viernes, 3 de octubre de 2014

Saber envejecer?

domingo, 21 de julio de 2013

Nuestra sociedad es la más envejecida jamás conocida, quiero decir, la que más personas de longeva edad atesora en sus estadísticas. Desde este irrefutable dato no dejan de aconsejarnos que centremos nuestra mirada hacía un colectivo en continuo crecimiento, del que si el tiempo nos lo concede terminaremos formando parte.
Pues bien, como era de esperar son mil y una las terapias encaminadas a enseñar a envejecer a este colectivo cada vez más abundante de manera satisfactoria. Si no gusta la palabra terapia se puede sustituir por cualquier otra, lo mismo da para el caso. La cuestión es saber envejecer, eso sí. Básicamente se tiene, nos dicen, que saber prestar atención al cuerpo y a la mente; de hecho hay poco más. Cuando la mente o el cuerpo en edad longeva no nos acompañen satisfactoriamente la cuestión se vuelve más peliaguda, pero si no es así debemos, nos recuerdan, mantener en forma nuestro cuerpo: dieta, ejercicio...y nuestra mente: tanto a nivel emocional como intelectual. Para ello se construye todo un arsenal de terapias, o como se le quiera llamar, que recompongan una vejez, por decirlo de alguna manera marchita en una vejez digna, por decirlo de otra.
Y está bien, no digo que no, pero si digo también que la cuestión se plantea desde un horizonte mermado, acotado. Me recuerda, y supongo que tendrá bastante  que ver, con la importancia de la educación hasta que una persona se considera adulta. A partir de aquí, el camino ya me lo conozco. Es como si alguien estuviese lo suficientemente educado en algún momento como para poder prescindir de ésta. Ni Aquiles se atrevió a ser tan temerario, que descuidando menos murió como el que más. Pero esto da para mucho y no quiero desviarme así que voy a lo que iba.
Cuando digo horizonte mermado quiero decir que se tiene que plantear la cuestión desde la presunción de que envejecemos desde el momento en que nacemos. Si desde un buen principio adquirimos, día a día, todo un arsenal de buenas maneras para vivir, seguramente la cuestión de la vejez se nos presentará con mejor cara y no tan ansiosa de terapias que la dignifiquen. Cuando esta labor no se trabaja, por supuesto necesitamos cuantas más ayudas mejor. Pero es un mal síntoma. Y ahí está.
El planteamiento que propongo es que cuantas más necesite una sociedad más debe repensarse en cuanto al camino recorrido. Quizás alguien mucho más conocedor que yo en este tema me podrá indicar como van las cosas al respecto, lo cual agradeceré enormemente,  pero intuyo que la nuestra es una sociedad que reclama demasiadas ayudas. Me da que pensar. Pero sobre todo, lamento que estudiosos de la cuestión hagan planteamientos de cortas miras, ciertamente paliativos y necesarios, pero que no sean capaces de entender la vejez como parte de un proceso que no puede, ni debe, desmembrarse de la vida que le antecede si lo que se busca es, como es lógico, mejora en su recorrido.
De igual manera, mirar la vejez para comprender mejor como debemos plantear la educación (entendida como algo mucho más importante que datos y por lo tanto atemporal) me parece un asunto de capital importancia. Y por educación entiendo todo lo que tiene que ver con el desarrollo de un ser humano en cuanto tal, insistiendo en que la humanidad tiene mucho (o todo) que ver con lo que representa un ciudadano, es decir, el que convive cívicamente, que no es poco, visto lo que veo.
Todo esto me precipita a pensar que vivimos en una sociedad demasiado ignorante en lo que a civismo se refiere, pero creo que aquí se abre, de nuevo, otra brecha para otra parrafada...y acaso alguna parrafada camina sola? Creo que no.

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