Hay una cosa en la que casi todos coincidimos: preferimos la
calidad a la cantidad. Es preferible un buen plato a un motón de comida basura;
o un rato en buena compañía que mucho tiempo aburridos... pero precisamente de
eso quería hablar hoy: de la compañía en la pareja.
Existe un momento
en nuestra vida, y no me preguntéis el porqué, que elegimos a esa persona que
queremos que comparta con nosotros su tiempo o incluso, si me permitís ser
osado, el resto de sus días...bueno, quizás es pedir demasiado. Pero de lo que
no cabe duda es que queremos estar con ella o él el máximo tiempo posible...al
menos al principio.
Pero claro, la
realidad termina, como siempre, imponiendo sus normas. El tiempo va pasando y
esa persona a la que elegimos en muchas ocasiones termina siendo mi compañero o
compañera, aunque probablemente no la persona con la que comparta más tiempo.
Esto se convierte
en lo más normal del mundo, vamos, en pura y real rutina. Las parejas comparten
facturas, casa, vacaciones, cama, hijos, perro y pasta de dientes...aunque sólo
se vean algunas (pocas) horas cada día.
Si nos detenemos
cada uno de nosotros y contabilizamos fríamente nuestro tiempo y con quien lo
compartimos, no hablo ahora de calidad sino de pura cantidad, el resultado es
cuanto menos sorprendente.
Dicho esto, y más
allá de analizar lo que ello conlleva, hoy quiero poner toda mi atención (y
envidia) en esas parejas que por la razón que sea, normalmente laboral,
comparten la mayor parte de su tiempo.
Lo primero que me
llama la atención es la cantinela social que termina siempre con eso de "compartir
tanto tiempo satura y al final cansa..." o "juntos en el trabajo, la
cosa siempre acaba mal...". Pues no, no lo veo así. En este caso, si la
cantidad va en perjuicio de la relación es porque quizás ésta no es buena o lo
suficientemente adecuada. Creo, bien al contrario, que esta es la piedra de
toque que te pone frente a la cruda realidad de tu relación. O, dicho de otro
modo: muchísimas relaciones de pareja se mantienen precisamente por el poco
tiempo que comparten. Supongo que no es sólo casualidad que después de
vacaciones los abogados separatistas tengan más trabajo…
Luego existe la
trampa o coartada que nos gusta lucir. Nos decimos a nosotros mismos y
predicamos a los cuatro vientos eso de que "nos vemos poco, pero de manera
intensa y aprovechamos mucho y bien el tiempo". Da la casualidad que nos
gusta ser reconocidos en lo que decimos, es decir, que nuestros oyentes
compartan nuestras opiniones. Y sí, en este caso el éxito está garantizado.
Esta es una cuestión, que digo cuestión, verdad ampliamente aceptada y casi
venerada.
Mentira. Mentira y
de las gordas. Lo primero es que no somos tan hábiles como para saber
aprovechar ese poco tiempo siempre bien o acertadamente. Más bien, si somos
realistas, ese poco tiempo se emplea mayoritariamente en resolver los problemas
cotidianos inexcusables. Además, y en esto soy muy nietzscheano, la vida sólo
se saborea de verdad cuando aceptas todos los matices que te brinda.
Es por todo ello,
y lo que me guardo por no aburrir más de lo necesario, que a pesar de que
también prefiero la calidad a la cantidad, en esto de las relaciones de pareja
la cantidad tiene para mi tanta importancia como la calidad. Cuanto más, mejor.
Esos pequeños momentos cotidianos no se pueden sustituir ni por viajes, ni por
regalos, ni por buenas intenciones...son únicos y no tienen precio. Y esto no
quiere decir, por si alguien se ha confundido o intenta buscar donde no hay,
que no entienda la relación de pareja en el completo y absoluto respeto a la
libertad y espacio del otro. Esto es tan necesario como el aire que respiramos;
pero nada tiene en contra de lo que aquí comento, más bien todo lo contrario.
Así que a todas
las parejas que tenéis la gran suerte de compartir la mayor parte de vuestro
tiempo, de esos momentos cotidianos que son los que terminan dando el verdadero
sentido a nuestras vidas, os doy mi más sincera enhorabuena. Aprovecharlo, que
todo tiene un precio, todo menos nuestro tiempo.
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