Supongo que hay muchas cosas importantes en la vida, pero sin duda una de ellas es la curiosidad. Incluso me atrevería a decir que ésta alimenta...nos alimenta.
Define sin duda la experiencia vital de cada cual. Sin curiosidad nos transformanos en seres grises, tristes, a merced del viento que sopla y víctimas de nuestro propio pasar sin ver y vivir todo lo que nos rodea.
Siendo ahora un poco más pragmático, siento un profundo desconsuelo cuando observo como en nuestras escuelas es un tema demasiado olvidado. Nuestra enseñanza decapita la curiosidad sin pestañear.
Se habla de nuevos planes, metodologías, apuestas educativas rimbombantes, más o menos recursos, ratios, modas educativas...y se olvida lo obvio: siempre han existido los buenos maestros y en todos los sistemas educativos y lugares; simplemente se preocupaban y ocupaban de una cosa: despertar la curiosidad en sus alumnos.
Enseñanza curiosa. Cómo? De mil maneras, cada docente debe descubrir la mejor manera de llevarla a cabo. Cierra la puerta de tu aula y despierta sus miradas...nunca lo olvidarán.
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