Lo cierto para mí es que el conflicto
daña más los intereses de los independentistas que los de aquellos que no lo son.
Me
viene a la memoria ese magnífico librito de Thomás kuhn en el que nos brindaba
una explicación al avance de la ciencia en el discurrir de la historia, bajo el sencillo esquema de paradigma establecido-crisis-nuevo paradigma. En
principio puede parecer que nada tiene que ver con la situación de hoy en esa
parte del territorio español que es Cataluña, pero yo creo que sí que ayuda a
visualizar un posible futuro al grave conflicto.
No
me cabe duda de que si la situación que se vivía en el territorio catalán no hubiese eclosionado de manera tan
abrupta, el independentismo seguiría, lenta pero indudablemente, creciendo. Es
decir, desde hace ya muchos años se viene cociendo a fuego lento en Cataluña el
camino hacia la ansiada independencia.
No
me voy a extender aquí en explicar todo lo que se ha llevado a cabo desde que
nacieron las autonomías en Cataluña al respecto, ya existe suficiente
literatura que lo comenta y explicita con pelos y señales, además de estar mucho más autorizada y preparada que yo en el tema.
¿Qué
ha pasado entonces? Pues, que según mi parecer, los independentistas han puesto
al descubierto ante el mundo ese plan que tan bien venían cuajando desde hace
años. ¿Y esto que repercusiones tendrá? Pues, como es lógico, que todos
aquellos, catalanes o no, que permanecían impávidos ante el avance incesante de
los postulados independentistas, han despertado a la realidad. Y esta realidad a
muchísimos no les ha gustado nada, ni lo más mínimo.
Ahora
estamos inmersos en una profunda crisis política, institucional y ciudadana.
Necesariamente esta crisis desembocará en un nuevo paradigma social. El
anterior, en el que unos hacían su camino mientras otros miraban hacia otro
lado, ha quedado obsoleto. Ahora, en plena crisis, las posiciones enfrentadas
tendrán que presentar toda su artillería y tras un periodo convulso, una de las
posiciones saldrá victoriosa.
No
será tarea fácil, el 21D será la primera prueba de fuego.
Según
mi parecer, y que ya aviso que en nada concuerda con las encuestas que se
presentan estos días, el bloque no independentista ganará estas elecciones
holgadamente. Otra cosa será como articulan esa victoria. Mis previsiones no se basan en mi interés particular, -sería necio
y absurdo-, sino en simple aritmética, en cálculos básicos matemáticos. De todas
formas me puedo equivocar soberanamente, ya veremos.
Pero
en lo que creo que me equivoco menos es en pensar que este ha sido un mal
negocio para los legítimos anhelos de los independentistas, que ahora tendrán
un camino menos suave o tranquilo para llevar a cabo su propósito. Precipitarse casi nunca es bueno, casi siempre desemboca en la improvisación y el desconcierto más absoluto. Asistimos atónitos a una escena de nuestra historia en la que políticos catalanes de baja talla, que no dudaron en apear al propio Mas, han sido los verdugos de su propósito, paradójicamente. Estarán, a partir de sus actos desproporcionados, estériles y de corta vista, bajo la atenta
mirada de medio mundo y, lo que es aún más importante, de los catalanes que no
entienden o comparten sus ideales, entre los que me incluyo de forma decidida.
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