Para ser creativos primero tenemos que usar el mazo, luego el bisturí...
Hemos de destruir hasta los cimientos, aunque siempre quedará algo, para luego construir con la precisión del que busca con tensión, como el buen cirujano.
La naturaleza no es creativa, no tiene opciones. Nosotros sí. Somos racionales y por ello creamos aunque nuestra razón nos invite al reposo, al estado cómodo, conocido y nos límite.
Hemos de luchar por romper ese estado letárgico y arrojarnos al vacío de la creación. Esto es doloroso, pero la recompensa es el placer máximo, aunque efímera.
Es aire fresco de las primeras horas de la mañana que nos hace sentir el cambio. Lo demás es monótono, lo mismo, que aunque cómodo es rancio y cansino.
Nuestros sueños son acción creativa pura que regenera nuestras mentes cada noche. Están gobernados por estructuras racionales, ese cimiento que siempre queda, pero que rompen los esquemas lógicos.
Para ser creativos tenemos que desubicarnos.
No existe la creatividad pura, sería locura. El niño se acerca hasta que se mancilla, se corrompe de adulto.
Nuestra actualidad nos limita; necesitamos nuevos entornos que nos permitan un nuevo diálogo.
Somos rehenes hasta de nuestra creatividad. Es racional. Necesita un punto de irracionalidad.
La creatividad nace para morir joven, es puro devenir que alumbra para luego desaparecer.
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