lunes, 18 de noviembre de 2024

Y yo rebato, ciudadanos (I)

La sociedad si es alguna cosa es contradicción. Somos, eres una ínfima parte de un conjunto que digas lo que digas, hagas lo que hagas, alguien aparecerá para contradecirte. Esa es nuestra huella, nuestra marca peculiar, la de ahora y la de todos los tiempos, quizás despreciable, pero que nos identifica y nos hace ser lo que somos... a todos. Posiblemente la única tan comunmente compartida. La sociedad no es lo social entendido como lo bueno y compartido, sino como tensión constante y, sí, por qué no, absolutamente necesaria a la vez que perturbadora. Quizás sea una de las razones por la que hablamos tantas lenguas, tan diversas... por llevar la contraria: por suerte tenemos traductores...

                                                                                             💢

Y si esto es así (que lo es aunque intentes llevarme la contraria... de hecho, al hacerlo me lo confirmas: gracias) estás preparado para soportarlo, sobrellevarlo? Tienes tu traductor personal, no para entender lo que te dicen, sino para asumirlo de la mejor manera posible. Seguramente, no. O sí... 

Te propongo lo siguiente:



sábado, 26 de marzo de 2022

Gràcies

Corria l'any 1532 i la guerra aguaitava sobre el comtat d'Educand, que es defensava incansablement dels atacs forans, amb valentia i esperança de recobrar de nou la pau.

Educant mai es va caracteritzar per tenir molts combatents, més aviat pocs que eren triats després de passar una prova de guerra fictícia. Això sí, una vegada superada, formaven part de l'exèrcit protector i mai més haurien de preocupar-se per la seva manutenció, fet que era d'agrair en aquells temps i pel qual cada any es presentaven a les proves bastants més dels finalment triats.

Però va passar l'inevitable segons la nostra història. Els anys 20 del segle XVI van ser especialment bèl·lics. Invasors del nord van posar a prova la resistència d'Educand durant més de deu anys.

La monarca es va veure obligada a introduir en les seves files a tot aquell que volgués defensar la vila. Aquests combatents es van anar forjant en mil batalles, al costat de l'exèrcit protector que complia la seva obligació, sense prèvia prova que avaluarà les seves suposades aptituds.

Van passar els anys i per fi va acabar la guerra. Els invasors no van aconseguir el seu propòsit, gràcies a l'ajuda de tots, i la pau va tornar a regnar en el comtat d'Educand.

La Reina va reunir a tot el seu poble i va decidir nomenar a tots els supervivents i a les valeroses guerreres que al camp de batalla, dia rere dia i sense descans, havien demostrat la seva vàlua, membres per dret, si així ho acceptaven, de l'exèrcit protector del comtat.

Una veu es va sentir entre la multitud i va recordar que haurien de passar la prova que concedia tal privilegi, com sempre havia succeït.

La monarca va reclamar la presència de qui va pronunciar aquestes paraules. Va desembeinar la seva espasa, va prendre la paraula i li va dir:


- Us sembla assenyat que el tall d'aquesta espasa, fidel companya meva en el camp de batalla i de tots nosaltres, jo avui intenti demostrar la seva vàlua provant la seva resistència davant el martell del ferrer?

- No, sembla innecessari, va complir amb escreix la seva funció -va contestar-.

- Així és, benvolgut amic. Però recorda que aquesta espasa no seria res sense els valerosos braços que la van brandar. Necessiten aquests demostrar alguna cosa?

- Per descomptat que no, senyora.

- I et diré més. Vaig veure en la batalla fugir a combatents, forma part de la mateixa vida; no obstant això, puc garantir-te que eren tant d'aquells que van passar la prova que tu ara demanes, com dels que es van oferir quan la situació ho va requerir. No vaig veure les seves cares sota l'armadura, així i tot, si els vaig saber distingir pel seu diferent blasó. I encara et diré més. Si hi ha una sola culpable que el nostre exèrcit no estigués ben nodrit, només sóc jo i ningú més. La resta, per la meva obligació i el seu mereixement, a partir d'avui seran el que ja són per dret, guerrers i guerreres.

I la vida contínua en pau, aprofita-la.

miércoles, 26 de enero de 2022

Un profe en apuros

 

UN PROFE EN APUROS

 

Esta es la historia, corta historia, de un profesor cualquiera. Llegué a la docencia por absoluta vocación. De hecho, siempre había sido docente, es decir, persona que se dedica a la enseñanza, de un modo u otro. En todas mis ocupaciones anteriores no relacionadas directamente con la enseñanza, siempre me había tocado, supongo por elección, alguna labor relacionada con esto de enseñar algo a alguien. Siendo esto así, no es extraño que en un momento determinado de mi vida decidiese dedicarme íntegramente a la labor docente en la enseñanza reglada. Y ahí comenzó todo…


Llegas a tu primer centro con una idea preconcebida y ésta, en mi caso, poco tardó en volar por los aires. Desde entonces aún ando buscando los resquicios de esta primera e inocente idea, pero cuando me parece que encuentro alguno, vuelve a aparecer una nueva bomba que hace que casi pueda hablar ya de desintegración total de aquella ya olvidada idea.

Pero ¿cuál era esta idea? Pues era algo tan simple como intentar transmitir conocimiento, sí, digo transmitir con todas las letras, y fomentar en mis alumnos la curiosidad suficiente como para seguir buscando en este pozo sin fondo que es el saber. ¿Y qué me encontré? Me encontré un mar de energía desbocada, ingente esfuerzo de un profesorado que mataba moscas a cañonazos, y la mayoría de las veces errando el tiro. Creo que toca ser más concreto y explicito.

Nadie puede negar que las energías son las que son, que podrán ser menos o más, siempre hay de todo, pero lo cierto es que no hay peor negocio que ponerlas, sean las que sean, donde no toca. Pensaba yo, pobre iluso, que las mías, como las del resto, estarían encaminadas de manera fundamental en la preparación de mis sesiones, lo cual, añado, nunca pensé que fuese tarea fácil, aunque sí absolutamente necesaria. Pero no. Descubrí para mi asombro y terror que un mundo desconocido de tareas que poco tenían que ver con la preparación de aula, me esperaban al acecho. No a mí, claro, a todos. Entre reuniones interminables de equipos docentes, comisiones varias, diferentes proyectos, claustros, cursos y cursillos… además de cascadas de correos electrónicos de información desbocada, tablas donde poner cosas que no sabía a donde iban ni el porqué de su justificación, más allá del siempre lo hemos hecho así o lo dice el Departamento, inspección, el equipo directivo o el coordinador pedagógico de turno, se me iba la vida, mi tiempo y casi todas mis energías, pues todos querían vestir su centro con el mejor traje sin pensar que quizás lo único que tenían que hacer era dejar a sus sastres (léase docentes) hacer su trabajo, sin más, es decir, vestir sus sesiones.

No quiero entrar hoy aquí en lo de las famosas competencias. O quizás sí. No lo tengo aún claro. Ya veré. Pero mucho ya se ha escrito al respecto y el tiempo, espero que más pronto que tarde, hará volver las aguas a su cauce natural; de hecho, ya está pasando por otras latitudes. Ahora sencillamente estamos navegando, y no en el buen sentido de la palabra. Pero hay más, mucho más. Por poner un ejemplo, esto de trabajar por Proyectos. Claro que sí, bonita palabra: Proyectos. Pero es tan artificial y forzado lo que se hace, que termina provocando una degeneración de la pretensión inicial solamente justificada, mejor dicho, tristemente justificada, por un resultado que olvida absolutamente lo vacío del proceso. Muy bonito de cara a la galería, a la exposición estéril de unos logros que nada tienen que ver, o no hay correlato, con las supuestas “competencias” y aprendizajes que pretendían desarrollar. Basta con reflexionar un poco para verlo de manera diáfana y sin titubeos. Y no me olvido, claro que no, de la también ingente cantidad de energía dedicada a ellos por los docentes y la poca relación o nula que guardan con los pretendidos resultados. Podría poner muchos ejemplos, prefiero guardarlos en mi memoria. De verdad, era mucho más simple y con resultados infinitamente mejores.

Estamos en ese momento donde innovar o morir parece ser el lema de cualquier centro. O lo haces diferente o lo que haces no vale nada, es antiguo, pasado de moda, trasnochado o superado. La Nueva educación al poder. Y precisamente he podido observar, rascando un poco en esta primera capa de barniz barato, que docentes con años de experiencia a sus espaldas, son capaces de sortear todo esto y una vez cierran la puerta de su aula, hacen aquello que tan bien saben hacer, que tienen muy claro que funciona y que sus alumnos agradecen. Pero claro, es el viejo profesor, el de la vieja escuela, el que solo enseña a memorizar y no se preocupa de la enseñanza “competencial” y demás palabros pretendidamente modernos.

Pues quizás ese profesor, que incluso ahora se esconden para no hacer ruido entre el simple ruido de la enseñanza alborotada y de escaparate actual, hace lo que sabe que tiene que hacer. Fundamentar primero unos conocimientos en sus alumnos, de tantas maneras como buenos docentes hay, para luego sobre ellos construir, o posibilitar la construcción, de todo un andamiaje de recursos en sus alumnos que les permiten, y siendo muy conscientes de donde están, un progreso competencial verdadero y coherente, vamos, sin pies de barro.

Cuando veo un aula perdida en la jungla con un profesor que enseña a unos niños sentados en el suelo, me pregunto: ¿Qué nos ha pasado? Mucha parafernalia, muchos castillos de arena.

A quien corresponda: por favor, dejad que los docentes desarrollen su labor substancial, no lo emborrachen con mil y una maravillas que solo son baratijas insustanciales y absolutamente prescindibles.

Pues nada, eso, solo soy un triste docente en apuros, pero solo en apuros cuando estoy fuera del aula, alejado de mis alumnos.

miércoles, 21 de abril de 2021

Viena, el bocata

Podría parecer que voy a decir algo sobre la ciudad bañada por el Danubio, que vio a Freud oir músicas celestiales como las de Mozart o Beethoven. Pero no, es algo mucho más prosaico y mundano, pero no por ello menos merecedor. 

Hace ya muchos años frecuentaba una pequeña bocatería en Sabadell, de nombre Viena y en la que disfrutamos de un buen "entrepà" antes de entrar al cine, misión religiosa que cada semana repetiamos un par de veces. 

Hoy, estoy aquí sentado, en uno de los más de 50 establecimientos de la cadena que se reparten por Catalunya y algún sitio más, creo. 

Este es un local grande pero que intenta mantener la esencia del originario y quizás, y digo quizás porque eso lo sabrán mejor los CEO's de la aventura de Viena, esa sea la base de su éxito o ya, como mínimo, consolidada trayectoria. 

Y hablando de los que "mandan". Sé perfectamente lo difícil que es mantenerse en un mercado; ser competitivo, eficiente...pero creo que ahora lo que yo haría (y lo digo alegremente porque no lo tengo que hacer, que fácil es hablar así, jeje...) es subir el salario un 10% a todos los empleados. Y no solamente lo haría, sino que lo predicaría a los cuatro vientos. 

Y diría aún más: como sufragar este aumento salarial, sin complejos. No basta con decir que el equipo humano es lo más importante, que todo el mundo lo dice, hay que demostrarlo y gratificarlo.

Y sí, también diría a los clientes que los precios subirían, pero no a costa de salarios desproporcionados, sino porque Viena quiere a sus trabajadores y los cuidada justamente como se merecen. 

Y no digo esto porque piense que cobran poco, -no tengo ni idea, igual son los que más cobran en el sector-, lo digo como apuesta estratégica a la vez que humana. Estoy seguro que con un poco más de eficiencia y el compromiso de unos trabajadores más integrados y satisfechos con su empresa, esa subida al cliente podría llegar a ser hasta insignificante. Lo cual redundaría aún más en el buen hacer de Viena, que décadas después aún me ofrece un "entrepà" lejos de aquel local de la capital del Vallès. Siempre se puede mejorar, y aquí hay recorrido. 


jueves, 4 de marzo de 2021

Un canto a la vida

Somos una frágil composición extremadamente harmónica. Precisamente, esta maravilla recorre el viaje de nuestras vidas entre esta levedad real y la aparente fortaleza que nos acompaña de manera necesaria. Sabemos perfectamente que somo prescindibles, que la vida es un don que solo necesita el que la vive. Vida solo hay una y es la propia. Los lazos entre vidas pueden romperse y de manera irrevocable así ocurre. Esta es la única condición de la vida, infranqueable y que nadie puede superar. Nos arroja a una cierta angustia existencial. 

Pero esta angustia es precisamente la mecha que enciende la llama que da sentido precisamente al acto de vivir. Este tránsito no tendría ningún sentido sin la negación de sí mismo. Sería algo así como una rueda que gira incansablemente sin ir a ningún sitio, que no recorre espacio, que no suma, puro acto vacío. Sería comer sin paladar, música sorda. Sería un respirar estéril, inocuo. Sería la nada.

No somos capaces de observar la ausencia de la vida, únicamente somos testigos de la desaparición de la de otros, y en este acto precisamente confirmamos la nuestra por analogía, cobramos consciencia de su levedad, de su finitud, de su tránsito. ¿Tiene sentido transitar desde la desesperación de lo irrefutable?

Quizás no es esta la pregunta, sino más bien entender que lo irrefutable, la vida sin más, no es lo más importante; de hecho, ni tan solo es importante, simplemente es. 

Lo que nos debe importar es mantener ese equilibrio, esa harmonía personal e intransferible que nos impulsa en nuestras vidas. Para ello, la interconexión que se da entre las personas vivas, ese espacio de alianza que realmente configura nuestro sentido aparece como la piedra de toque. ¿Qué razón de ser tiene una vida sin otras vidas? Nuestra existencia no encuentra sentido alguno en nuestra única existencia. Solo la aproximación a otras experiencias, diferentes a la nuestra, cargan de significación todo lo que somos y hacemos. Cualquier acto responde solo a un esfuerzo por llegar a expandir nuestra existencia más allá de la propia vida personal. Es falso que mi vida me importa más que nada; o si es así, es en función de la necesidad de ésta, como sustrato, para llegar al otro.

Todos los logros personales adquieren relevancia en comunidad. La soledad total extingue, anula. El reconocerse más allá de la propia persona es la manera natural de entender y gobernar la propia vida. ¿Acaso en un mundo desierto tendrían algún valor todas las riquezas terrenales? Cualquiera las cambiaría por una simple mirada, un roce, un gesto compartido.

Muchas son los intentos por definir el arte, casi todos fallidos, cuando éste solo es precisamente la manifestación más sutil y profunda del colosal esfuerzo de esta unión de las almas. Su discurso está abierto al arrojarnos a la intemporalidad de la vida compartida, y éste, el relato del arte, es extásico, inacabado por definición y con la peculiaridad que lo hace único: la obra de arte nunca se repite, es una y su emanación aboca al infinito en sus interpretaciones que nunca se agotan. La ciencia concluye, el arte expande. La ciencia se supera, el arte es insuperable. Podemos vivir sin ciencia, imposible sin arte. Todas las culturas han sucumbido, pero su arte, siempre presente, será eterno. Es una mirada que no busca solucionar al ser pura libertad. Es la representación de la propia vida compartida del artista que se expande, que se arroja desinteresadamente sin poder evitarlo. La otra vida es el campo de la ciencia.

Esto no es una trágica apología de la muerte, si no un canto a la vida, pero a la vida compartida. La vida como tal es solo el recurso que sustenta ese espacio donde las expresiones vitales encuentran sentido en la convivencia. Podemos perder la vida, pero lo que realmente le dio sentido permanecerá en el recuerdo de los otros, y lo que es todavía más importante, habrá justificado siempre esa angustia existencial precisamente por ofrecernos la posibilidad de sentir más allá de lo puramente material.

Dicho esto, renunciar al mayor tesoro que tenemos, renunciar a los gestos compartidos que realmente llenan y provocan lo contrario a la angustia, es decir, la felicidad, es una arrogancia estúpida y carente de todo sentido. Lo sencillo de la vida en compañía, las pequeñas cosas, pero inconmensurables, tendrán siempre más valor, verdad y realidad que cualquier aspecto que, aunque pomposo o contable, solo será eso, un algo carente de significación relevante. Una sola caricia tiene infinitamente más sentido en una vida que la mayor fortuna. El canto a la vida es éxito si conecta con otras vidas. Si conectas solo con otras cosas o lo sobrepones como el máximo logro, cortocircuitas la felicidad, el sentido y la oportunidad de vivir de verdad. Existe la vida material y la vida compartida. La primera es necesaria, la segunda le da sentido y significación. Sin la primera la segunda nunca existiría, pero sin la segunda la primera sería solo un llanto sordo y de nulo valor, y esa sería o es, entonces, la verdadera angustia.


sábado, 18 de julio de 2020

Todos mediocres

La mediocridad se ha instalado en España desde hace muchos años. Hoy se habla de la mediocridad de los políticos, tema de moda, pero hay que recordar que estos nos son alienígenas, sino que son solo el resultado natural de la sociedad que les rodea.

Las sociedades no son el reflejo de sus políticos, al contrario, estos representan la imagen más fiel de la sociedad a la que representan.

Si hoy podemos visitar otros países y envidiar muchos de sus logros, que nadie se engañe: estamos viendo el fruto de algo mucho más profundo, trabajado durante años y que no depende de ningún personaje de turno. Estamos hablando de la cultura que han sido capaces de tejer y que ahora es su mejor aliada y su representación ante el mundo, además, y más importante, realidad que viven día a día y disfrutan.

 

Ante esta situación solo cabe apostar por la cultura, y cuando digo cultura me refiero a una manera de entender esto que llamamos ciudadanía como un todo que solo puede funcionar entendido como tal. Un pueblo solo puede prosperar cuando en su conjunto es exigente consigo mismo, al margen o más allá de particularismos e intereses individualistas y deshonestos. El bien común es el bien de todos.

Y dicho esto, y sabiendo que esta es una tarea que requiere tiempo y predisposición que no hay, ¿qué solución nos queda ahora? Solo se me ocurren dos recetas.

La primera, para nuestra suerte, no depende de nosotros, sino de eso que se llama Europa y aunque solo sea por su interés económico o por no desestabilizar más de lo soportable su situación, necesita que España se acomode a la razón. En el momento que escribo estas líneas, los países del norte de Europa están poniendo condiciones a la entrega de dinero para paliar las consecuencias de la Covid en el sur. Aquí recibimos esas condiciones como exigencias improcedentes, cuando todo lo contrario, y que nadie se engañe, es la respuesta natural a la situación que vive España hoy. ¿Acaso alguno de ustedes entrega dinero a cambio de nada y a sabiendas de que será mal empleado y no solucionará el problema que intenta mitigar? Cómo veis, curiosamente son nuestro principal aliado para empezar a hacer las cosas bien. Y el pueblo, el nuestro, mediocre, en su mayoría ni esto entiende.

La segunda receta si que se dirige ahora directamente contra la clase dirigente, contra nuestros políticos. Para empezar, deberíamos exigir una purga inmediata de todos aquellos que además de ser muy caros, no hacen absolutamente nada. Son mil y una las administraciones, organismos e instituciones en las que sus cargos de poder representan una larguísima lista de parásitos tóxicos que no solo roban, sino que además gestionan pésimamente, lo cual todavía hace más cara y penosa su existencia para la sociedad. Luego están los políticos que nos rodean hoy, por supuesto de una mediocridad total y contrastada, vamos, que nos es motivo de discusión, y que deberían ser retirados de sus cargos por imperativo categórico.

Pero claro, para acometer semejante acción precisamente necesitaríamos un pueblo, una sociedad que no se dejara embaucar y fuese capaz de reventar, desde un talante crítico y reflexivo, una situación caótica además de bochornosa. ¿Dónde está ese pueblo? Como tal no existe. Vivimos anclados en la indignación, pero bajo el influjo total de la más absoluta pasividad. Todo el mundo se queja o, mejor dicho, tiene la receta para arreglar todos los problemas, pero solo de palabra. La acción es un ejercicio inexistente hoy día. O para ser más exactos, la acción se circunscribe en solucionar mis problemas, mirar por mi culo, y vuelta a empezar allá donde arrancaron estas cuatro letras: en la mediocridad que se ha instalado en España. Es esto exactamente.

 

 

 

 


viernes, 13 de marzo de 2020

Lecciónes del coronaVirus



Da igual todo lo que se especule a partir de ahora sobre esta pandemia, importa muy poco. Está aquí con todos nosotros y en este momento solo cuenta lavarse las manos y ser conscientes que está precisamente en nuestras manos acabar con ella. En las manos de todos y cada uno de nosotros, con igual e idéntica responsabilidad.

Pero quizás, en momentos de reflexión forzosa como los actuales, deberíamos echar el freno y preguntarnos que podemos sacar de todo esto.
En nuestra ajetreada realidad cotidiana, nos perdemos entre la muchedumbre y nos dejamos arrastrar por esa marea que día a día, a golpe de pito, configura nuestra vida ajena a problemas y cuestiones fundamentales. Simplemente, parecen cosa de otros.

Ahora sentimos que todos formamos parte de un mismo problema. Nadie puede mirar hacia otro lado. Nadie está indemne. Esto es cosa de todos.

Pero esto, queridos amigos, es así siempre, no solo ahora. Los grandes problemas de la humanidad nos conciernen de igual manera a todos. O mejor dicho, su solución. Pensar que me incumbe solo aquello que me afecta o puede afectarme es, sin lugar a duda, la peor cara de una humanidad que podrá ser cualquier cosa, menos humana. Si las soluciones dependen de todos, como ahora, a todos nos corresponde responsabilizarnos.

Si salimos de esta trance epidémico, como así será, lo habremos logrado por la sencilla razón de haber remado todos en la misma dirección, forzados o no, pero siguiendo todos un mismo rumbo.

Esto debería servirnos para entender y asimilar, sin ningún temor a equivocarnos, que muchos de los grandes problemas de nuestros tiempos tienen una solución real si todos nos concienciamos de los mismos y nos ponemos manos a la obra en la búsqueda de su solución. 

El hambre en el mundo olvidado o el problema ecológico, por citar algunos, desaparecerán de nuestras vidas solo si nos concienciamos de que no es cosa de otros, sino responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. ¿Hará falta que todos pasemos hambre para intentar buscar soluciones? Ese, queridos amigos, sería un escenario muy dramático y terriblemente más complejo de erradicar que la terrible situación real que se da hoy al respecto en ese mundo condenado a padecerla. Y a padecerla ante la mirada ciega del resto.

Aprovechemos para reflexionar ahora que la situación nos invita a ello. Aprovechemos luego para hacer eso que parece cosa sólo...de otros.

viernes, 3 de enero de 2020

CC y BNG, estamos en sus manos


Todavía este desbarajuste de consecuencias kafkianas al que se enfrenta España tiene la oportunidad de superarse. Y está en manos de dos fuerzas políticas con un escaño cada una de ellas, CC y BNG. Si éstas votan el contra del PSOE, el sueño del señor Sánchez se irá al traste.

Seguramente a los canarios y a los gallegos les faltará el coraje para mandar a paseo una locura de gobierno que solo pone a España a la altura del betún ante el mundo entero.

Han fallado casi todos y es difícil pensar que ahora dos fuerzas con solo dos escaños serán capaces de enmendar este colosal desastre. Es momentos como estos necesitaríamos más que nunca verdaderos políticos. Pero no, simplemente leerán canarios y gallegos la situación desde la mirada a sí mismos y por sí mismos; mirada torpe y deleznable de un país inculto y grotesco. Seguramente votarán a favor de Pedro Sánchez arguyendo que su situación dentro del panorama general  mejorará. Nada más bochornoso y desleal para un político que forma parte de un Estado que se apuntalará, gracias a su voto, bajo la sombra de la desintegración social y moral del mismo. Dudo mucho que aparezcan a estas alturas estadistas que se dediquen a la labor pública.

Estamos en un momento histórico de consecuencias todavía incalculables. Despierten de una vez y afronten su responsabilidad. España se merece mucho más. España es mucho más que un juguete que se pueda hacer añicos en manos de mentirosos y supremacistas insolidarios.

La política hoy se ha convertido en la perversión de sí misma, en su lado más oscuro y tenebroso. Se mueve de manera inconsciente por arenas movedizas y ha conseguido romper los propios cimientos del sistema en beneficio, únicamente, de aquellos que así lo desean por interés propio y despiadado.

La historia se repite una y otra vez. Volvemos a revivir momentos tristes de nuestra historia sin ser capaces de aprender nada de tiempos pasados. Las aberraciones, una detrás de otra, se han hecho dueñas del sentir general. La palabra democracia ha sido denostada hasta límites insospechados y, sin duda, esto tendrá consecuencias desastrosas. Cuando las fuerzas de izquierda de un país se vuelven más autoritarias que la más derecha de las derechas, la debacle social está servida. Como ve, Sr. Unamuno, seguimos igual.





jueves, 14 de noviembre de 2019

Para los problemas de Estado, soluciones de Estado.




A nadie se le escapa que la situación en España afronta uno de sus momentos más complicados desde que se estableció la democracia.

Son dos las cuestiones que se deben afrontar con determinación si no queremos vernos abocados a una deriva de consecuencias altamente preocupantes. Nos estamos jugando todos lo mejor que tenemos; nuestra convivencia y subsistencia en un estado de derecho democrático.

Por una parte tenemos el gravísimo problema de la cuestión territorial y, por otra, la ascensión de planteamientos políticos extremos, tanto por la derecha como por la izquierda.

En un mundo cada vez más globalizado y en el que los planteamientos políticos bipolares han desaparecido y, además, nos movemos dentro unos mecanismos perfectamente conocidos por todos, cualquier postura que se postule como la mejor, única e irrenunciable al margen del resto, carece de toda lógica y solo contribuye a empeorar cualquier situación. Dentro de este panorama general, España se encuentra hoy especialmente expuesta.


Tras las elecciones del 10N la configuración del nuevo gobierno debería pasar por opciones hasta ahora inexploradas, carentes seguramente de sentido y necesidad si no estuviéramos en la situación que estamos.

Es necesario un pacto de Estado entre aquellas posturas, que aunque no compartan ideología, su posicionamiento sea menos extremado y sean por ello capaces de reconducir la situación en las que nos encontramos hoy.

El PSOE, el PP y C’S deberían conforman gobierno con una mayoría solvente, al margen ahora de derechas e izquierdas, y abrir todos los cauces posibles para dialogar con posiciones más extremas con el fin único de solucionar problemas que, de diferente manera, se irán enquistando cada día más.

Es un pacto de Estado, inexplorado, que basa su fuerza en dejar al margen las posiciones extremas que solo contribuyen en estos momentos a intoxicar la convivencia y a cerrar cualquier posibilidad de dialogo. Asimismo, esta alianza representaría a la mayoría de nuestra ciudadanía.


Para ello hay que tener conciencia de estadista, más allá de planteamientos sesgados por la propia ideología, que en determinadas situaciones deben ser superadas con el fin de establecer bases de razonabilidad absolutamente necesarias que hoy, lamentablemente, hemos conseguido erradicar.

Los planteamientos de Vox o los de Unidas Podemos y determinadas fuerzas nacionalistas y soberanistas, son de una naturaleza demasiado excluyente y, por ello, contribuyen únicamente a radicalizar posturas enfrentadas y alejadas absolutamente del más mínimo acuerdo.

Solo la moderación de los discursos y un dialogo templado, capitaneado por un gobierno de corte no radical, -y, repito, importa hoy poco que sea de derechas o de izquierdas- conseguirá reconducir la situación y encontrar un espacio de verdadera política, totalmente necesario si pretendemos superar nuestra delicadísima realidad actual.