No deja de llamarme la atención la cantidad de cosas
que hacemos cada día por la simple razón de que las hacen otros. La cosa no
iría más allá si además tuviesen sentido y fuesen razonables. Pero no, siento
comunicar que no es así en demasiadas ocasiones. Es decir, el simple hecho de
hacer algo porque muchos otros lo hacen ya lo justifica. ¡Tremendo criterio de autoridad! Somos unos borregos,
no cabe duda señor Nietzsche.
Las modas podrían ejemplificar claramente lo que aquí
digo. Esos zapatos que ahora tienes en los pies mientras lees esto, seguramente
los dejarás de lucir cuando casi nadie los lleve. Pero bueno, esto de las modas es hasta
rentable para una sociedad como la nuestra, pero ahí no queda la cosa, por
desgracia. Hubo un tiempo -no hace mucho- en el que hipotecarse hasta las cejas estaba de moda,
todo hijo de vecino lo hacía. A nadie se le ocurría imaginar que hipotecas que
superasen los 12 años y un tercio de sus ingresos eran una auténtica ruina para
su bolsillo... éste no tenía fondo. ¿Y cómo no?, si mi vecino lo puede hacer y
además se compra un coche nuevo, que cojones¡… al lío. Y así nos va.
Luego vinieron las quejas y las seguidas culpas, que
como siempre eran del otro, en este caso de los bancos. Pues no señores, no
eran de los bancos. Por lo menos yo no recuerdo que nadie me obligase a firmar
una hipoteca que era más una sentencia de ruina que otra cosa. Por
ello necesitamos ciudadanos y ciudadanas maduros, formados y sobre todo, con
criterio propio. Pero eso es un tema muy extenso para otro rato, y se llama
educación.
Circunstancias como esta aquí descrita en nuestra
sociedad son incontables, así que no aburriré a nadie más de la cuenta...si no
dirán que hago esto porque muchos otros lo hacen.
Los que hayáis sido papás o visitéis parques
infantiles, fijaos la cantidad de veces que a un niño se le dice: Pepito, no
hagas eso, ¿no ves que Juanita no lo hace?...Y entonces los niños se hicieron
hombres...
Simplemente os invito a observar a aquellas personas
que habitualmente sus círculos las describen como auténticas. No es que el resto
sean de mentira, quizás simplemente es que tamizan toda la información que
reciben y actúan con criterio propio. Vamos, que no necesitan mirarse en el
espejo de los que les rodean para tomar sus decisiones. Normalmente, este
simple y sano ejercicio les conduce a razonar y reflexionar, que no es poco. Y
normalmente, aciertan.
Hastahora..

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