viernes, 13 de marzo de 2015

Independentismo catalán

Parece ser que en las últimas semanas se ha desinflado un poco el movimiento independentista catalán, o al menos eso reflejan las encuestas. Lo que puede ser probable, al margen de sondeos sociológicos cada día más puestos en duda, es que las circunstancias parecen apuntar en esa dirección.

La realidad nos confirma día a día que ante cualquier acontecimiento son muchos los que se apuntan pero luego no tantos los que aparecen cuando toca. Y lo que cada día está más a tocar son las elecciones, tanto unas como otras.

Pero lo que personalmente me inclina más a pensar en un posible estancamiento o retroceso del movimiento independentista, viene dado precisamente por el reencuentro de esta España maltrecha con la senda que Europa le demanda. Nos guste más o menos, tiene hoy un peso específico dentro del panorama europeo que la obliga a tirar, quiera o no quiera, pueda o no pueda, del carro del viejo continente, al que le faltan caballos para que todo esto no se convierta en un desaguisado todavía mayor.
De esta forma, el sentimiento que recorrió a todas las regiones españolas sin excepción, 
-que en Cataluña se aprovechó oportunistamente-, de no querer formar parte de esta España que a nadie gustaba, parece que va menguando a la par que crece o crezca el peso específico de la cuarta o quinta potencia europea que representa España. Es decir, en este baile que a todos los niveles supone esta crisis, ninguna autonomía, región, provincia e incluso ciudadano, quería bailar con la más fea que era nuestra España. En Cataluña se utilizó para, desde arriba hasta abajo, reafirmar el soberanismo que prefería bailar solo antes que mal acompañado. Pero claro, bailar solo implica que se te ve más y aquí se les ha visto el plumero...y lo que no era plumero, sino las vergüenzas de demasiados sinvergüenzas.  


Sea como sea, Cataluña ha demostrado por sí misma que forma parte de esta España, fea y maltrecha, y ha distado mucho de estar a la altura suficiente como para hacer creíble un mensaje que trataba de culpar a otros de unos pecados que eran compartidos. Cataluña intentando independizarse de esta España ha puesto sobre el tapete que es más castiza que un chotis, y que aunque hable otra lengua, el contenido de sus palabras está tan manchado como la que más entre las varias que configuran este trocito de Europa que ésta, sin más remedio, pondrá en su sitio.

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