Parece que por fin se están tomando
medidas más o menos "burocráticas" para llevar a cabo lo obvio desde
hace ya demasiado tiempo.
No voy aquí y ahora a repasar todo lo que
define o sustenta esta forma de entender la educación de la que tanto se
comienza a hablar y que remito a la persona de Eduard Vallory para conocerla si
aún se tiene alguna duda o desconocimiento.
Simplemente pretendo apuntar hacía una
idea y romper una lanza con toda la fuerza que sea capaz hacía un segmento de
la educación en nuestro país. Cuando digo "...ja la tenim" me refiero
al modo de hacer y vivir la educación de los 0 a los 6 años en nuestras aulas.
Por supuesto que es interesante mirar hacia sistemas educativos que tengan muy
claras las ideas desde hace décadas sobre cuál es el mejor modelo educativo
para su ciudadanía, todo suma. Pero no por ello podemos obviar una magnífica
manera de hacer que llevan a cabo aquí, en nuestras aulas, un gran número de
docentes que entienden la educación de una manera muy similar a como ahora se
pretende extender al resto de la educación primaria y secundaria a través de Escola Nova 21.
Solo basta que en nuestros centros educativos
se mire hacia abajo, hacia los más pequeños, hacía los que curiosamente no
forman parte hoy de la enseñanza obligatoria, pero que de hecho y de alguna
forma lo es por inmensamente mayoritaria.
Quizás por no verse sometidos de una
manera tan rotunda al "corsé" de notas, libros, contenidos y tantos
otros que luego son olvidados y adormecen a los alumnos y a las alumnas, han podido
desarrollar de una manera natural, y como no puede ser de otra manera, una
forma de hacer y entender la educación que buscaba por encima de todo que esas
personillas llegasen a serlo tal y como ahora pretende este aparentemente
novedoso proceder educativo del que tanto se habla.
A medida que los niños y niñas de nuestras
aulas iban creciendo y a partir sobre todo del momento en el que la lectura se
confirma y aparecen los libros, el deterioro es constante y creciente. La
desmotivación del alumnado crece en la medida que decrece su funcionalidad en
el aula hasta convertirse en alumnos "florero", condenados a escuchar
las peronatas de sus maestros-conferenciantes de un público que cada día los
quiere oír menos.
Y a todo esto, se sumaba la preocupación
de unos padres que en demasiada medida reclamaban impacientes el aprendizaje de
la lectura en sus hijos e hijas -casi siempre comparándolo con el retraso con
tal o cual otra escuela- o lo que es lo mismo, el tránsito del buen hacer con
los pequeños al anunciado, y hasta reclamado, fin de la buena y verdadera
educación que hasta entonces habían recibido.
Pues eso. A los maestros y maestras de primaria y
secundaria (si ahora de verdad el Departament os lo permite) os recomendaría que perdieseis un poco de tiempo hablando y
observando el proceder de vuestros compañeros y compañeras en las aulas de los más pequeños. Y a
vosotros y vosotras, que de manera natural habéis hecho lo que razonada y racionalmente
toca en materia educativa, gracias por estar ahí con vuestras charlas con los más pequeños, atención hacia sus intereses, acompañamiento real en su proceso
madurativo, guías de sus inquietudes y descubridores a través de sus ojos del
mundo que les rodeaba. Trabajando así la motivación estaba servida. Gracias.

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