domingo, 30 de septiembre de 2018

El lado bueno de las cosas...conflicto catalán y traidores





En el conflicto catalán las posiciones absolutamente irreconciliables hace solo unos meses, ahora parece que empiezan a tener puntos de contacto que, como mínimo, nos harán salir de una situación rota y estancada desde hace demasiado tiempo.



Pero aún mejor son las declaraciones de defensores notables de un lado y otro que también empiezan a poner de manifiesto los errores cometidos en sus propias filas. A nadie se le debería escapar que los conflictos enquistados solo encuentran solución cuando se cede y se deja paso al otro.



Y la razón que justifica esto es la aparición de las facciones más radicalizadas que ante los nuevos aires de cambio se revelan. Cuando se respira en el ambiente cierta distensión, se incomodan aquellos que no quieren perder su status quo de los últimos años, lanzándose de forma desmedida al alboroto que termina siendo su propia tumba por ir contracorriente de los nuevos tiempos que se avecinan.


Este es el verdadero momento de la política con mayúsculas que debe apaciguar los ánimos incontrolados durante demasiado tiempo. El mundo intelectual también tiene el deber de situarse a la altura que se le exige y empezar a desterrar posturas intransigentes o propagandísticas y de cortas miras, a las que penosamente nos han acostumbrado también durante demasiado tiempo.

Por todo ello, dentro de este panorama es fácil que empiece a sonar cada día con más fuerza la palabra traidores. Estos ejemplifican ese nuevo sentir abierto a las posiciones y demandas del otro, que no por ello se desentienden de las propias pero que son capaces de situarse en un terreno en el que no solo lo suyo vale o cuenta. El traidor se mueve entre dos aguas, en un principio turbulentas, pero que a la postre siempre se terminan calmando. Y es en esta calma donde se materializa ya la cesión de cada una de la partes y en la justa proporción de la demanda desmedida que cada una de ella mantuviese. No existe una verdad pura, más bien la verdad compartida.

viernes, 28 de septiembre de 2018

"...¡¡¡Pero esto qué es lo que es!!!..."

Es muy posible que cualquier ciudadano tenga algún secreto inconfesable que esconder, un rinconcito de su ser que no quiera descubrir y que guarda con celo bajo las penumbras del olvido. Me parece lógico y hasta natural.



Pero lo que está pasando hoy entre nuestros gobernantes no tiene nombre, o al menos a mi no se me ocurre. Bueno sí, me viene a la memoria esa expresión tan coloquial "...pero esto qué es lo que es..."





Pedro Sánchez es un Presidente legítimo, tanto como el que más desde que somos una democracia. Lo demás es pura demagogia e imbecilidad del que repite lo que oye sin pararse a pensar ni un segundo lo que dice. Y es muy simple: llegó al gobierno a través de una moción de censura que ganó, estemos más o menos de acuerdo con ella. Y sobre esto seguir hablando es especular sobre...sin añadir nada. Por otra parte, deporte olímpico en nuestras tertulias de sabiondos.




Pero otra cosa muy distinta, volviendo a Don Pedro, es lo que está pasando desde que preside este país que cada día se parece más a una triste caricatura de sí mismo.
Si tuvo la plena libertad de escoger a sus ministros, también debe ahora asumir la responsabilidad de su elección y rendir cuentas de tanto infortunio. Si llegas al poder a través de desbancar a aquellos que consideras corruptos, lo mínimo que debes hacer es mantener una conducta intachable en materia de corrupción, amén de asegurarte de que todos lo que te rodean estén exentos de ser señalados bajo la más mínima sospecha. Si no es así, solo queda dimitir, es de cajón y sin posible discusión. Aunque solo sea por decoro o dignidad. ¿Dignidad? ¿Aún existe esa palabra en España?




Algún avezado podrá pensar que si dimite o convoca elecciones igual nos vuelve a gobernar el PP o C's o qué se yo. Puede ser, pero eso debe darnos igual. Si se hacen las cosas de la única manera que parece comprensible, cualquiera que consiguiese alzarse con el poder podría ser censurado y echado al más mínimo desliz en un asunto tan delicado o serio como lo es la corrupción institucional. Pero claro, eso sería estar hablando ya de otro país, de otras maneras, de otra educación, en definitiva, de otra ciudadanía que no se conforme con ser una caricatura de sí misma como lo es, repito, la nuestra.
  


viernes, 21 de septiembre de 2018

Curiosidad

Supongo que hay muchas cosas importantes en la vida, pero sin duda una de ellas es la curiosidad. Incluso me atrevería a decir que ésta alimenta...nos alimenta.

Define sin duda la experiencia vital de cada cual. Sin curiosidad nos transformanos en seres grises, tristes, a merced del viento que sopla y víctimas de nuestro propio pasar sin ver y vivir todo lo que nos rodea.

Siendo ahora un poco más pragmático, siento un profundo desconsuelo cuando observo como en nuestras escuelas es un tema demasiado olvidado. Nuestra enseñanza decapita la curiosidad sin pestañear.

Se habla de nuevos planes, metodologías, apuestas educativas rimbombantes,  más o menos recursos, ratios, modas educativas...y se olvida lo obvio: siempre han existido los buenos maestros y en todos los sistemas educativos y lugares; simplemente se preocupaban y ocupaban de una cosa: despertar la curiosidad en sus alumnos.

Enseñanza curiosa. Cómo? De mil maneras, cada docente debe descubrir la mejor manera de llevarla a cabo. Cierra la puerta de tu aula y despierta sus miradas...nunca lo olvidarán.



jueves, 6 de septiembre de 2018

Mundos paralelos, la realidad catalana



En Catalunya tenemos un gran problema y no es la confrontación con el resto de España o con el gobierno del Estado. Ni tan solo la posible o cacareada lucha interna entre los propios catalanes. Lo trágico de nuestra realidad es que estamos viviendo en mundos paralelos, realidades que ni se conocen ni se reconocen. Hemos sido capaces de instalarnos en una nada, el un vacío simplista, ridículo, torpe y sinsentido de una sociedad cada vez más asocial...y que no depara un buen futuro...

Personalmente siempre me ha interesado bastante la confrontación, entendida como lucha dialéctica sobre un tema que a la postre siempre ofrecía resultados más apetecibles que los primigenios de las posiciones encontradas.

Estas posiciones de partida suelen carecer de la visión del otro y se caracterizan por ser poco empáticas, demasiado excluyentes e inacabadas fruto del desarrollo de la sociedad pero que necesitan, antes o después, ser depuradas. Tras el transcurso de esa sana lucha se termina consiguiendo un producto más elaborado, más redondo pero que a buen seguro estará lleno de aristas que serán alisadas por un nuevo enfrentamiento futuro. Es decir, no hay verdad última y mejor sobre nada, solo momentos en ese largo devenir que es la vida. Hasta aquí, nada que objetar, c'est la vie...

Pero qué pasa cuando esos momentos se empeñan en vivir en mundos en los que ni la confrontación es posible. Pues pasa lo único que puede pasar: CAOS.

Dentro del panorama político actual, figuras como las de Domenech terminan hastiadas sin terminar de entender todo lo que se cuece a su alrededor. La política, que basa su esencia en el diálogo entre diferentes maneras de entender una misma realidad, en Catalunya hoy no existe.  No hay una realidad compartida que mejorar y nos vemos abocados a una catástrofe social que necesitará mucho tiempo para sanar sus heridas.

Así, no podemos ni tan solo intentar comprender la situación que vivimos sin antes atender a esta profunda sinrazón.

Para unos es incomprensible la deriva del independentismo catalán que parece no conocer límites, o dicho de manera más precisa: su único fin pasa por la falta de límites en su búsqueda de la autodeterminación ajena a las razones más simples y básicas que configuran la sociedad moderna, que dicho sea de paso, solo hemos tardado miles de años en forjar. (No soy independentista, pero desde luego si lo fuera rechazaría de manera rotunda este proceder oscuro, siniestro e incomprensible) Están inmersos en su mundo sin atender a cuestiones básicas que van mucho más allá del legítimo anhelo independentista que les ciega.

Por su parte, en otra esfera o dimensión, los hilos que se han movido hasta hoy para enfrentar (y enfrentar no significa suprimir o aniquilar, como dije) de manera adecuada el anhelo del catalanismo independentista, se han movido en una realidad que brindaba al Sol haciendo patente con cada uno de sus actos la inexistencia de un problema, de un otro con el que debían enfrentarse en la búsqueda de una salida a un conflicto y lo que es todavía peor: lo alimentó ayudando a justificar lo injustificable. Y aquí se cierra el maldito círculo que envenena nuestra sociedad hoy y aquí.

Y esto es así por una simple razón: tanto unos como otros negarán pertenecer o formar parte de este círculo pernicioso. Pero con ello paradójicamente no hacen más que confirmar todo lo dicho al no entender la esencia de lo político en democracia y ratificar su insondable zafiedad.

Este desencuentro no deja espacio alguno para la política.

Hoy no hay conflicto porque no hay combatientes. Simplemente hay dos tableros de juego donde cada cual juega su partida y como es lógico nadie la ganará.

Y que nadie se confunda. Que diga que no hay conflicto no quiere decir que no hay y habrá lucha. No hay política, hay zafiedad entre señores vestidos de políticos y dolor en las calles que cada día más polarizan a una ciudadanía tocada y cada vez más hundida.

Somos el hazmerreír ante un mundo atónito que no cesa de preguntarse dónde están las razones de tanta sinrazón.



Y lo peor de todo esto es que lo peor aún está por llegar.