jueves, 14 de noviembre de 2019

Para los problemas de Estado, soluciones de Estado.




A nadie se le escapa que la situación en España afronta uno de sus momentos más complicados desde que se estableció la democracia.

Son dos las cuestiones que se deben afrontar con determinación si no queremos vernos abocados a una deriva de consecuencias altamente preocupantes. Nos estamos jugando todos lo mejor que tenemos; nuestra convivencia y subsistencia en un estado de derecho democrático.

Por una parte tenemos el gravísimo problema de la cuestión territorial y, por otra, la ascensión de planteamientos políticos extremos, tanto por la derecha como por la izquierda.

En un mundo cada vez más globalizado y en el que los planteamientos políticos bipolares han desaparecido y, además, nos movemos dentro unos mecanismos perfectamente conocidos por todos, cualquier postura que se postule como la mejor, única e irrenunciable al margen del resto, carece de toda lógica y solo contribuye a empeorar cualquier situación. Dentro de este panorama general, España se encuentra hoy especialmente expuesta.


Tras las elecciones del 10N la configuración del nuevo gobierno debería pasar por opciones hasta ahora inexploradas, carentes seguramente de sentido y necesidad si no estuviéramos en la situación que estamos.

Es necesario un pacto de Estado entre aquellas posturas, que aunque no compartan ideología, su posicionamiento sea menos extremado y sean por ello capaces de reconducir la situación en las que nos encontramos hoy.

El PSOE, el PP y C’S deberían conforman gobierno con una mayoría solvente, al margen ahora de derechas e izquierdas, y abrir todos los cauces posibles para dialogar con posiciones más extremas con el fin único de solucionar problemas que, de diferente manera, se irán enquistando cada día más.

Es un pacto de Estado, inexplorado, que basa su fuerza en dejar al margen las posiciones extremas que solo contribuyen en estos momentos a intoxicar la convivencia y a cerrar cualquier posibilidad de dialogo. Asimismo, esta alianza representaría a la mayoría de nuestra ciudadanía.


Para ello hay que tener conciencia de estadista, más allá de planteamientos sesgados por la propia ideología, que en determinadas situaciones deben ser superadas con el fin de establecer bases de razonabilidad absolutamente necesarias que hoy, lamentablemente, hemos conseguido erradicar.

Los planteamientos de Vox o los de Unidas Podemos y determinadas fuerzas nacionalistas y soberanistas, son de una naturaleza demasiado excluyente y, por ello, contribuyen únicamente a radicalizar posturas enfrentadas y alejadas absolutamente del más mínimo acuerdo.

Solo la moderación de los discursos y un dialogo templado, capitaneado por un gobierno de corte no radical, -y, repito, importa hoy poco que sea de derechas o de izquierdas- conseguirá reconducir la situación y encontrar un espacio de verdadera política, totalmente necesario si pretendemos superar nuestra delicadísima realidad actual.




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