lunes, 12 de diciembre de 2016

Motivar o no desmotivar, esta es la cuestión.

Hace unos días hablando con una maestra me comentaba que le parecía muy bien todo esto de motivar, de enseñar a los chavales en el cole de un modo diferente o más significativo para ellos, pero terminó confesándome que, sinceramente, no sabía cómo hacerlo. Su experiencia estaba muy marcada por unos hábitos determinados y los planes de enseñanza, además, condicionaban de una manera poderosísima seguir por el mismo camino.

En aquel momento no supe que decirle, entre otras cosas porque no me dedico a esto de la enseñanza y tampoco llevo en el bolsillo un "manual de motivación para estudiantes". De todas formas, ni tan sólo creo que exista ni sea necesario o beneficioso.

Pero habiendo sido estudiante durante bastante tiempo, profesor alguna temporada y padre desde hace ya algunos años, hay una cosa de la que no tengo la menor duda y estoy deseando ver a esta maestra para comentárselo. Si lo lees aquí, eso que me ahorro, aunque siempre es mejor el directo, sin duda

Creo que no se trata tanto de buscar la motivación soñada, sino de tratar de no desmotivar a los alumnos. Como maestro es fácil ponerse en el lugar (o debería serlo) de los alumnos y pensar por un instante que tal se sienten ellos, como viven su estancia en los centros; vamos, que sienten.

La educación reglada en nuestras escuelas logra, de una manera muy lúcida, desmotivar a la mayoría de los alumnos que estoicamente superan curso a curso su enseñanza obligatoria. Si en lugar de ampliarla en tiempo, como pretenden, la rebajasen, sin lugar a dudas muchos alumnos lo celebrarían y muy pocos de los que no siguen estudiando reclamarían más años de enseñanza obligatoria.

No digo yo que ir al "cole" deba ser como salir de fin de semana a un parque de atracciones, o que el estudio no requiera esfuerzo y cierto sacrificio, eso está muy claro. Pero lo que tampoco apruebo es que estudiar sea sinónimo de agobio, fastidio y "palo", utilizando su jerga.

Si los claustros de profesores se reunieran y debatiesen sobre la vivencia de la escolaridad desde P3 hasta la ESO, seguramente descubrirían un cierto desinterés creciente y paulatino a medida que los cursos avanzan. 
Quizás la respuesta fácil sería por el grado de complejidad y requerimiento de estudio que se necesita curso a curso. Lo dudo o me parece, como mínimo, un análisis sesgado.

Pero es curioso que al llegar a la Facultad ya nadie hable de motivación. Claro, ya son mayores y se motivarán solos. Posiblemente. Pero lo que también es muy cierto es que entonces tienen muy claro porque están ahí: el estudiante de medicina visualiza perfectamente su bata blanca o los hospitales, el de derecho el ejercicio de su profesión o el veterinario su futura clínica. Y euros detrás de su desempeño, por supuesto. Pero sea como sea, tienen un objetivo y nace de ahí su motivación.

Si a nuestros pobres estudiantes preuniversitarios les quitamos el objetivo y los euros al alcanzarlo, que les queda: la motivación que les roban los planes de estudio curso a curso, año tras año de manera creciente. En estos planes de estudio englobo la labor del profesorado, que lo quiera o no, está muy condicionada por unos requisitos que según parece no son del gusto de nadie, ni de docentes ni de alumnos. Curioso, da que pensar. Ahí lo dejo.

Por ello, no me preguntéis cómo, pero si me encuentro con un grupo de jóvenes a los que deba impartir una docencia determinada, os aseguro que todo mi esfuerzo estará centrado en, al menos, no desmotivarlos más de lo estrictamente necesario. Con esto creo que me sentiría más que satisfecho.

Yo sí que me lo pregunto, no puedo evitarlo: ¿Cómo lo haría? Creo que marcándoles un objetivo muy definido y despertando su curiosidad a través de la problematización de sus desmotivadas vidas en la escuela a través de, curiosamente, los contenidos educativos.


Si algún maestro o maestra se está riendo al leer esto, cuidado que cualquier día puedo ser tu compañero; pero tranquilos,  seguro que nos reiremos juntos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario