jueves, 25 de enero de 2018

Dónde están los políticos...

“Son pocos los hombres verdaderamente dotados para ejercer el gobierno de un pueblo...” nos decía Platón hace ya muchos años.

Estaba hablando de una cuestión de máximos. No seré tan exigente hoy y lo plantearé desde una perspectiva de mínimos a ver como salen retratados de esta rápida imagen los gobernantes de nuestro Estado.




Para empezar, si ponemos en sus manos algo tan fundamental como es gobernar, que menos que exigir transparencia en su labor, tanto interna como externamente... El máximo dirigente debe tener muy claro todo lo que ocurre en su gobierno. La cadena de mando no debe nunca eximirle de la responsabilidad última ya que debe conocer perfectamente su administración y responder en todo momento por ella.





Esto es así por lo que supone adquirir un compromiso social que siempre irá más allá de la persona. Si se antepone el gobernante a sus gobernados en cualquier ámbito de su labor deberá dimitir inexcusablemente. De no ser así, será cesado a través de los mecanismos oportunos para tal efecto. Si esto no se cumple, el sistema en su totalidad será expresamente corrupto y desleal.


 
Precisamente ser fiel al compromiso social pone de manifiesto la irremplazable consistencia que todo dirigente debe ostentar. Se deben cumplir los compromisos adquiridos de una manera muy notable a fin de conservar lo más intacta posible la credibilidad, entendida ésta como aquella cualidad primordial indispensable de todo aquel que se dedica a decidir sobre otros y para otros.

Como sabemos que la perfección no existe, la autocrítica debe formar parte del ideario de nuestros mandatarios. Reconocer los errores es el único y mejor camino para resolverlos y la mayor vacuna contra los egos incontrolados.
Solo entonces aparecerá la ineludible honestidad entendida como la decencia inexcusable y necesaria que les permita afrontar las dificultades sin ser rehenes de sí mismos o bajo la excusa de delegar las responsabilidades en otros.






Y bien, solo con lo dicho vemos como nuestros dirigentes hoy son poco o nada transparentes. Está ausente de sus idearios el compromiso social y son cada día más inconsistentes careciendo de la más mínima credibilidad. Por supuesto la autocrítica es una palabra borrada de sus diccionarios de cabecera y se comportan, un día sí y otro también, de manera deshonesta viviendo al margen de las verdaderas dificultades de la ciudadanía.

¿Y alguien dimite? ¿Y a alguien se le cesa? ¿Está exentos nuestros Presidentes de lo aquí señalado? No, no y no. Juzguen ustedes.




miércoles, 24 de enero de 2018

Soluciones para el problema del encaje catalán.

Reconozcámoslo todos, España no tiene políticos a la altura de los acontecimientos de los últimos años. Esto es así, una obviedad manifiesta. No vivimos una situación de normalidad democrática y requiere de esos grandes estadísticas que hoy aquí no existen.
Y no pasa nada. El problema viene cuando ante esta situación la población, en su conjunto, no aporta lo que les falta o, cuando lo hace, contribuyen negativamente.

Y entre otras muchas cualidades es una sensibilidad especial una de las habilidades que denotan a esas personas que han sabido a lo largo de la historia enfrentarse a situaciones complejas como las que ahora vivimos.
Ante esto y lo repetiré hasta cansarme o hasta que salten las teclas de mi teclado, es la representación más cultivada de la sociedad la que tiene la obligación, el deber moral, de despertar esa sensibilidad de la que carecen nuestros dirigentes políticos.

Desgraciadamente, lo que ocurre cada día es una intromisión, a veces inocente y otras no tanto, pero muy dañinas de todos aquellos que, gratuitamente o no, aportan su verdad con un grado de reflexión casi inexistente o con una certeza que asombra por su ingenuidad o descarada falsedad. La opinión, legítima y necesaria en toda democracia, se convierte en arma arrojadiza al constituirse como estandarte inflexible de posturas ajenas a realidad alguna.
Dicho esto, los intelectuales deben tomar la palabra con mucha mayor fuerza por el bien de una sociedad que está siendo pasto de vacíos insondables.
Se necesita elevar a un grado más el discurso si se pretende superar dignamente la situación en la que estamos inmersos.
Desde aquí vuelvo a hacer un reclamo, una llamada urgente que ya no admite demora, a todos los que son capaces de articular discursos más allá de la inmediatez del momento y ajenos a intereses políticos que aportan muy poco y terminan complicando aún más la situación. Y a ver, si con suerte y con ayuda de la divina providenencia, consiguen despertar las sensibilidades dormidas de nuestros dirigentes.



martes, 23 de enero de 2018

Cultura ante el secesionismo catalán: aprender a convivir



Después de ver cómo una ciudadana danesa le decía a Carles Puigdemont obviedades incontestables y gran parte del pueblo catalán seguía aplaudiendo todavía con más fuerza al expresidente de Catalunya, haciendo oídos sordos a reclamos que van mucho más allá de siglas e intereses de partidos, me parece que la situación que se vive hoy en España requiere algo más por parte de algunos sectores, y me refiero concretamente al mundo de la cultura.


Nuestros políticos, -por cuestiones en las que no me voy a extender ahora-, sabemos todos que no serán capaces por sí solos de resolver el conflicto. Los grandes intelectuales deben implicarse muchísimo más vista la baja categoría, en todos los aspectos, de nuestros dirigentes.
No basta con un manifiesto firmado o con una concentración puntual donde se aborden las cuestiones de fondo del gran problema que afronta España. Únicamente desde una apuesta decidida por la convivencia democrática respaldada y abanderada por nuestros intelectuales  seremos capaces de resolver el conflicto. 



Es absolutamente necesaria una puesta en escena conjunta, contundente y lo más importante, continuada, de todos aquellos que tanto pueden y deben decir al respecto. Los representantes de nuestra cultura no pueden permanecer un segundo más ajenos o comprometidos a ratos con la situación que vivimos. Se debe hablar de la cuestión más allá de la política o la judicatura. Se deben dirigir al pueblo catalán y español con argumentos como los oídos en Copenhague y hacer pedagogía. 

Es absolutamente necesario escapar de la confrontación política sobre la que se articulan y cimientan todos los argumentos secesionistas. Lo vimos en Dinamarca: ante la falta de respuestas el expresidente volvió a camuflarse bajo el paraguas del horror político autoritario del gobierno español. Una vez más la coartada utilizada por el independentismo, la de la supuesta sombra de Franco que azota España, afloró ante la falta de explicaciones consistentes.


A través de una plataforma, asociación o como quiera llamarse o concretarse, los intelectuales deben aportar algo más que presencia puntual si queremos resolver el problema más grave que afronta nuestra joven democracia.

Deben buscar también estos el apoyo internacional del mundo de la cultura y articular un abecedario sobre las cuestiones básicas y fundamentales que la actitud del secesionismo catalán empobrece y deteriora, más allá de la confrontación política interesada y desleal sobre la que éste se ampara.

Desde aquí hago un reclamo tanto al ciudadano como a los intelectuales. Es urgente que los primeros contribuyan a promover y provocar la acción de los segundos, a los que una vez más les invito encarecidamente a aportar su imprescindible presencia y acción en la sociedad hoy. Y no se trata de hacerlo desde un lenguaje o posicionamiento amparado en lo estrictamente gubernamental, sino con las armas que las razones pueden esgrimir sobradamente sin necesidad de ser subsidiarias de sigla alguna o ideal político.

Si eres un ciudadano más como yo, comparte, o corta y pega allá donde creas conveniente este reclamo, esta llamada a la incitación activa y continuada de nuestro mayor logro social: nuestra cultura a través de sus representantes.  No podemos quedarnos de brazos cruzados, actúa.

Allá donde la política no llega, pues carecemos de verdaderos estadistas, siempre nos quedará la cultura.


Cultura por y para la democracia





viernes, 19 de enero de 2018

Otra vez Puigdemont

Ahora parece que el problema es saber si Puigdemont podrá o no gobernar desde la distancia, si podrá o no hacerlo con los medios del siglo XXI...y otra vez más volvemos a hacer el ridículo.

El único problema, el real, es si contemplamos como posible que un señor prófugo y perseguido por la justicia del Estado español pueda llegar a ser Presidente de una comunidad autónoma de España. Y ahí, en el mero hecho de contemplarlo, es donde una vez más se pone de manifiesto la ridícula política de nuestros políticos y la insensatez de un pueblo perdido, sin principios y víctima de sí mismo.

jueves, 18 de enero de 2018

Algo sobre The Greatest Showman

(no hay spoilers)

Si pudiésemos preguntarle a Alice Guy o a Georges Méliès que les parece The Greatest Showman a buen seguro su respuesta habría sido más que satisfactoria. Ambos fueron los primeros en el noble arte de contar historias a través del celuloide. Y eso es en mayúsculas la última entrega de Jackman: un clamoroso y entregado regalo para los que amamos la butaca.


Recorre cada centímetro de la cinta ese aire entre lo real y lo irreal, entre lo verdadero y la mágica ficción que determinan con su sello especial esas obras que van más allá de lo simplemente narrativo. Y todo esto sin hacernos caer en el engaño de lo superficial o frívolo y manteniendo en todo momento un ritmo excelente que da pie a una tensión emocional impecable.


Voy a permitirme extrapolar el realismo mágico que magistralmente recorre la obra de García Márquez y que aparece igualmente de forma genial en la espléndida cinta con la que nos obsequia un entregado e inspirado Jackman. Simplemente le doy las gracias por robarnos de una manera tan agradable y honesta dos horas de nuestro tiempo.


No perdáis un segundo más leyendo esta o cuantas otras críticas  y solo resta decir, ...pasen y vean el más grande espectáculo del mundo.


miércoles, 17 de enero de 2018

¿Dónde está mi felicidad?

El Parlament vuelve a las andadas

Una cosa está muy clara: si Catalunya en Comú hubiese querido, la presidencia del Parlament no estaría en manos del bloque independentista. 

Y otra cosa también: en la anterior legislatura la presidencia independentista de la mesa llevó al Parlament a su más triste y oscura versión desde que se constituyó en la actual democracia.



Ante esta incuestionable realidad, no sé muy bien que pasa por la cabeza de determinados dirigentes políticos. No alcanzo tampoco a vislumbrar que se debe llegar a hacer para que se les ponga en cuarentena (legal, legitima y con argumentos y acciones estrictamente políticos) a aquellos que osan destruir lo que ni tan solo contribuyeron a dar forma.


Y todo esto con el beneplácito del señor Domenech y la aquiescencia del señor Iceta, que parecen confundir democracia, verdadera democracia, con tolerancia indebida e injustificada. Les recuerdo a ambos que si alguien se merecía el beneficio de la duda, desde luego no era un representante del bloque independentista, visto lo visto y vivido lo vivido. Una vez más faltó valor y política con mayúsculas.


Solo espero equivocarme y tragarme las palabras que aquí escribo. Quizás nos sorprenda gratamente el nuevo presidente del Parlament. Ojalá. Pero desde luego, ese beneficio a la duda no habría estado dentro de mis planes y se me antoja poco menos que caprichoso, cobarde y desleal. Veremos.


 

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Cuando el enemigo lo tenemos dentro

¿Pero qué pasa con mi tiempo?

¿De verdad te crees que es verdad?

martes, 16 de enero de 2018

El verdadero problema de los problemas


Propuesta educativa basada en la ignorancia como base del aprendizaje (síntesis)


La motivación es una de las bases fundamentales en todo proceso de aprendizaje. No solo provoca un estado interno característico que nos impulsa a realizar una determinada acción, sino que además nos ayuda a persistir en ella hasta su culminación. Esto el importante si entendemos el aprendizaje como un proceso más allá del logro puntual y que solo será satisfactorio así con un necesario esfuerzo continuo y determinado.
Por ello debemos prestar una marcada atención tanto a los aspectos que nos puedan ayudar a conseguir la motivación de nuestros alumnos, como a aquellas circunstancias que del mismo modo la desfavorezcan con el fin de evitarlas.

Por supuesto no existe una receta mágica que nos permita motivar a los estudiantes; más bien se trata de encontrar las herramientas que como docente atesoramos con el fin de evitar que se produzcan determinadas situaciones en el aula. Para ello debemos en primer lugar evitar desmotivar a nuestros estudiantes y favorecer, en la mayor medida posible, el escenario para que puedan desarrollar todo su potencial y no perderse entre currículums y programas ajenos a sus intereses y necesidades.



El vacío desmotivacional: el enemigo número uno.


Existe un espacio en el aprendizaje al que el docente debe prestar especial atención. Es la distancia que hay entre lo que los alumnos saben y lo que deben aprender. Lo ideal sería que fuese mínimo o inexistente para que se diese un verdadero aprendizaje significativo (Ausbel), aunque esto como veremos resultaría del todo insuficiente. Además, la realidad dista mucho de ser así. Precisamente la desmotivación del alumnado nace de este lugar inhóspito, que existe sin lugar a dudas y que llamaré a partir de ahora vació desmotivacional (VD).


El tamaño del VD está íntimamente ligado con el fracaso escolar. Así, la tarea del profesorado es lograr que este espacio no exista o sea lo más anecdótico posiblePero no solo eso, como veremos


El vacío desmotivacional (VD) nace de la desconexión en todo proceso de aprendizaje entre lo que se sabe y los nuevos conocimientos a los que nos enfrentamos. Esto provoca en el estudiante una profunda inquietud, ansia, desazón que desemboca en una creciente desmotivación, preámbulo inequívoco del temido fracaso escolar, dentro como veremos de un círculo vicioso difícil de superar.


Sabemos que es una cualidad estrictamente humana conocer cuáles son las carencias de otras personas. Otras especies pueden intuir lo que los otros seres de su grupo saben, pero ni por asomo lo que ignoran, y menos aún sus falsas creencias.


Esto nos empieza a dar una pista del punto de partida del docente: no debe partir únicamente de lo que sus alumnos saben, sino también y especialmente de lo que ignoran. Y cuando digo de lo que ignoran es para poner de manifiesto la importancia que ello tiene no como simple constatación, sino como apoyo inexcusable en todo proceso de aprendizaje. Su desconocimiento debe convertirse precisamente en la base sobre la que se asienten sus nuevas adquisiciones en el sentido de provocarlas, de desearlas por el vacío que precisamente provocan. De nada sirve ofrecer nuevos saberes si estos no nacen de una necesidad o curiosidad a priori. No basta con enlazarlos con los que ya se tienen. Sería algo así como andar sin ir a ninguna parte: todos podemos recorrer grandes distancias, un paso tras otro sin tropezarnos, pero lo que realmente provoca que lo hagamos es una meta determinada, un llegar con un sentido que provocamos antes de comenzar. De ahí que muchos docentes se sientan incapaces de encontrar ese correlato basado en las ideas del aprendizaje significativo que capte, que consiga llegar a los intereses de un público que por formas de entender la enseñanza en nuestras aulas está en muchas ocasiones ausente o perdido. Aparece así una nueva dimensión, un nuevo y sugerente punto de vista a la hora de enfrentarnos al VD.



Ignorancia como base del conocimiento revelador


Erróneamente se piensa que el interés sobre un determinado tema nace de la necesaria vinculación entre lo que el niño sabe previamente y los nuevos contenidos que le son presentados. En este esquema se baraja por una parte lo que el alumno sabe, y por otra los nuevos conocimientos que debe atesorar. Pero estos nuevos saberes poco o nulo interés tienen a prior para nuestros alumnos y alumnas; al contrario, son percibidos la mayoría de las veces como una imposición poco agradable o deseable. Lo que realmente provoca interés, curiosidad, motivación en el alumno nace de lo que ignora que no necesariamente se corresponde con esos nuevos conocimientos que le son “inyectados” sin el necesario y previo interés por asumirlos. Debemos centrarnos primero, y sabiendo lo que el alumno conoce, en las inquietudes que provoca ese conocimiento que ya tiene, que más allá de ser certeras o erróneas, o más allá incluso de tener correlación con los nuevos conocimientos que se les desea transmitir, provocan el interés, la curiosidad necesaria e insustituible para fundamentar verdadero conocimiento.


Indagar en su ignorancia será la garantía primera para superarla


Desecharemos de un plumazo el VD y nos adentraremos en la verdadera forma que da base a la adquisición de lo que llamaré conocimiento revelador.

Como ejemplo, el investigador consigue estar suficientemente motivado precisamente porque parte de su ignorancia para afrontar el reto del descubrimiento, de ese conocimiento revelador (CR) que le llenará de satisfacción. La figura de los alumnos se debe asemejar a la del investigador en su laboratorio que, partiendo de sus conocimientos previos, busca motivado por la curiosidad de lo que desconoce. En nuestras aulas hemos de copiar este esquema básico y exitoso de aprendizaje. Hemos de desechar el esquema basado en el experto que asiste a una conferencia, en nuestro símil sería el alumno, y el conferenciante que ocuparía el lugar de nuestro docente. Aquí el investigador ya viene motivado y con el interés por escuchar sobre un tema concreto que le preocupa y motiva. Los alumnos en sus aulas, generalmente, no vienen de sus casas con ese interés, sino que hemos de ser capaces de provocar esa curiosidad atendiendo a ese espacio valioso de su ignorancia que hemos de tratar que llenen (utilizando nuestra habilidades docentes) de conocimientos, pero siempre, y esto es lo más importante, a partir de la motivación que seamos capaces de despertar al indagar con ellos y con el fin de descubrirles sus vacíos de conocimiento. Solo así se despertará la curiosidad y la motivación necesarias.

Imaginemos que en una clase de matemáticas nuestros alumnos ya saben multiplicar. Para ejercitar la multiplicación más allá del puro algoritmo les planteamos problemas en los que necesiten la multiplicación para resolverlos. Una vez asumida la importancia o necesidad de saber multiplicar para conseguir resolver problemas lo más vivenciales posible, podríamos plantearles ejercicios donde fuese ahora la división el algoritmo necesario. Por supuesto, en principio serán incapaces de lograr descifrar el enigma que les planteemos. Los situaremos delante de su ignorancia, incapaces de responder a una cuestión aparentemente igual a las anteriores y que resolvían a través de la multiplicación. Será ahora el momento de hablarles de la división, de su significado, concepto y sí, como trámite, del algoritmo que utilizamos para resolverlas.
Con este sencillo ejemplo pretendo desterrar esa manera de entender la educación en la que los conocimientos aparecen desnudos, ajenos al mínimo interés o necesidad del estudiante (que nace su ignorancia) y que le conducen en demasiadas ocasiones al aburrimiento, al terrible desencanto que padecen en las aulas.


Se presta mucha más atención en el esquema usual de aprendizaje a las necesidades del docente, obviando el sentido y significación del todo el proceso para el estudiante


A los profesores les resulta lógico y natural encadenar los conocimientos según criterios basados en la percepción del que ya los posee, cuando deberían encontrar su fundamento en la mirada del desconocimiento del alumno y centrados en buscar la motivación de los mismos. El conocimiento debe ser revelador si no quiere caer en un vacío desmotivador que se retroalimente a sí mismo.


Julián Coca



¿Sufres una crisis existencial? Aprovéchalo


viernes, 12 de enero de 2018

Intentando encontrar razones

Llevo bastantes meses intentando encontrar razones que me acercan a las posturas de los que defienden el proceso independentista en Catalunya. Por favor, no pasen por alto que he dicho el proceso independentista llevado a cabo hasta la fecha, no el independentismo.

Todas las argumentaciones que encuentro terminan siendo totalmente superadas por otras razones mucho más sólidas y fundamentadas. No me voy a entretener en hacer un listado, pero resulta muy sencillo recorrer la red para darse cuenta en pocas horas de esta incuestionable realidad.


Lo cierto es que los que defienden la secesión unilateral terminan siempre intentando mostrar su fortaleza denigrando al que consideran contrario a sus intereses. Es decir, se ha de respaldar la independencia porque no hacerlo es poco menos que reaccionario o facha. Y yo que creía que el fascismo se basaba en una doctrina política de carácter nacionalista y totalitario, que precisamente me recuerda a los que legitiman su posición intentando mostrar su fortaleza denigrando al que consideran contrario a sus…, (como me fastidia repetirme).
Es también como si la bondad de Dios se legitimase en la maldad del Diablo, no en sus verdaderos y fundamentados principios o razones. Y Dios se justifica por pasión, no por razón. Y si las pasiones son las encargadas de disolver Estados de derecho democráticos, por favor, sustituyan el parlamento por confesionarios; aunque pensándolo bien no sería mala idea, pecados no faltan…

Luego está el famoso dret a decidir. Pero claro, no aclaran donde empieza o donde acaba este derecho. Si todos tenemos derecho a decidir quizás deberían apostar por una forma de gobierno autárquica, es decir, aquella en la que se da una ausencia total de estructura gubernamental de Estado y en la que cada cual decide según su criterio no sometido a pacto alguno, que dicho sea de paso, ya me gustaría a mí si fuésemos los humanos mucho más humanos de lo que somos. Pero la realidad nos ha enseñado que nos falta muchísimo camino por recorrer. Mientras tanto, si el derecho a decidir está por encima de todo los demás, olvídense de República o cualquier otra forma de Estado: todas estarán abocadas a su muerte prematura. Sobre esto un consejo: establezcan una forma de Estado con fecha de caducidad no superior a la de los yogures. Y voy a ser prudente y no señalar eso de que queremos decidir para ser mejores personas, más libres y en un mejor Estado...uhyy, lo he dicho, me cachis.

Sobre temas legales mejor no hablar. Bueno sí, una cosa. Intentar hacer pasar la legalidad por subterfugios legalistas dados a hundir aspiraciones del procés legitimas y acordes a la ley, es...es...bueno no sé bien ni lo que es.

Y una última cosa. Decir que España no es un verdadero Estado de derecho democrático o confundirlo con un gobierno (que recuerdo fue elegido en la urnas, nos guste más o menos) para así enfrentar al Estado con parte del mismo (que no es otra cosa que Catalunya), me parece de una bajeza político, intelectual, moral y racional poco menos que descomunal. Si eres independentista y afín al procés, te ruego vuelvas a leerte las últimas seis líneas.

sábado, 6 de enero de 2018