Dentro de este caos aparece Pedro Sánchez como máximo responsable para algunos de este tremendo desaguisado.
Además de todo lo que se quiera decir, no cabe duda que actuo siguiendo sus principios. Es entonces cuando debemos preguntarnos si los llevó demasiado lejos, si no midió bien el alcance de las consecuencias que podía deparar su inamovible postura ante Rajoy y el PP.
Ya alguien mucho más sabio que nosotros nos advirtió del peligro al que nos exponían nuestras convicciones si éstas no atendían adecuadamente a sus posibles consecuencias. Pero todo tenía un límite: llegado el caso, los resultados fruto de nuestros convencimientos más profundos eran irremediables. Los principios debían así mantenerse firmes y asumiendo las consecuencias, legítimas y respaldas por aquellos.
Y ahí veo yo a Pedro Sánchez, más allá del ansía de poder o la falta de perspectiva política. El ansía se la concedería más a otras, así como, a otros, la ausencia de perspectiva.
Sus principios estaban aposentados en la total legitimidad de los mismos, es decir, contrastados sin lugar a dudas a la luz del panorama al que hacían referencia.
Si su principal compromiso era revertir unas políticas que no compartía y dejar fuera del espacio político la corrupción desmedida, ¿es posible que hiciera de comparsa de una función que se desacretidaba en si misma? Es preferible morir con las botas puestas...
Algunos dirán que era la mejor medida entre las malas o, dicho de otra manera, la que no ahogaría más en la ciénaga al PSOE ante los votantes. Señores, la situación del PSOE no era la que era por denunciar lo absolutamente denunciable o negarse a conceder más crédito a quien no se lo merecia: el Partido Socialista Obrero Español se bañaba en barro para esconder sus caras, pues tenía demasiadas. Era -y es- un proyecto collage difícil de ver, y todavía más difícil de votar, si lo que buscas es seguridad en tiempos nublados.
Quizás su error no fue ser demasiado duro con los de fuera, si no blando con los de dentro.
Ese fue el mal con el que tuvo que batallar el secretario general dentro de su partido y que lo condena a ser espectador hoy de un destino de la formación incierto, mal encaminado y del que no es, en absoluto, responsable.
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