miércoles, 27 de diciembre de 2017

Tabarnia viene a dar la Tabarra

Tabarra: molestar insistentemente pidiendo algo que se quiere conseguir. Pues sí, eso es precisamente lo que pone al descubierto esta Tabarnia que, al fin y al cabo, no es otra cosa que un ser virtual nacido como reacción a un ser muy real que azota a Cataluña y a España entera.


Supondremos que los principales sorprendidos (léase agredidos) serán los nacionalistas independentistas catalanes que han servido de leitmotiv de ésta, por ahora idea, que recorre e inunda las redes.

Voy a intentar poner al descubierto las flaquezas de esta Tabarnia... a ver qué pasa.

Quizás se la podría tachar de antidemocrática. ¿Qué clase de ciudadano reclama ese derecho a decidir cuando forma parte de un todo (léase Estado) que le ha permitido llegar a una nivel de vida nunca antes conocido en su historia? Si entendemos la democracia como una forma de convivencia social en la que sus miembros, libremente, establecen a través de un determinado pacto su coexistencia basada en acuerdos, parece, es verdad, poco democrático reventar este pacto (léase Estatuto, Constitución...) y establecer un supuesto derecho al margen de lo convenido soberanamente por el pueblo y recogido por la Ley. ¿Pero... ahora que pienso? Esto me recuerda a algo. Sí, sin duda, pero con una única diferencia: Tabarnia añade al independentismo catalán un aire de reacción ante precisamente lo aquí señalado. Nace como repulsa, como rechazo o repulsión a un sentir que no comparte ni quiere tolerar, con el único afán de restablecer un orden perdido y denunciar legítimamente lo intolerable. 

Quizás se la podría tachar de antisocial. Tabarnia, como todos ustedes sabrán, abraza ese territorio catalán generador de riqueza muy por encima del resto de la región de la que pretende independizarse. Dicho así suena realmente mal. Seguramente algo más que mal, pensarán ustedes. Pero claro, ¿por qué una parte del territorio que produce mucho más que el resto debe compartir solidariamente esa riqueza? Pues quizás por eso, por solidaridad. Además, por muy pequeño, pequeñísimo que sea un trozo de tierra donde cohabiten seres humanos, siempre, y siempre es siempre, una determinada zona será más próspera que otra en un determinado momento. Concretamente, en mi casa la zona más próspera es el salón, aunque últimamente la habitación de mi hijo parece que está reclamando la cabeza...Eso es de perogrullo señores míos. ¿Pero... ahora que pienso? Esto me recuerda a algo. Sí, sin duda, pero con una única diferencia: Tabarnia añade al independentismo catalán un... (y lo que sigue)

Quizás es un ataque en toda regla al Estado de derecho. ¿Pero qué es eso del Estado de derecho del que tanto se habla? Una entelequia, un algo irreal que nos mantiene maniatados sin poder ejercer nuestra soberanía y libertad, dirán los futuribles tabernianos sin despeinarse. Pero quizás, alguien que peine canas (o que sin peinarlas tenga dos dedos de frente), les podría decir que ante la ausencia del Estado de derecho democrático la vida es un pelín más complicada. También les podría recordar que para conseguir semejante cosilla muchos, muchísimos dieron algo más que un voto en una urna (quizás hasta su vida), y dicho sea de paso, precisamente para conseguir que hubiesen urnas, derechos, obligaciones, libertad, dignidad, democracia, convivencia, ciudadanía... Y lo que es todavía más difícil de comprender: se pretende establecer un nuevo espacio territorial fundamentado en la noble idea del Estado de derecho democrático inquebrantable...pero demoliendo el Estado de derecho democrático del que se procede. Incluso, alguno dirá que el problema radica en que no se vive en un real Estado de derecho democrático...ahhh, vale. Si no me gusta lo democráticamente establecido, fuera. Sí, muy democrático.  ¿Pero... ahora que pienso? Esto me recuerda a algo. Sí, sin duda, pero con una única diferencia: Tabarnia añade al independentismo catalán un... (y lo que sigue)

Y podría seguir mucho rato..., pero la verdad es que tengo sueño.

Pero, como decía más arriba, ¿qué pasó al intentar desentrañar las flaquezas de Tabarnia? Pues lo que era de esperar: se ponen al descubierto descarnadamente las miserias de todo nacionalismo que solo puede engendrar odio, desprecio, insolidaridad, egoísmo y tantas cosas más que no me las deseo ni a mí mismo en los sueños de esta entrada noche.

Bona nit a tothom¡¡¡








domingo, 24 de diciembre de 2017

Catalunya...y ahora, qué?

Han pasado las elecciones catalanas y la sensación general es que todo sigue igual. Volvemos a estar en el punto de salida y con una Cataluña manifiestamente dividida en una cuestión tan profunda y fundamental como es su relación con el resto de España. Y todo ello agravado por una situación política anómala y terriblemente compleja: políticos de primera fila y electos tras las últimas elecciones con casos abiertos de extrema gravedad, otros encarcelados y cuatro fuera de España.


Iceta y Donemech han sido los grandes derrotados de estas elecciones, o mejor dicho, sus propuestas han sido las grandes perdedoras. Quizás esto nos debería hacer pensar mucho a todos. Eran los únicos que apostaron por una solución transversal y centrada en el diálogo como única vía a la solución real al tremendo desaguisado que se vive en Cataluña. Además, la izquierda catalana ha quedado profundamente tocada, solo se salvó de la quema ERC. Desde mi punto de vista, Iceta y Domenech acertaron en la forma pero fallaron en el fondo. No fueron capaces de dar argumentos consistentes que atrajeran a sus filas tanto a independentistas como a no independentista. Solo la solución que destile estas razones será capaz de empezar a poner orden en este grotesco zipizape.


También parece claro que primaron los argumentos enfrentados sobre la independencia por encima de cualquier propuesta política. Quizás esto no nos debería cegar y dejarnos caer en una falsa interpretación sobre el peso de las izquierdas o derechas hoy en territorio catalán. En estos comicios este fue un tema secundario. Pero la situación es la que es. Tenemos una Cataluña dividida en dos. Y más allá hoy de las razones de cada una de las partes, posiblemente la raíz del problema esté en el mal planteamiento de inicio de todo este berenjenal incomestible.


Las partes enfrentadas, y ahora me refiero a los dirigentes políticos, han jugado sus partidas fuera de sus terrenos de juego legítimos. España no es el PP y los dirigentes catalanes no pueden prescindir del algo más del 50% de sus ciudadanos.

Aquí no debe buscarse ni una salida unilateral ni tan solo bilateral. El problema es la relación de todos los territorios, hoy autonomías, y la solución solo podrá venir si se encara desde una perspectiva multilateral. Cataluña y el resto de las autonomías deben ser capaces de articular una nueva manera de concebir su gobernabilidad dentro del Estado. Si no se aborda este problema desde su raíz y seguimos en la senda de la lucha estéril entre gobierno estatal y autonómico, el resultado será lamentable para todos.

Las demandas catalanas deben ser oídas y discutidas con el resto de sus “socios” autonómicos. Todos ellos deben ser capaces de encarar la situación del estado de autonomías que posiblemente necesite una revisión en profundidad. Y cuando digo todos, es todos. Deben asumirse nuevos y reales compromisos, redefinirse el espacio y acabar con agravios comparativos más que evidentes. Pero claro, para todo ello quizás necesitemos políticos de más altura o menos miopes.


De entrada, la idea de un Estado opresor, como ente malévolo encarnado en una derecha representada por el PP, desaparecería del argumentario catalán, que de manera tan victimista ha utilizado durante demasiado tiempo, alimentando un odio innecesario y absolutamente estéril, pero eso sí, seguido por legión de catalanes. El Estado regularía, dentro del marco jurídico y constitucional actual, los necesarios avances discutidos entre los territorios. Pero no impondría ciegamente su poder amparado en la sola Ley al margen del ansiado e insustituible diálogo. No ha sido capaz de oír el clamor de un pueblo catalán, que paradójicamente ayudó a consolidar, y propiciar ese diálogo interterritorial sin lugar a dudas necesario e inexcusable. Y no solo hablo de temas económicos: hablo de temas que mucho tienen que ver con los ciudadanos y su convivencia solidaria, cooperativa y social. Vamos, con sentirse partícipes e integrantes de una realidad compartida.

Hemos estado durante meses hablando de la empresas que se han marchado de Cataluña sin darnos cuenta que alimentábamos esa ruptura independentismo-gobierno central. Esas empresas se iban a España, pero a esa España de la que también forma parte Cataluña. Nadie duda que es un mal económico para el territorio catalán, pero la sensación emocional daba alas al separatismo por sentirse todavía más ajeno a todo lo que tuviese olor o color a España. Se iban fuera, y punto¡¡¡ Ese era el mensaje al pueblo catalán con profundo arraigo separatista hoy. España representaba ese fuera, siendo esa España un gobierno y no un conjunto de territorios con intereses comunes y compartidos. Que tremendo y colosal error¡¡¡¡¡¡Y así en mil cuestiones más.

Que falta de perspectiva…


viernes, 1 de diciembre de 2017

El "procés" contra el "procés"

Lo cierto para mí es que el conflicto daña más los intereses de los independentistas que los de aquellos que no lo son.

Me viene a la memoria ese magnífico librito de Thomás kuhn en el que nos brindaba una explicación al avance de la ciencia en el discurrir de la historia, bajo el sencillo esquema de paradigma establecido-crisis-nuevo paradigma. En principio puede parecer que nada tiene que ver con la situación de hoy en esa parte del territorio español que es Cataluña, pero yo creo que sí que ayuda a visualizar un posible futuro al grave conflicto.

No me cabe duda de que si la situación que se vivía en el territorio catalán no hubiese eclosionado de manera tan abrupta, el independentismo seguiría, lenta pero indudablemente, creciendo. Es decir, desde hace ya muchos años se viene cociendo a fuego lento en Cataluña el camino hacia la ansiada independencia. 
No me voy a extender aquí en explicar todo lo que se ha llevado a cabo desde que nacieron las autonomías en Cataluña al respecto, ya existe suficiente literatura que lo comenta y explicita con pelos y señales, además de estar mucho más autorizada y preparada que yo en el tema.

¿Qué ha pasado entonces? Pues, que según mi parecer, los independentistas han puesto al descubierto ante el mundo ese plan que tan bien venían cuajando desde hace años. ¿Y esto que repercusiones tendrá? Pues, como es lógico, que todos aquellos, catalanes o no, que permanecían impávidos ante el avance incesante de los postulados independentistas, han despertado a la realidad. Y esta realidad a muchísimos no les ha gustado nada, ni lo más mínimo.

Ahora estamos inmersos en una profunda crisis política, institucional y ciudadana. Necesariamente esta crisis desembocará en un nuevo paradigma social. El anterior, en el que unos hacían su camino mientras otros miraban hacia otro lado, ha quedado obsoleto. Ahora, en plena crisis, las posiciones enfrentadas tendrán que presentar toda su artillería y tras un periodo convulso, una de las posiciones saldrá victoriosa.

No será tarea fácil, el 21D será la primera prueba de fuego.

Según mi parecer, y que ya aviso que en nada concuerda con las encuestas que se presentan estos días, el bloque no independentista ganará estas elecciones holgadamente. Otra cosa será como articulan esa victoria. Mis previsiones no se basan en mi interés particular, -sería necio y absurdo-, sino en simple aritmética, en cálculos básicos matemáticos. De todas formas me puedo equivocar soberanamente, ya veremos.

Pero en lo que creo que me equivoco menos es en pensar que este ha sido un mal negocio para los legítimos anhelos de los independentistas, que ahora tendrán un camino menos suave o tranquilo para llevar a cabo su propósito. Precipitarse casi nunca es bueno, casi siempre desemboca en la improvisación y el desconcierto más absoluto. Asistimos atónitos a una escena de nuestra historia en la que políticos catalanes de baja talla, que no dudaron en apear al propio Mas, han sido los verdugos de su propósito, paradójicamente. Estarán, a partir de sus actos desproporcionados, estériles y de corta vista, bajo la atenta mirada de medio mundo y, lo que es aún más importante, de los catalanes que no entienden o comparten sus ideales, entre los que me incluyo de forma decidida.