lunes, 27 de octubre de 2014

Podemos...

Me llama especialmente la atención desde hace ya bastantes días la opinión que, día a día, va generando el grupo Podemos en la población española. Hay un rasgo que se repite cada vez más en los discursos, tanto de detractores como incluso de los menos alejados del discurso de Podemos, y este es la ilusión política de unos soñadores que no terminan de tocar con los pies a tierra. 
Mantienen una postura demasiado idealizada de una realidad mucho más cruel y compleja, enrevesada y dependiente de cuestiones que, según los más fieros detractores de Podemos, no tienen ni idea de su alcance. Según estos condenarían irremediablemente a las españas a su más triste versión, más cercana a democracias del otro lado del Atlántico que a las más prósperas de la vieja Europa.
Todo puede ser cierto, o no, pero lo que a mí personalmente más me interesa es una cuestión que se me antoja irrefutable. Si se admite la premisa que más daño puede hacer a Podemos, ese no terminar de ver clara su propuesta por poco cercana a la realidad que nos envuelve, hay una cuestión que la historia nos enseña muy claramente al respecto: a lo largo de los años, solamente los que han apuntado hacia posibles posiciones ideales, o dicho de otro modo, poco acordes con lo normal por normalizado, han terminado finalmente transformando la realidad. 
Las transformaciones necesitan arrojo, miradas más allá de lo visto por los que no quieren ser transformados. Al respecto es curioso como todos los grupos políticos, sea cual sea su color, empatizan unos con otros a la hora de señalar al enemigo de todos ellos...curioso y sospechoso; pero lo que parece claro es que este país necesita a muchos niveles profundas transformaciones. Seguro que Podemos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario