jueves, 15 de octubre de 2015

Estupideces organizadas

No deja de llamarme la atención la cantidad de cosas que hacemos cada día por la simple razón de que las hacen otros. La cosa no iría más allá si además tuviesen sentido y fuesen razonables. Pero no, siento comunicar que no es así en demasiadas ocasiones. Es decir, el simple hecho de hacer algo porque muchos otros lo hacen ya lo justifica. ¡Tremendo criterio de autoridad! Somos unos borregos, no cabe duda señor Nietzsche.

Las modas podrían ejemplificar claramente lo que aquí digo. Esos zapatos que ahora tienes en los pies mientras lees esto, seguramente los dejarás de lucir cuando casi nadie los lleve. Pero bueno, esto de las modas es hasta rentable para una sociedad como la nuestra, pero ahí no queda la cosa, por desgracia. Hubo un tiempo -no hace mucho- en el que hipotecarse hasta las cejas estaba de moda, todo hijo de vecino lo hacía. A nadie se le ocurría imaginar que hipotecas que superasen los 12 años y un tercio de sus ingresos eran una auténtica ruina para su bolsillo... éste no tenía fondo. ¿Y cómo no?, si mi vecino lo puede hacer y además se compra un coche nuevo, que cojones¡… al lío. Y así nos va. 

Luego vinieron las quejas y las seguidas culpas, que como siempre eran del otro, en este caso de los bancos. Pues no señores, no eran de los bancos. Por lo menos yo no recuerdo que nadie me obligase a firmar una hipoteca que era más una sentencia de ruina que otra cosa. Por ello necesitamos ciudadanos y ciudadanas maduros, formados y sobre todo, con criterio propio. Pero eso es un tema muy extenso para otro rato, y se llama educación.
Circunstancias como esta aquí descrita en nuestra sociedad son incontables, así que no aburriré a nadie más de la cuenta...si no dirán que hago esto porque muchos otros lo hacen.

Los que hayáis sido papás o visitéis parques infantiles, fijaos la cantidad de veces que a un niño se le dice: Pepito, no hagas eso, ¿no ves que Juanita no lo hace?...Y entonces los niños se hicieron hombres...

Simplemente os invito a observar a aquellas personas que habitualmente sus círculos las describen como auténticas. No es que el resto sean de mentira, quizás simplemente es que tamizan toda la información que reciben y actúan con criterio propio. Vamos, que no necesitan mirarse en el espejo de los que les rodean para tomar sus decisiones. Normalmente, este simple y sano ejercicio les conduce a razonar y reflexionar, que no es poco. Y normalmente, aciertan. 
Hastahora..

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