martes, 14 de abril de 2015

Disciplina y Hábito...extraña pareja...y potente.

Estas letras van dirigidas a vosotros estudiantes, a vosotras mujeres trabajadoras, a vosotros papás, a vosotras mujeres que gobernáis, a vosotros que ya no trabajáis, a los jóvenes, a los ancianos, a...a todo el mundo.

Los hábitos son aquellas cosas que como dice la palabra hacemos habitualmente. Aunque sólo sea por esta incansable repetición se convierten en acciones que requieren un esfuerzo mínimo, vamos, que las hacemos sin sentir, como se dice. Eso está bien, pero claro, como todo tiene sus contraindicaciones.

Fácilmente nuestros hábitos terminan perfilando nuestra manera de ser, y eso es muy lógico, pero estamos tan habituados a llevar a cabo determinadas acciones que pasamos por alto cuestiones a las que deberíamos prestar, como mínimo, más atención. 

Hablemos ahora de disciplina. Ésta sería llanamente la capacidad de hacer lo que no nos gusta. Es decir, una persona golosa por disciplina no se come un pastel trufado, sino que más bien dejaría de hacerlo. Así, ¿qué pasaría si con un gran esfuerzo y la enorme disciplina que requiere realmente dejará de comer pasteles y golosinas? Dicen los entendidos en la materia que pasado un tiempo, que incluso son capaces de datar, la disciplina se transformaría en nuevo hábito.

Tenemos así la siguiente serie. Hábito, disciplina, nuevo hábito.

Está bastante claro que los hábitos, que nos resultan cómodos y conocidos, no los vamos a abandonar sin más, son parte de nuestro patrimonio personal... Pero claro, los hábitos no aparecieron de la nada. Antes de instalarse y hacernos la vida un poco más cómoda, tuvieron que pasar su prueba de fuego, es decir, nos tuvimos que habituar a ellos. En otras palabras, tuvimos que disciplinarnos hasta asumirlos como propios.

Lo verdaderamente interesante de todo esto no es que sea así, eso es lo que menos me importa ahora, sino las contraindicaciones que mencioné más arriba y que no debemos pasar por alto.

Contraindicaciones de los hábitos: que una vez instalados en ellos confortablemente no seamos capaces de ver más allá de la inmediatez a la que nos pueden someter.

Mundo en general, no debemos ser tan miopes que no veamos que nuestros hábitos, buenos y necesarios, deben estar en continua revisión y pasar por el tamiz de la poco deseada disciplina, llegado el caso, que aunque dura y angulosa, nos permitirá aposentarnos en confortables nuevos hábitos, seguramente más convenientes y provechosos para todos.

La mala disciplina, ojo, da sus frutos: malos hábitos. Pero esa es otra historia.

Sólo la buena disciplina es capaz de conseguir que algo que en un principio nos resultó tedioso se convierta en provechoso hábito.


Estudiantes, gobernantes, jubilados, amos de casa, políticos, empresarias, jueces, barrenderos… ¿tenéis hábitos por revisar?

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