Hablar de amistad es algo así como hablar de la vida
misma. Como seres que nos relacionamos necesitamos saborear la
amistad, sentirla, compartirla, sufrirla e incluso perderla para aprender a
valorarla. Y cuando digo aquí perderla no me refiero únicamente a transformarla en enemistad u odio, sino a lo que ocurre en muchas ocasiones
cuando la mantenemos en conserva por no vivirla, bien sea por motivos de
distancia, falta de tiempo...
Y se me antoja que es esta una característica que nos
permite conocer el verdadero grado de relación entre dos personas para que
podamos hablar de verdadera amistad. Me explico. Está muy claro que los
intereses de las personas van cambiando a lo largo de la vida al tiempo que se
van sucediendo etapas que imposibilitan mantener ciertas relaciones con la
asiduidad que nos gustaría. Pero ni el tiempo ni la distancia pueden
desvalorizar una amistad auténtica, ésta seguirá su curso cuando los caminos se
vuelvan a cruzar. Es precisamente en este momento de reencuentro cuando puedes
medir con bastante certeza el grado de amistad que te unía con esa determinada
persona. Llegada la ocasión sabrás si realmente se trataba de amistad
verdadera. Si lo era el resultado es obvio: intentarás dentro de las posibilidades que
la vida y situación te permita, acentuarla al máximo para así disfrutarla. De
diferente manera, dejarás que la situación siga su curso tal y como pasaba
hasta ese momento.
Disfrutar de una relación que no responde a intereses,
que te ayuda a duplicar las alegrías y a dividir las angustias, que no viene
impuesta, que no entiende de contratos, que comparte la alegría y actúa en la
desgracia, que respeta los silencios y no conoce la envidia es un don que si
tienes la suerte de compartir debes “impedir que crezca la hierba en su camino”,
como nos decía el sabio Platón, regándola tanto como puedas: no hay
mejor cosecha que una buena amistad.
Hastahora
Excelente articulo Julián, como siempre.
ResponderEliminarAquí te dijo lo que pienso de la amistad o de un amigo:
Un amigo es aquella persona que te quiere con tus virtudes y defectos, que discrepa contigo en algunos temas sin enfadarse, ni dejar de hablarte, que te acompaña en la paz y en la guerra, aquel que lo sabe todo de ti, y a pesar de ello te quiere.Con la edad cambiamos de pensamientos pero nunca de sentimiento.
Para mí también como dice Sir Francis Bacon: “La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad”.
Me identifico también con Aristóteles cuando dice: La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas.
Saludos AMIGO.