jueves, 10 de enero de 2019

Tu verdad o la mía

Tu verdad o la mía 




Quien no ha discutido alguna vez defendiendo su postura ante la mentira insultante de su adversario?

Nos ha pasado a todos, sin excepción.

Hoy quiero centrarme en esas ocasiones en las que nuestra verdad es para nosotros clara y diáfana, vamos, que lo tenemos tan claro que no nos asalta ni la más mínima duda pero que... sin darnos cuenta estábamos equivocados...


Sí,  dicho así parece una incongruencia, pero pasa mucha más a menudo de lo que nos podríamos imaginar.   

Es muy normal que sin darnos cuenta deformemos acontecimientos vividos hasta tal punto que pueden terminar siendo muy diferentes a la realidad por nosotros mismos vivida. Los recuerdos los vamos maquillando con el paso del tiempo y nos convertimos en artífices de verdades que no siempre son un fiel reflejo de las experiencias vividas. Cuando estas experiencias han sido compartidas con alguien, el cóctel está servido.

No ocurre siempre ni mucho menos, pero sí es más habitual de lo que en un principio nos podríamos imaginar. Y lo cierto, es que los que defienden versiones de un mismo hecho diferentes, lo hacen con la plena certeza de que fueron tal y como las cuentan o recuerdan, es decir; el otro o se equivoca, o tiene mala memoria, o descaradamente miente. Pero es que el otro piensa exactamente lo mismo. En la mayoría de los casos quizás uno se acerca más que otro a la verdad, pero siempre hemos de tener presente que el maquillaje, en mayor o menor medida siempre está presente. La memoria es débil y la imaginación, portentosa.

Ojo al próximo día en que te enzarces en una discusión: quieras o no, tienes mucha imaginación. Dónde la memoria flojea, la imaginación trabaja...


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