Primera hora de clase del primer día de clase en la Facultad de Filosofía. El profesor después de saludar nos dice: quiero que sepáis que esto que vais a estudiar aquí no sirve para nada. He de confesar que me costó muchísimo entender lo que decía, pero no por lo que decía sino por como lo decía. Su dicción era nefasta, su movimiento compulsivo y su capacidad para comunicar nula.
Este fue mi primer profesor de Filosofía en la Universidad. Menos mal que me ausente bastante de sus clases. Pero no me gusto ni un pelo.
Pues este es el retrato que se tiene a pie de calle de la filosofía y los filósofos. Alguien perdido en sus ideas, que terminaría confesando que no sirven para nada y que su hablar y divagar se convierte en un verdadero "tostón".
Luego viene cuando alguien te pregunta que estudiaste o se entera, porque claro tu mismo no lo dices: no es como decir soy ingeniero, médico o abogado, y te dicen: ahh, si, ahh, a mi me gustaba la filosofía... Bueno, entonces es cuando una vez más te preguntas porque demonios han tardado tanto tiempo en arrinconar a la filosofía de los planes de estudio. Es como si tuvieras un delicioso helado y te obligasen a comértelo dentro de un horno viendo como, sin poder ser de otra manera, se derrite sin que tengas tiempo de catarlo. Pero el tema de los planes de estudio es otro tema con mucho tema.
Volviendo a la maltrecha visión de la filosofía, de la aureola de inutilidad que la envuelve por demasiados inútiles que la malentienden y malinterpretan, me gustaría empezar por el principio para intentar vislumbra su innegable y cada día más necesaria utilidad.
El filósofo representa ese personaje de nuestro imaginario sabio e inaccesible. Nada más lejos de la realidad. La filosofía, etimológicamente como sabéis "amor filo a la sabiduría sofía" hace recaer sus intereses más en ese amor que en la sabiduría como tal. Quiero decir con esto que su ocupación principal es la búsqueda, el desear, el intentar acercarse sabiendo que nunca llegará a la sabiduría. El filósofo, este sí, sería ese personaje que se pregunta porque quiere saber, que busca porque desconfía, que ama por que le falta. Este ejercicio inagotable por supuesto hace músculo, músculo que capacita para huir de dogmatismos, intolerancias, aberraciones, hábitos paralizantes, engaños del poderoso...Ese ejercicio encaminado a pensar mejor, a crear criterio, a la reflexión compartida -y quisiera hacer aquí un paréntesis para recordar que todos los pensadores de la historia no han hecho otra cosa que mantener un dialogo entre ellos- a buen seguro y sin duda, nos hace mejores personas. Y hoy, precisamente hoy, cuando las voces que más suenan no son precisamente las más trabajadas, las que manejan argumentos más sólidos y riguros, hoy como digo, hace falta la utilidad de la filosofía, que no es poca.
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