sábado, 11 de octubre de 2014

Quizás si fuéramos más matemáticos...

Las matemáticas se convierten casi siempre en la asignatura "hueso" de los planes de estudio para tormento de la mayoría de los estudiantes, pero no quería hablar ahora de matemáticas, sino de lo que supone a veces medir, contar, y lo mucho que creo que esto nos puede ayudar. Nos puede ayudar a saber controlar mejor nuestras finanzas, al desarrollo de cualquier actividad laboral y a potenciar, sin duda, nuestra capacidad lógica en nuestro discurso. Pero también, y no menos importante, nos puede ayudar a ser menos dogmáticos, entendiendo esto como un modo de proceder que no necesite mucha reflexión por ser ya válido en sí mismo.

Los casos de ébola que se están manifestando estos días por el mundo, descontada África, aun siendo insignificantes (en número) comparados con los de allí, están movilizando infinitos más recursos (proporcionalmente) que los del continente cuna de la humanidad.
Ante un problema de esta magnitud seguramente siempre sean pocos los recursos que se pongan en juego, pero lo que no es menos cierto es que estos recursos deben responder sólo a principios racionales y razonables, no a intereses políticos del momento por salvar la imagen    -y menuda imagen-.

Casos como el referido hay a cientos, se podrían poner mil ejemplos en los que la conducta del ser humano es cualquier cosa menos racional. Nos movemos por bandadas arrastrados por modas de comportamiento que anulan en demasiadas ocasiones la voz del pensamiento más pueril: un niño exclamaría, utilizando una lógica de dos más dos cuatro, esto no lo entiendo. Yo tampoco. 

Dicen que el hombre se diferencia del resto de los seres vivos, funcionalmente, por su capacidad de hacer la pinza con el magnífico pulgar. Disiento. El ser humano se diferencia del cualquier ser vivo por su fastuoso uso del cuello para mirar hacia otro lado. Lamentable legado biológico.


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