martes, 27 de marzo de 2018

Y esto es España


España, país al norte de África y al sur de Europa, fue cuna de gloria pasada pero durante este siglo y el XX es y fue azote de mediocridad en estado superlativo. Sin duda es una potencia en el mundo y esto a pesar de encontrarse a merced de una clase dirigente tullida, bochornosa y de una bajeza que asombra hasta hacer enrojecer de vergüenza ajena.

           
Que sería de nosotros si nos quitarán el turismo, la lotería y el saber hacer del talento español. Esto da para una tesis.


Ya Unamuno nos decía poco antes de morir en el 36, -fatídico año por la que se avecinaba y por la que había-, que las Españas, todas malas, se agredían en un sinsentido desconcertante y lo que era peor aún, descorazonador.


Ha llovido desde entonces: una guerra incivil y fratricida, una larga dictadura y una más larga democracia que lamentablemente escogió el camino equivocado y se empecina en seguir haciendo ruin su recorrido entre corrupciones intolerables y lo que es todavía peor por no aprender ni practicar nadie: a reconocer el mea culpa.

Reconocer la culpa no es solo un “lo siento” que dispense, que ni eso hacen por cierto. Sería aun así muy poco y estéril. Es mucho más. Nos vacuna contra el mal  sobre el que reconocemos la culpa y lo que es todavía mejor: nos predispone voluntariamente a enderezar el camino errado.

Pero claro, los españolitos tenemos en el tuétano incrustado esa falta absoluta de reconocimiento de la culpa en carne propia: siempre hay un otro al que señalar inquisitoriamente. Que desgracia la nuestra.


Y ahí vamos. Nuestros dirigentes son consumados y entrenados artífices de semejante mal demoledor de principios y razones. Para colmo se les señala como astutos y la verdad, no sin razón; se conoce al astuto por llevarse el gato al agua y obtener el provecho necesario aunque sea a través de engaños y mentiras. Perfectos sofistas, sin duda.

No volveré a votar en elección alguna (lo cual es para mí un profundo pesar) hasta que vea dimisiones fulminantes, voluntarias o forzadas, en las filas de los partidos políticos que tanto mal están haciendo a España desde hace demasiado tiempo. Es decir, de todos.


Para acabar, querido Unamuno, sigue descansado en paz. Desde que te fuiste poco hemos avanzado. Y que nadie se engañe pensado lo contrario. La riqueza, la auténtica riqueza de un país es algo más, mucho más, que euros y frivolidades.

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