martes, 20 de diciembre de 2016

Sociedad asertiva: ¿existe?

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Ahora que demasiadas personas se autoproclaman apolíticas, estas cuatros letras intentarán decir algo sobre la asertividad teniendo como centro eso que llamamos política y confundimos, desgraciadamente, con los políticos.


La politica


La política sería algo así como la actividad que llevan a cabo los que gobiernan con el fin de organizar las sociedades a las que representan. Me quedo con esto último: "...organizar las sociedades a las que representan". 

Como formamos todos, sin excepción, parte de esa organización, tenemos básicamente dos opciones: 
  • Pasividad total, desentendiéndome de todo y preocupandome sólo de lo estrictamente personal, es decir, dejar que en las cuestiones comunes unos hagan según lo elegido por otros que votaron,
  • actividad, bien sea únicamente eligiendo e involucrandome en lo común, en lo que concierne a todos, o, además, ejerciendo de "político".
Sea como sea, lo que está muy claro es que formamos parte de la organización social, nos agrade más o menos, y puestos a no poder escapar parece lógico participar en su organización de la manera que nos parezca más conveniente. La pasividad, aunque en principio digamos eso de "yo no molesto a nadie", nos  condena a ir arrastrados por la corriente, muchas veces sin gustarmos, y lo que es peor, sin ni tan solo haber hecho nada por intentar evitarlo. Y eso no es bueno, nada bueno para nadie.


Los políticos


Hablemos ahora de los políticos, los que gobiernan y por desgracia cuentan entre sus filas con demasiados que se sitúan en el polo exactamente opuesto al de los pasivos al de los despreocupados, desinteresados o indiferentes con la organización de nuestra sociedad.
Estos gobernantes (o pseudo) desarrollan un talante agresivo, incluso diré que rabioso, que poco entiende y menos aún respeta las ideas de los demás. Sus intereses son tremendamente interesados, su forma de ver el mundo se sitúa muy cercana al pensamiento único, el suyo por supuesto, y las necesidades e inquietudes del otro son absolutamente despreciadas. Desde luego, igualmente poco asertivos. También hay gobernantes honestos y honrados, pero aquellos existen, y sin duda en exceso.


¿Qué demonios pinta aquí eso de la asertividad?


Pues bien, ahora sí, la asertividad la manifiestan aquellas personas que sin necesidad de ofender o menoscabar el pensamiento de los demás, no dudan en posicionarse y expresar sus opiniones o convicciones

Esta manera de comunicarse tiene ya de entrada un doble valor: me vacuna contra la actitud pasiva en la que los demás terminen decidiendo por mí, sea lo que sea, y además me concede la capacidad de escuchar a los otros respetando sus ideas y posiblemente mejorando ambos, si el otro, por supuesto, también mantiene en su conducta de igual manera un talante asertivo. 

¡Se puede hoy pedir más¡

Creo que está claro, nuestra sociedad necesita ser más asertiva, ¿te apuntas?


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viernes, 16 de diciembre de 2016

Gracias al que mal llamaron "caranchoa"

Tras la tremenda repercusión en los medios de un hecho como el que seguro ya conoces, me parece un momento propicio para abordar cuestiones de un calado más profundo del que podría parecer a primera vista.


La cuestión podría resumirse en el bofetón merecido a un “niñato” inconsecuente.


Y así es. Ahora se podría abrir el debate de “la violencia no conduce a nada”; o no se puede permitir la agresión como respuesta o similares. Estamos hablando de un bofetón que supongo que hasta su propia madre le habría dado si hubiese tenido la oportunidad de hacerlo. En la sociedad de lo políticamente correcto terminaremos hasta pidiendo permiso por respirar el aire de la persona que tengamos a nuestro lado, por respeto a su espacio vital ¡¡¡


Pero más allá de estas consideraciones que aquí poco me importan, sí que me gustaría aprovechar para señalar o recordar lo incongruente del “todo vale” y las terribles consecuencias que lo acompañan.

El “todo vale” nos sitúa en un espacio muy peligroso. Seguramente este youtuber, o proyecto de youtuber (les tengo una gran simpatía y espero que casos como este no dañen su imagen global), anduvo algo despistado en sus clases de filosofía del insti o en las maneras básicas de comportarse que seguramente le intentaron inculcar sus padres.
Sea como sea, corremos el riesgo de confundir la libertad personal con ese “todo vale” tan dañino.

Cada persona debe ser responsable de sus acciones y asumir las consecuencias. Hasta aquí parece que no hay problema o todo el mundo lo entiende. Pero esto, aun siendo necesario no es ni de lejos suficiente. La contrariedad aparece cuando se nos dice que hemos de evitar el bien propio fundamentado o centrado en el egoísmo de nuestras acciones más allá o por encima del bien común. Aquí la cosa chirría. Nuestro abofeteado seguramente se durmió cuando le hablaban de Kant en clase, aunque ahora seguro que lo despertó el mensajero. Qué curioso, verdad: el mensajero ¡¡¡

Pues ese mensaje simplemente nos recuerda que todas nuestras acciones están referenciadas en un marco contextual que no podemos obviar. El “todo vale” ni mucho menos vale y cada una de nuestras actuaciones deberían contemplar que hay un otro además de nosotros mismos.


Pero, por desgracia, en la sociedad se nos transmite la mezquina idea de que miremos por nuestro culo, que el prójimo ya hará lo propio por el suyo. Siendo esto así no debemos olvidar que, más pronto que tarde, todos saldremos perdiendo y las bofetadas, aunque ahora nos riamos viendo al desangelado youtuber, las recibimos cada día todos aunque no se hagan tan famosas.


Creo que nunca antes una simple bofetada había “sonado” tanto; espero que no hagamos oídos sordos y nos ayude a despertar, aunque solo sea a cuatro más…

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Sano juicio compartido

¿Qué es eso del sano juicio compartido? Muy simple.

Cuando una sociedad ha madurado lo suficiente como para lograr toda ella reivindicar lo evidente, podríamos decir que ostenta un sano juicio compartido.

Pero está muy claro que en nuestras Españas, porque para colmo parece que hay más de dos o tres o yo que sé cuántas, esto ni se huele. 

¿Qué ocurre? 

Obvio. Nos las cuelan sin ni tan sólo preocuparse por que las paremos.

Bancos, autopistas, impuestos infames, irresponsabilidades con nombres y apellidos...bueno, para que seguir, sería inacabable. Piénsenlo ustedes, que a mí me da cierto vértigo.

Hasta que no entendamos que sólo la voz del pueblo unida callará lo que haga falta, estamos vendidos. 

Tengo una extraña sensación entre pena, asco y hastío que no termino de asimilar o digerir. 

Cuando lo evidente e incuestionable no se ve...creo que no hay ya ni palabras.

Solo se me ocurre una cosa: todos o demasiados somos iguales que los que mandan o que alguien me lo explique, por favor.

Pero nada, a seguir contentos que según parece estamos más que acostumbrados a este borreguismo superlativo. Y ojo, me pongo el primero, que quizás sea lo que más me duela. Amén.



Hablemos de sexo...que siempre da risa

Enciendes la TV, ojeas el diario o escuchas la radio y te dan ganas de llorar. Mejor hablemos de sexo, un poquito y para reirnos...

No deja de sorprenderme algo tan natural o habitual como el sexo. Cada vez que hablo con alguien sobre el tema me cuenta algo que desconozco relacionado con el más común y necesario de los quehaceres humanos,…y desde siempre. Que si con temperatura elevada el orgasmo es más intenso, que si somos más listos cuanto más lo practicamos, que si los polacos la tienen…bueno, mil y una historias para no dormir, en la cama…


Está claro que si Freud le dedicó tanta atención –aunque si somos honestos él hablaba de sexualidad, en un sentido más general- es porque tiene mucho por descubrirse sobre el tema.

A mí personalmente me parece algo tan maravilloso que incluso sobrepasa lo natural. Me explico. Parece que está claro que la naturaleza, en su inmensa sabiduría, concibió el acto sexual como algo que garantizaría la perpetuidad de las especies. Pero claro, si al mismo tiempo eres un poco seguidor del señor Darwin, y piensas como él que fue una selección natural la que nos permitió evolucionar: ¿dónde se dio el paso evolutivo que nos catapultó al sexo como garantía de vida? ¿Hubo seres no sexuales y por mejor adaptación al medio apareció un amante del sexo que triunfó y desterró a aquellos? –ahora que escribo esto le estoy poniendo cara y todo a semejante espécimen, jajaja…- ¿seguiremos evolucionando hasta que aparezca un ser que sin sexo prolifere más satisfactoriamente?


Sea como sea, se abren tantas preguntas al respecto que no sé yo si la naturaleza estará para tantos trotes.


Es por esto por lo que decía lo de sobrenatural. Imaginemos ahora que no se trata de la naturaleza, sino de un algo creador. Aquí no quisiera ofender a ningún creyente ni religioso, nada más lejos de mi intención. No pienso en ningún Dios ni nada por el estilo de los conocidos y venerados. Merecen todos mis respetos.


Me refiero más bien a la idea de un jefe que tuviese que ocuparse de garantizar que los seres humanos, conociéndonos, tuviésemos que hacer algo para no extinguirnos. Si os fijáis, nos hartamos de casi todo y somos terriblemente vagos: en realidad sólo hacemos las cosas por necesidad, no nos engañemos. Si para perpetuarnos tuviésemos que hacer incluso lo que más nos guste por los siglos de los siglos, descontando el acto sexual y comer, estaríamos listos, no lo dudéis. Bueno, mejor dicho hace ya mucho tiempo que no estaríamos aquí.


Me parece imposible que nuestra torpeza, sumada a la ausencia total de acuerdo cuando hay más de dos personas,  hubiese dado con la tecla de esto del sexo: es algo que hacemos incansablemente desde tiempos inmemoriables; simplemente maravilloso. Y si somos el más listo de los seres: ¿quién se ocupó de inventar el tema?...

Pues eso, ese supuesto Jefe fue increíblemente listo. Ideo el acto sexual, que repetimos durante toda la vida, y todos¡¡¡¡ o casi, y luego además pensó que hasta el próximo encuentro, que sería más pronto que tarde, fuésemos comiendo algo para no aburrirnos demasiado. Todo un crack. De hecho, yo no he tenido ni un solo jefe que se le asemeje ni remotamente.

Fijaos que entre comidas y sexo anda el juego; si alguien quiere completar la faena, te invita a cenar y luego...pleno¡¡¡


Quizás se debería analizar la cuestión desde una visión a lo Iker Jiménez, quien sabe, parece que cada vez está más claro que la vida proviene de fuera…¿nos estarán haciendo proliferar y engordar?...

lunes, 12 de diciembre de 2016

Motivar o no desmotivar, esta es la cuestión.

Hace unos días hablando con una maestra me comentaba que le parecía muy bien todo esto de motivar, de enseñar a los chavales en el cole de un modo diferente o más significativo para ellos, pero terminó confesándome que, sinceramente, no sabía cómo hacerlo. Su experiencia estaba muy marcada por unos hábitos determinados y los planes de enseñanza, además, condicionaban de una manera poderosísima seguir por el mismo camino.

En aquel momento no supe que decirle, entre otras cosas porque no me dedico a esto de la enseñanza y tampoco llevo en el bolsillo un "manual de motivación para estudiantes". De todas formas, ni tan sólo creo que exista ni sea necesario o beneficioso.

Pero habiendo sido estudiante durante bastante tiempo, profesor alguna temporada y padre desde hace ya algunos años, hay una cosa de la que no tengo la menor duda y estoy deseando ver a esta maestra para comentárselo. Si lo lees aquí, eso que me ahorro, aunque siempre es mejor el directo, sin duda

Creo que no se trata tanto de buscar la motivación soñada, sino de tratar de no desmotivar a los alumnos. Como maestro es fácil ponerse en el lugar (o debería serlo) de los alumnos y pensar por un instante que tal se sienten ellos, como viven su estancia en los centros; vamos, que sienten.

La educación reglada en nuestras escuelas logra, de una manera muy lúcida, desmotivar a la mayoría de los alumnos que estoicamente superan curso a curso su enseñanza obligatoria. Si en lugar de ampliarla en tiempo, como pretenden, la rebajasen, sin lugar a dudas muchos alumnos lo celebrarían y muy pocos de los que no siguen estudiando reclamarían más años de enseñanza obligatoria.

No digo yo que ir al "cole" deba ser como salir de fin de semana a un parque de atracciones, o que el estudio no requiera esfuerzo y cierto sacrificio, eso está muy claro. Pero lo que tampoco apruebo es que estudiar sea sinónimo de agobio, fastidio y "palo", utilizando su jerga.

Si los claustros de profesores se reunieran y debatiesen sobre la vivencia de la escolaridad desde P3 hasta la ESO, seguramente descubrirían un cierto desinterés creciente y paulatino a medida que los cursos avanzan. 
Quizás la respuesta fácil sería por el grado de complejidad y requerimiento de estudio que se necesita curso a curso. Lo dudo o me parece, como mínimo, un análisis sesgado.

Pero es curioso que al llegar a la Facultad ya nadie hable de motivación. Claro, ya son mayores y se motivarán solos. Posiblemente. Pero lo que también es muy cierto es que entonces tienen muy claro porque están ahí: el estudiante de medicina visualiza perfectamente su bata blanca o los hospitales, el de derecho el ejercicio de su profesión o el veterinario su futura clínica. Y euros detrás de su desempeño, por supuesto. Pero sea como sea, tienen un objetivo y nace de ahí su motivación.

Si a nuestros pobres estudiantes preuniversitarios les quitamos el objetivo y los euros al alcanzarlo, que les queda: la motivación que les roban los planes de estudio curso a curso, año tras año de manera creciente. En estos planes de estudio englobo la labor del profesorado, que lo quiera o no, está muy condicionada por unos requisitos que según parece no son del gusto de nadie, ni de docentes ni de alumnos. Curioso, da que pensar. Ahí lo dejo.

Por ello, no me preguntéis cómo, pero si me encuentro con un grupo de jóvenes a los que deba impartir una docencia determinada, os aseguro que todo mi esfuerzo estará centrado en, al menos, no desmotivarlos más de lo estrictamente necesario. Con esto creo que me sentiría más que satisfecho.

Yo sí que me lo pregunto, no puedo evitarlo: ¿Cómo lo haría? Creo que marcándoles un objetivo muy definido y despertando su curiosidad a través de la problematización de sus desmotivadas vidas en la escuela a través de, curiosamente, los contenidos educativos.


Si algún maestro o maestra se está riendo al leer esto, cuidado que cualquier día puedo ser tu compañero; pero tranquilos,  seguro que nos reiremos juntos.