martes, 24 de marzo de 2015

Negocios y negociantes.

Un pequeño apunte sobre el mundillo de los negocios. Son muchísimas más las personas que montan un pequeño negocio que las pocas que manejan las grandes empresas de este planetilla llamado Tierra.

Pero hay una cosa que los diferencia, el grado de implicación. Los pequeños o diminutos empresarios integran de tal manera el negocio a su persona que se olvidan de un aspecto importantísimo: saber perder. Es normal, todos nos queremos mucho. Pero si se fracasa, es bueno tener presente que fracasó el negocio, no la persona. ¿O acaso nació panadero o mecánico? Ésta es simplemente una de las muchas maneras que tiene usted, querido amigo, de desarrollarse laboralmente, pero no la única y posiblemente tampoco la mejor. Ahora hablaré de este saber perder, pero antes dejadme que os diga una cosa. Las grandes sociedades, de diferente forma, son dirigidas por personas que no se integran de tal manera. No os asustéis si os digo que hay empresas que tienen mucho más integrados a sus operarios que a muchos de sus directivos. Esto es así.

Volviendo a lo de saber perder, todos estamos preparados para ganar, eso lo asumimos perfectamente. Lo que ya no hacemos igual de bien es asumir la derrota. Y es precisamente aquí dónde radica el éxito de muchos pequeños negociantes. No digo que tengamos que estar concienciados que vamos a fracasar, tremenda estupidez. Lo que digo es que tener muy presente la posibilidad de la derrota (de nuestro negocio, no personal), te hace mucho más fuerte: primero, porque deja de ser un enemigo al que no quieres mirar, y de esta forma no te atacará por la retaguardia. Segundo, porque al tenerlo delante mediremos mucho mejor nuestras fuerzas al comenzar la batalla y durante la misma. Y por último, porque si finalmente fracasamos, saldremos de esta guerra con la fuerza necesaria para emprender otra batalla, por la simple razón de que no nos pilló por sorpresa, formaba parte de las posibilidades del plan.

Y no olvidar que llegado el caso de cerrar la barraca, sólo fracasó un negocio, no la persona. Seguramente no era el negocio oportuno. Mira que te apasiona y ahí estará, que la vida es demasiado corta para dedicar tantas horas a algo que no te llene. E incluso, puede ser que te resulte hoy gratificante pero mañana quieras cambiar, adelante y ánimo, que los políticos no arreglarán el país, pero tú sí. 


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