martes, 10 de noviembre de 2015

Jamones por Navidad en Cataluña

A jamonazos por Navidades van a acabar más de dos familias en las fechas venideras. La sarta de políticos de tres al cuarto que nos gobiernan ha conseguido afianzar una fractura social en Cataluña sin precedentes. Nunca antes el pueblo catalán había estado tan dividido y el futuro, queridos amigos, no parece nada halagüeño. 
Por poner un ejemplo, de los que ya son pan de cada día, estoy personalmente en dos grupos de whatsapp totalmente discordantes. Vamos, si algún día para mi desgracia mezclo los mensajes que leo en ambos, se lía la de San Quintín...entonces también reinaba un Felipe en España...ya veremos...

Lo realmente dantesco de toda esta locura compartida y contagiosa es que responde a pensamientos estériles que atentan contra la más básica libertad de los individuos.  
La libertad de todo individuo solo tiene sentido plantearse dentro de un contexto social, compartido, y precisamente este sistema de relaciones hoy es la Democracia y el Estado de Derecho que la ampara. A un ser a-social (piénsese en un posible Mas, o un Rajoy, o cualquier otro solitario políticucho en una isla) poco le importaría la libertad individual, su única preocupación sería su subsistencia como individuo individual. Pero la realidad es bien diferente. Somos un ser social, aunque demasiados no lo entiendan y se crean Robinsones entre multitudes.

Esta asociación irrenunciable entre libertad del individuo y vida en comunidad se resuelve a partir de un pacto, de un contrato, de una ley. Si pretendemos ejercer nuestra libertad como individuos más allá de la ley establecida, aparece el conflicto. ¿Hay que ser esclavo de una ley eterna? Por supuesto que no. Pero desde luego si son intereses partidistas y que atenten contra la libertad de otros individuos los que abanderan la desobediencia, hemos entendido muy poco de lo básico.

La ley establecida debe supeditarse tan solo a otra ley, que por supuesto pugnará con la que intente derrocar, pero que lo conseguirá con argumentos y razones infinitamente más contundentes que los esgrimidos hasta hoy en Cataluña. Tenemos un problema de ajedrez y lo intentan resolver jugando a damas. Triste y preocupante.
Hastahora

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