Las matemáticas se convierten casi siempre en la asignatura
"hueso" de los planes de estudio para tormento de la mayoría de los
estudiantes, pero no quería hablar ahora de matemáticas, sino de lo que supone
a veces medir, contar, y lo mucho que creo que esto nos puede ayudar. Nos puede
ayudar a saber controlar mejor nuestras finanzas, al desarrollo de cualquier
actividad laboral y a potenciar, sin duda, nuestra capacidad lógica en nuestro
discurso. Pero también, y no menos importante, nos puede ayudar a ser menos
dogmáticos, entendiendo esto como un modo de proceder que no necesite mucha
reflexión por ser ya válido en sí mismo.
Los casos de ébola que se están
manifestando estos días por el mundo, descontada África, aun siendo insignificantes
(en número) comparados con los de allí, están movilizando infinitos más
recursos (proporcionalmente) que los del continente cuna de la humanidad.
Ante un problema de esta magnitud
seguramente siempre sean pocos los recursos que se pongan en juego, pero lo que
no es menos cierto es que estos recursos deben responder sólo a principios
racionales y razonables, no a intereses políticos del momento por salvar la
imagen -y menuda imagen-.
Casos como el referido hay a cientos, se
podrían poner mil ejemplos en los que la conducta del ser humano es cualquier
cosa menos racional. Nos movemos por bandadas arrastrados por modas de
comportamiento que anulan en demasiadas ocasiones la voz del pensamiento más
pueril: un niño exclamaría, utilizando una lógica de dos más dos cuatro, esto
no lo entiendo. Yo tampoco.
Dicen que el hombre se diferencia del
resto de los seres vivos, funcionalmente, por su capacidad de hacer la pinza
con el magnífico pulgar. Disiento. El ser humano se diferencia del cualquier
ser vivo por su fastuoso uso del cuello para mirar hacia otro lado. Lamentable
legado biológico.
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