Podemos está entrando como un elefante en una chatarrería y está bien visto lo visto entre los que dicen que nos gobiernan. Vienen dispuestos a sacudir las alfombras de los hemiciclos con el fin de desincrustar los parásitos que anidan en los parlamentos, que no son pocos. Y eso está bien.
Pero hecho de menos la valentía necesaria para señalar no sólo a los que todos quieren ver como señalados.
Estos gobernantes no han salido de la nada, no han venido de un espacio exterior desconocido ni son casta entendida como estirpe, linaje o especia diferente al resto. Quiero decir con esto que nuestras queridas españas también dejan mucho que desear cuando hablamos de ciudadanía en su conjunto.
Sólo si somos capaces de lavarnos las caras y abrir los ojos para vernos unos a otros sin tapujos, seremos capaces de remediar lo remediable.
Reconocimiento primero y educación después son absolutamente necesarios para superar una situación como la nuestra. Cierto es que los representantes políticos tienen mayor responsabilidad por su cargo y poder, pero no es por ello menos cierto que cada uno de nosotros tenemos también nuestro coto de responsabilidad, que no termina siendo poca.
Quizás es pedir demasiado a unos pocos como los de Podemos, pero me aventuro a pensar que como si de la historia de Goliat se tratase, alguien tiene que enfrentarse con este monstruo, que no es pequeño.
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