Tras la tremenda
repercusión en los medios de un hecho como el que seguro ya conoces, me parece un
momento propicio para abordar cuestiones de un calado más profundo del que podría
parecer a primera vista.
La
cuestión podría resumirse en el bofetón merecido a un “niñato” inconsecuente.
Y así es.
Ahora se podría abrir el debate de “la violencia no conduce a nada”; o no se
puede permitir la agresión como respuesta o similares. Estamos hablando de un bofetón
que supongo que hasta su propia madre le habría dado si hubiese tenido la
oportunidad de hacerlo. En la sociedad de lo políticamente correcto terminaremos
hasta pidiendo permiso por respirar el aire de la persona que tengamos a
nuestro lado, por respeto a su espacio vital ¡¡¡
Pero más
allá de estas consideraciones que aquí poco me importan, sí que me gustaría
aprovechar para señalar o recordar lo incongruente del “todo vale” y las
terribles consecuencias que lo acompañan.
El “todo
vale” nos sitúa en un espacio muy peligroso. Seguramente este youtuber, o
proyecto de youtuber (les tengo una gran simpatía y espero que casos como
este no dañen su imagen global), anduvo algo despistado en sus clases de filosofía
del insti o en las maneras básicas de comportarse que seguramente le
intentaron inculcar sus padres.
Sea como
sea, corremos el riesgo de confundir la libertad personal con ese “todo vale”
tan dañino.
Cada persona
debe ser responsable de sus acciones y asumir las consecuencias. Hasta aquí
parece que no hay problema o todo el mundo lo entiende. Pero esto, aun siendo
necesario no es ni de lejos suficiente. La contrariedad aparece cuando se nos
dice que hemos de evitar el bien propio fundamentado o centrado en el egoísmo
de nuestras acciones más allá o por encima del bien común. Aquí la cosa chirría. Nuestro
abofeteado seguramente se durmió cuando le hablaban de Kant en clase, aunque
ahora seguro que lo despertó el mensajero. Qué curioso, verdad: el mensajero
¡¡¡
Pues ese
mensaje simplemente nos recuerda que todas nuestras acciones están
referenciadas en un marco contextual que no podemos obviar. El “todo vale” ni
mucho menos vale y cada una de nuestras actuaciones deberían contemplar que hay un
otro además de nosotros mismos.
Pero, por desgracia, en la sociedad se nos transmite la mezquina idea de que miremos por
nuestro culo, que el prójimo ya hará lo propio por el suyo. Siendo esto
así no debemos olvidar que, más pronto que tarde, todos saldremos perdiendo y
las bofetadas, aunque ahora nos riamos viendo al desangelado youtuber, las
recibimos cada día todos aunque no se hagan tan famosas.
Creo que
nunca antes una simple bofetada había “sonado” tanto; espero que no hagamos oídos
sordos y nos ayude a despertar, aunque solo sea a cuatro más…
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