Esto nada más puede responder al sentido común que se pierde cuando no es necesario compartirlo, y por lo tanto deja de ser común. Para ellos, los que están en las alturas al margen de lo que debe ser real, lo único cierto y verdadero es la manera en la que pueden mantenerse en su estatus, aunque sea amenazada su condición y vean sobre el tapete su ley (y su casta) marchita, confusa y trasnochada. Los marabarismos que llevan a cabo pueden llegar a ser insospechados, de verdaderos acróbatas circenses, pero que a estas alturas nos hace poca gracia y menos ilusión.
jueves, 9 de octubre de 2014
Adiós al rey
Estoy absolutamente sorprendido de las primeras repercusiones que tuvo la abdicación del Rey en la voz más pública del pueblo. Resulta que el ciudadano contempla sin mayor problema la posibilidad de plantearnos si queremos o no Rey, mientras que las instituciones gobernantes se apresuran a zanjar el tema por la vía más rápida posible, casi relámpago, con la intención de que el debate no vaya a mayores. ¿Y estos señores gobernantes son nuestros representantes de la democracia? Pandilla de aposentados, que como bien señala Pablo Iglesias, configuran la casta que no admite réplica a sus cánones que intentan amparar en la ley, una ley poco menos que sagrada para ellos al tiempo que injusta para la más básica democracia.
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