los 12 años del hijo, por el bien de
nuestra sociedad estresada.
Hastahora

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