Imaginaos por un solo instante un delicioso pastel rodeado de
otros tantos tras el cristal de la mejor confitería que conozcáis. Y tras el
cristal a alguna mujer golosa que se lanzaría sin pensar, pero se contiene
porque estamos en abril y dentro de poco no quiere tener que preocuparse por
esos incomodos michelines que no la dejan lucir sus mejores prendas.
Por supuesto no voy a hablar hoy de
pasteles, ni de michelines o primavera. Voy a intentar esparramar unas letras
sobre una cuestión bastante punzante en nuestra sociedad: la reiterada queja
compartida entre demasiadas parejas sobre el desencuentro en cuanto a la
frecuencia de las artes amatorias... vamos, de acostarse no precisamente para
dormir.
La introducción del pastel creo que no es
en vano y arroja bastante más luz de lo que parece a primera vista. Pero
vayamos por partes.
Primero busquemos argumentos naturales o
naturalistas que justifiquen de alguna manera tremendo desaguisado conyugal o
de pareja. La naturaleza es muchísimo más sabía de lo que pensamos. Existe en
diferentes especies eso que se llama celo y considerando que nosotros somos una
especie más del montón, se podría argüir que posiblemente quede alguna
reminiscencia de ese celo en la mujer que la lleva a controlar, por decirlo
suavemente, el deseo desenfrenado del hombre, ya que éste parece que carece desde el origen
de los tiempos de ese período concreto de excitación propicia para el
apareamiento; para el macho cualquier periodo es propicio. Bueno. Podría ser.
Aunque entonces, ¿porque las madres con la socialización consumada en la que
vivimos han perdido el instinto materno tan presente en otras especies?, y en cambio este del celo lo conservan, nos podríamos preguntar. A una
mamá humana en el momento del nacimiento le cambian su cría y nunca lo sabrá, a
otros animales ni lo intentes...
Luego esta Dios. Ahí hay poco que
contradecir. Podríamos decir: en su inmensa sabiduría legó a la mujer el don de controlar una
muerte súbita de la especie humana. De diferente manera hoy no seriamos 7000
millones, sino tantos que ya habríamos acabado hace tiempo con este planetilla
que habitamos. Además fijaos que todo cuadra. Primero creó al hombre y cuando vio
la tremenda bestia sexual que había fabricado, tuvo tiempo de rectificar al
crear a la mujer y configurarla de tal manera que pusiera orden al asunto. Qué
lástima que no crea en Dios, el tema estaría más que resuelto...cómo casi
todos. ¿Será por eso por lo que no creo?
Luego está la opción que puede ser más
real de lo que parece. A lo mejor es posible que no exista tal desacuerdo en
cuanto a lo sexual y las señoras apacigüen sus ansias con otras parejas...pero
esto mejor dejarlo.
Los sabios sexólogos también apuntan al
diferente estímulo necesario para levantar la libido de hombres y mujeres. Sí, claro, muy
cierto. Pero sí sólo fuese eso tengo bastante claro que existirían academias
para hombres, por supuesto, dónde se impartirían clases sobre el tema. Si los
resultados fuesen garantizados, aseguro que estos centros de formación estarían
llenos hasta la bandera... ¿alguien se quiere matricular? Ahí lanzó una idea de
negocio si lo veis tan claro amigos sexólogos, o a vosotros si tenéis vuestras academias de artes varias vacías, reciclarse o morir...
Pero ahora ya en serio (no sé si podré),
volvamos al comienzo de este zafarrancho de letras. Hablaba más arriba de ese
delicioso pastel y los ojos golosos que lo contemplaban. Si bajamos a las
cavernas del conocimiento y analizamos la secuencia del pastel con detenimiento observamos
lo siguiente: una mujer deseosa que mide, a saber; si me como este pastel que
me ofrecerá verdaderos momentos de éxtasis, tendré que pagar una factura muy
alta cuando me ponga mi magnífico bikini y parezca que lleve un flotador
tatuado en la cintura. Automáticamente da un paso al frente, se aleja de la
tienda de los pecados y se sumerge en sus quehaceres cotidianos, no sin mala
cara y un cierto grado de estrés añadido.
Ahora transportemos esto a nuestro tema
central. Imaginar a ese misma mujer (y cuidado que no se comió el pastel
y tiene cierto enojo ya instalado) delante de su cama. Sabe perfectamente que
momentos también de éxtasis se dibujan bajo esas sábanas, pero mira a su
alrededor y ve lo siguiente: unos calzoncillos arrugados al lado de la mesita,
arropados cariñosamente por unos pantalones enmarañados aún cogidos a unos
calcetines, al lado de unos zapatos boca abajo y sucios. Levanta la cabeza y
oye, para su horror, un estruendoso pedo que sale del baño y un gruñido que la
asustaría si no supiese perfectamente a que animal pertenece. El resto del día
imaginarlo como queráis pero el resultado está cantando. Esta pobre mujer mide
y por supuesto actúa en consecuencia.
Seguramente la próxima tarde cuando pase
por la pastelería entrará sin levantar la cabeza y se sumergirá en las delicias
del chocolate para elevar su ánimo, porque su libido necesitará toneladas de lo
que no encuentra en casa para florecer como merece.Gestos pequeños tienen resultados asombrosos. Probarlo.
Normalmente todo es más fácil de lo que parece.


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