viernes, 16 de diciembre de 2016

Gracias al que mal llamaron "caranchoa"

Tras la tremenda repercusión en los medios de un hecho como el que seguro ya conoces, me parece un momento propicio para abordar cuestiones de un calado más profundo del que podría parecer a primera vista.


La cuestión podría resumirse en el bofetón merecido a un “niñato” inconsecuente.


Y así es. Ahora se podría abrir el debate de “la violencia no conduce a nada”; o no se puede permitir la agresión como respuesta o similares. Estamos hablando de un bofetón que supongo que hasta su propia madre le habría dado si hubiese tenido la oportunidad de hacerlo. En la sociedad de lo políticamente correcto terminaremos hasta pidiendo permiso por respirar el aire de la persona que tengamos a nuestro lado, por respeto a su espacio vital ¡¡¡


Pero más allá de estas consideraciones que aquí poco me importan, sí que me gustaría aprovechar para señalar o recordar lo incongruente del “todo vale” y las terribles consecuencias que lo acompañan.

El “todo vale” nos sitúa en un espacio muy peligroso. Seguramente este youtuber, o proyecto de youtuber (les tengo una gran simpatía y espero que casos como este no dañen su imagen global), anduvo algo despistado en sus clases de filosofía del insti o en las maneras básicas de comportarse que seguramente le intentaron inculcar sus padres.
Sea como sea, corremos el riesgo de confundir la libertad personal con ese “todo vale” tan dañino.

Cada persona debe ser responsable de sus acciones y asumir las consecuencias. Hasta aquí parece que no hay problema o todo el mundo lo entiende. Pero esto, aun siendo necesario no es ni de lejos suficiente. La contrariedad aparece cuando se nos dice que hemos de evitar el bien propio fundamentado o centrado en el egoísmo de nuestras acciones más allá o por encima del bien común. Aquí la cosa chirría. Nuestro abofeteado seguramente se durmió cuando le hablaban de Kant en clase, aunque ahora seguro que lo despertó el mensajero. Qué curioso, verdad: el mensajero ¡¡¡

Pues ese mensaje simplemente nos recuerda que todas nuestras acciones están referenciadas en un marco contextual que no podemos obviar. El “todo vale” ni mucho menos vale y cada una de nuestras actuaciones deberían contemplar que hay un otro además de nosotros mismos.


Pero, por desgracia, en la sociedad se nos transmite la mezquina idea de que miremos por nuestro culo, que el prójimo ya hará lo propio por el suyo. Siendo esto así no debemos olvidar que, más pronto que tarde, todos saldremos perdiendo y las bofetadas, aunque ahora nos riamos viendo al desangelado youtuber, las recibimos cada día todos aunque no se hagan tan famosas.


Creo que nunca antes una simple bofetada había “sonado” tanto; espero que no hagamos oídos sordos y nos ayude a despertar, aunque solo sea a cuatro más…

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