Parece que hay ciertas discrepancias en algunas cuestiones entre los dos
máximos dirigentes de Podemos. Podría manifestar lo que pienso de muchas
maneras, pero lo resumiré con una palabra: OLÉ¡¡¡
Cuando entre los integrantes de una formación política, laboral, familiar…no
hay discrepancias simplemente es que no hay formación como tal o las esconden. Lo
más lamentable del asunto en este caso, es que en este sano ejercicio de transparencia
los medios confunden el fondo con la apariencia. No estamos acostumbrados a ver
tan diáfanamente el proceder de nuestros gobernantes y terminamos quedándonos
en la discrepancia sin más, como si éste fuera el problema, cuando es lo más
normal del mundo (o debería serlo). Eso se llama proceder entre diferentes
opiniones para alcanzar consensos. Si no se alcanzan, pues pasará algo,
está claro. Pero lo demás es simple autoritarismo o dogmatismo o como quieran
llamarlo.
Dicho esto, ahora que tengo tiempo y casi nadie me oye, daré mi opinión al
respecto manteniendo al margen mi ideología.
Estoy de acuerdo con Iglesias, pero todavía más con Errejón.
Está muy claro que la irrupción meteórica de Podemos en el escenario
político responde a una necesidad del momento. La sociedad en su conjunto
necesitaba un partido con este talante dada la situación. Eso creo que lo vemos
todos, hasta incluso los que no quieran reconocerlo. Era la única, más rápida y
mejor manera de irrumpir en el atmósfera política que se respiraba: aparecía un
partido que les gritaba –literalmente- a la cara a los de arriba e intocables
lo que los de abajo y sometidos guardaban en sus entrañas con demasiado odio y
ninguna salida.
Hasta aquí todo perfecto. Pero claro, rápidamente reaccionaron el resto de
los partidos haciendo daño ahí dónde sabían que podían hacerlo; y el mensaje
caló. Parte importante de los votantes de Podemos identificaron sin más a esta
formación con un populismo que nos conduciría a la más profunda de las miserias
conocida. Señores, ni aunque gobernasen con mayoría absoluta y esto fuera cierto,
lo conseguirían. Las ideologías hoy día tienen márgenes muy estrechos para
operar. Pero esa es otra historia muy larga, voy al caso.
Ahora Podemos debe entender que saber leer los momentos es fundamental
para conseguir los objetivos y, por supuesto, no se trata de renunciar a nada.
Simplemente, las formas que se adopten deben responder a las necesidades.
Antes Podemos era un deseo, ahora es una realidad.
Precisamente para llegar
más lejos necesita ocupar un espacio político vacío que hay hoy día en la
escena política, conservando íntegramente sus valores y premisas. Conseguiría
dos cosas de un valor inestimable: por una parte dejaría de ser señalado como
lo que no es, manantial populista ajeno a la globalidad de Europa y el mundo, y
por otra representaría el verdadero espacio regenerado de una política con
miras más amplias. Resultado que se vería reflejado en las urnas, sin lugar a
dudas.
Si Podemos continua bajo únicamente el paradigma que lo catapultó a la
realidad política, perderá fuerza día a día. Si es capaz de crecer asumiendo evidencias,
por su esencia llegará muy lejos.
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