viernes, 28 de septiembre de 2018

"...¡¡¡Pero esto qué es lo que es!!!..."

Es muy posible que cualquier ciudadano tenga algún secreto inconfesable que esconder, un rinconcito de su ser que no quiera descubrir y que guarda con celo bajo las penumbras del olvido. Me parece lógico y hasta natural.



Pero lo que está pasando hoy entre nuestros gobernantes no tiene nombre, o al menos a mi no se me ocurre. Bueno sí, me viene a la memoria esa expresión tan coloquial "...pero esto qué es lo que es..."





Pedro Sánchez es un Presidente legítimo, tanto como el que más desde que somos una democracia. Lo demás es pura demagogia e imbecilidad del que repite lo que oye sin pararse a pensar ni un segundo lo que dice. Y es muy simple: llegó al gobierno a través de una moción de censura que ganó, estemos más o menos de acuerdo con ella. Y sobre esto seguir hablando es especular sobre...sin añadir nada. Por otra parte, deporte olímpico en nuestras tertulias de sabiondos.




Pero otra cosa muy distinta, volviendo a Don Pedro, es lo que está pasando desde que preside este país que cada día se parece más a una triste caricatura de sí mismo.
Si tuvo la plena libertad de escoger a sus ministros, también debe ahora asumir la responsabilidad de su elección y rendir cuentas de tanto infortunio. Si llegas al poder a través de desbancar a aquellos que consideras corruptos, lo mínimo que debes hacer es mantener una conducta intachable en materia de corrupción, amén de asegurarte de que todos lo que te rodean estén exentos de ser señalados bajo la más mínima sospecha. Si no es así, solo queda dimitir, es de cajón y sin posible discusión. Aunque solo sea por decoro o dignidad. ¿Dignidad? ¿Aún existe esa palabra en España?




Algún avezado podrá pensar que si dimite o convoca elecciones igual nos vuelve a gobernar el PP o C's o qué se yo. Puede ser, pero eso debe darnos igual. Si se hacen las cosas de la única manera que parece comprensible, cualquiera que consiguiese alzarse con el poder podría ser censurado y echado al más mínimo desliz en un asunto tan delicado o serio como lo es la corrupción institucional. Pero claro, eso sería estar hablando ya de otro país, de otras maneras, de otra educación, en definitiva, de otra ciudadanía que no se conforme con ser una caricatura de sí misma como lo es, repito, la nuestra.
  


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